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Recordar la experiencia: Las guerras no solucionan nada

“La guerra es la fiesta de los muertos”, canta un viejo adagio que se está encarnando en los diversos conflictos bélicos en diversas partes del mundo: Ucrania, Crimea, Irak, Siria, Nigeria, Libia, Israel, Palestina, etc. En vez de apagarse, la realidad de la guerra arde cada día más. Es tal la magnitud la situación, que el Papa Francisco mencionó que podría hablarse de una tercera Guerra Mundial combatida “por partes”, azuzada por intereses espurios como la codicia y permitida por una atroz indiferencia.


El mensaje del Papa Francisco


Serio, visiblemente emocionado y con un tono de voz creciente, el Santo Padre dijo que la guerra es “una locura” alimentada por conceptos como “la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder” que a menudo encuentran justificación en alguna ideología, que destruye y que trastorna todo.

Cuando estallan conflagraciones bélicas: éstas se atizan a sí mismas, debido a que un hecho cualquiera –imprevisible– puede de pronto e inesperadamente provocar un incendio bélico de consecuencias no imaginadas. Por ejemplo, se está formando una coalición liderada por Estados Unidos para combatir al denominado Estado Islámico. Obama pensaba ya zafarse de la guerra en Irak, y ha tenido que volver, aunque ahora sin comprometer a las tropas estadounidenses.

Actualmente, el sistema de compensación –pago de daños de guerra por quien sufra la derrota– resulta imposible de implementarse, dado que los estragos que el armamento moderno produce, desequilibran la adecuación entre males y bienes de guerra. Este desequilibrio lo paga ahora la población civil del país derrotado, que al fin de cuentas –sin deberla o temerla– tiene que restituir los platos rotos.

Los males de la guerra: muertes, enfermedades, torturas, degradaciones, ruina económica, social, cultural, etc. hacen que la guerra sea proscrita como medio para resolver conflictos.

La guerra defensiva es el paralelo social de la legítima defensa personal. Para su licitud es preciso agotar antes todos los medios pacíficos que existen para resolver los conflictos internacionales. Cabe hacernos una pregunta, en los casos actuales: ¿esos medios en verdad se agotaron? La respuesta debe ser salvajemente sincera.

Siendo objetivos y sumamente realistas, en el estado actual de las cosas resulta muy difícil (aunque no imposible) terminar rápidamente con los conflictos, pero cabe humanizar lo más posible la guerra, de modo que los daños se reduzcan al mínimo. Para que esto ocurra, se tendrían que tomar medidas como las siguientes:

a) defensa de la población civil, especialmente de los niños, enfermos y ancianos;

b) gradación en el empleo de los recursos bélicos;

c) trato humano a los prisioneros;

d) evitar represalias con la población civil;

e) evitar el saqueo de ciudades y pueblos;

f) evitar la destrucción del patrimonio natural y artístico;

g) facilitar el trabajo a las organizaciones que atienden a los heridos, a la población civil; etc.

h) desterrar las armas nucleares, bacteriológicas, químicas, etc. de consecuencias incalculablemente devastadoras;

i) evitar las humillaciones a los pueblos vencidos, por medio de Tratados de Paz que aseguren un trato humano y justo a todos.

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