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Abusos disfrazados de derechos

Cuando mi hijo mayor estudiaba la primaria, fui gratamente sorprendido por sus maestros de la escuela pública estadounidense a la que asistía, porque me enviaron un manual con dibujos y explicaciones sobre los cambios físicos y psicológicos que experimentaban los niños al entrar a la pubertad. Solicitaban autorización de los padres para presentar el material, además daban la fecha para que los padres pudiéramos hablar con el niño antes y después de la fecha de la clase.


Polémica ley que ataca a los jóvenes


Después de conocer el material, mi esposa y yo autorizamos la participación de nuestro hijo y aprovechamos para tener charlas con él primero, y después con sus hermanos, sobre los distintos temas, abrirnos a sus preguntas y ampliar la información que los inquietara en esa etapa de su vida al inicio de la adolescencia, y que nos ayudó para continuar abordando otros temas a lo largo de sus vidas.

Además de la colaboración explicita entre padres y maestros, quizá lo más importante de ese proceso fue entender los cambios psicológicos y de ánimo asociados a los cambios físicos y hormonales, algunos que los niños podían constatar, ya que nos permitía manejar mejor los cambios de ánimo en su adolescencia y buscar una mejor comprensión mutua que fortaleció nuestra relación entre padres e hijos.

Esta actitud de respeto y colaboración mutua entre maestros y padres de familia ha sido una de las mejores vías para la educación y formación de nuestros hijos. Lamentablemente, esta NO es una práctica común establecida en México, y que permitiría ayudar a resolver muchísimos problemas asociados a la mala y deficiente educación sexual de los jóvenes, que deriva en un sinnúmero de problemas que hoy observamos y que no atinamos a empezar a resolver.

La relación proactiva y armónica entre padres y maestros está en la base de atender y resolver problemas tan graves como la violencia de todo tipo en las escuelas (hoy conocida como bullying), problemas de inmadurez que muchas veces derivan en embarazos de adolescentes, abortos, adicciones, y todo tipo de confusiones y actitudes antisociales, que prefiguran el futuro de las familias y sociedades.

Este mes, los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) aprobaron una Ley de las y los Jóvenes de la Ciudad de México que incluye, entre otros elementos cuestionables, un apartado donde se excluye expresamente a los padres de participar en la información sexual para los menores de edad (de entre 12 y 17 años).

La exclusión legal de los padres en temas tan delicados en una edad de los jóvenes que por algo se denomina adolescencia, deja abierta la promoción de relaciones sexuales desde los 12 años, y el acceso a anticonceptivos abortivos como la píldora del día después, ambos elementos pueden aumentar los problemas de pederastia, trata, pornografía, embarazos de adolescentes, abortos y demás consecuencias asociadas.

Es necesario que los padres de familia y la sociedad organizada hagan que la autoridad corrija; una manera de hacerlo es solicitar al Jefe de Gobierno del DF que vete la ley, para que los diputados puedan corregir esos errores, y que en lugar de excluir, incluyan la participación de los padres de familia como un elemento fundamental para juntos fortalecer a los menores de edad, y al mismo tiempo ayudar a prevenir graves problemas sociales.

No es con división, sino con colaboración entre maestros, padres de familia y autoridades, como se deben mejorar las condiciones de educación y formación de los jóvenes, que los llevarán a ejercer sus derechos con plena libertad y responsabilidad. Por ello, hay que promoverla en todos los ámbitos posibles: legislativos, consejos escolares, consejos de participación ciudadana, y también en los medios de comunicación.

Tomado del portal: http://encuentra.com/

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