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Caso Sofía Vergara-Nick Loeb, un dilema ético sobre la vida

La actriz colombiana Sofía Vergara y su ex prometido, el empresario, Nick Loeb, hoy sostienen una batalla legal para definir el futuro de dos embriones, que por ahora permanecen congelados en una clínica de fertilización artificial en Beverly Hills, Estados Unidos.


Dilema por el destino de embriones congelados


Por la notoriedad mediática de la actriz, la cuestión ha acaparado los titulares de los medios dedicados al espectáculo; no obstante, el fondo de la controversia es profundamente importante.

En el año 2013, cuando ambos sostenían una relación, proporcionaron gametos para que mediante un proceso de fertilización pudieran posteriormente implantar los embriones resultantes en alguna mujer que se prestara como madre sustituta.

Según notas periodísticas, en diversas ocasiones, la implantación del embrión no se logró en la madre sustituta, por lo que fue imposible el nacimiento de los pequeños. Vergara y Loeb volvieron a solicitar en la clínica el procedimiento, obteniéndose dos embriones de sexo femenino, que aún no han intentado implantar.

Ahora que ellos terminaron su relación y ella inició otra, Nick Loeb solicitó legalmente la tutela de los embriones para evitar su eventual destrucción. Ambos, al solicitar el “servicio”, establecieron que no se “utilizarían” sin la autorización mutua; no obstante, no quedó asentado lo que sucedería en caso de que su relación terminara.

Esta situación pone al descubierto el mar de controversias y problemáticas que engendra la manipulación de la vida a capricho. Y expone las posturas éticas contrapuestas.

En el programa televisivo “Today”, Loeb expresó que “dos vidas ya fueron creadas” y externó su interés de no desecharlos, de igual forma que no lo haría si ya hubiesen nacido. La actriz, en cambio, declara que: “No puedo tener un bebé que de antemano tenga todo en contra”, y por otro lado enfatizó que “un hijo necesita de una madre y de algo más, de una relación de amor entre sus padres”.

La situación es compleja, ya que se ha hecho uso de la fecundación artificial, que al fracasar ha ocasionado la pérdida y consecuente muerte de esos embriones utilizados. Además, al implantarse dichos embriones en personas diferentes a su propia madre, se ha violentado la dignidad tanto del pequeño como de la mujer que subroga su cuerpo para continuar un embarazo “ajeno”, de la mujer que proporcionó los óvulos que se fecundaron.

Este dilema engendra otro. Por el momento, los embriones se encuentran congelados, por lo que podrían ser destruidos o continuar indefinidamente en un frigorífico; pero, si superaran el riesgo de la destrucción, dependerían de la voluntad de alguien para ser implantados, casi seguramente en alguien diferente a su madre, lo que de nuevo crearía otro problema ético, ya que esa mujer actuaría como su “madre”, o sólo sería estrictamente “un medio” para la maduración del hijo de alguien con los recursos suficientes para solventar tales procedimientos.

Lo cual ilustra de cierta manera el problema de los embriones abandonados y la posibilidad de su adopción, sobre la cual no se ha expresado magisterialmente la Iglesia, por lo que, aun cuando hay quienes la consideran posible bajo el principio del mal menor frente a la muerte del nonato, todavía es un tema que se mantiene en el campo especulativo y de las teorías, de acuerdo con el artículo “¿Se pueden adoptar embriones congelados?”, del Dr. Gonzalo Miranda, Decano de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma-

No obstante, también hay quienes consideran que buscar la implantación de embriones en cualquier situación es ilícita, por lo que el problema de que estos pequeños vean la luz es aún un tema no resuelto.

Lo anterior deja en claro que la mejor forma de ser padres, es desarrollar esa paternidad según nuestra propia naturaleza, con responsabilidad y con un gran amor hacia el niño, que aún sin saberlo cuenta con el cuidado de sus padres.

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