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Nigeria: Entre bombas, Arzobispo vive “cultura del encuentro”

En la actualidad, el mundo cristiano vive pendiente de Irak (con justa razón), donde miles de creyentes viven como refugiados en su propio país, perseguidos y tratados brutalmente por los despiadados radicales del autollamado “Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS).


Por una cultura del encuentro


Pero, como éste, hay muchísimos más puntos del planeta donde se viven situaciones similares, como es el caso de Nigeria, el país más poblado de África, que está sitiado también por fuerzas yihadistas del grupo terrorista islámico Boko Haram igualmente determinadas a imponer un férreo control a través de una implacable campaña de matanzas, según relata a “Ayuda a la Iglesia Necesitada” Monseñor Ignacio Kaigama, Arzobispo de Jos.

Monseñor Kaigama, Arzobispo de la “cultura del encuentro”

Esta es la situación en Nigeria, donde la ineficaz e inepta respuesta del Gobierno ha hecho que los líderes eclesiales figuren entre las pocas personalidades públicas en las que la gente todavía confía.

Entre ellos está el Arzobispo de Jos, Mons. Ignacio Kaigama, de 56 años, que también es el presidente de la Conferencia Episcopal Nigeriana y, además, uno de los prelados católicos más visibles y valientes del país.

El hecho de que en mayo la ciudad de Jos fuera en un solo día objeto de dos atentados de bomba perpetrados por Boko Haram, que ocasionaron más de 100 muertes, deja muy en claro que el Arzobispo corre peligro. No obstante, él rechaza firmemente realizar sus visitas pastorales rodeado de guardias armados.

“El protegerme así me convertiría en un prisionero, y además daría miedo a la gente. ¡Imagínense que los sacerdotes fueran por ahí con protección! Nosotros creemos que Dios está con nosotros, y que triunfaremos pese a las maquinaciones de los terroristas”, explicó a la fundación internacional “Ayuda a la Iglesia que Sufre”, en una reciente visita a Nueva York.

El Arzobispo considera que su tarea consiste en “estar presente” e ir al encuentro de la gente “incluso si se desarrollan actos de violencia cerca”, ya que “nuestros líderes”, acusa, “sencillamente no son muy sensibles hacia los pobres”, mientras que la Iglesia, incluso pese a su “limitada capacidad”, hace lo que puede para ayudar tanto a cristianos como musulmanes, “yendo más allá de las divisiones políticas y religiosas”.

Ya antes de la llegada del grupo terrorista Boko Haram, el Arzobispo era un pionero de lo que él llama el “diálogo de la vida”. Se trata de un enfoque de las relaciones entre musulmanes y cristianos que (realista acerca de la gran división teológica entre ambas religiones) hace hincapié en el establecimiento de la amistad y el contacto en el nivel más básico. Este “diálogo de la vida” reconoce sencillamente que “tu vida afecta a la mía y la mía afecta a la tuya”, como explica el Arzobispo.

El Arzobispo no tiene pelos en la lengua: “Cuando matas y destruyes no sólo a combatientes, sino también a mujeres y niños, a pobres gentes, haces el mal. Los que murieron en el mercado de Jos eran vendedores de naranjas, cacahuetes o leche que intentaban ganar un poco de dinero por la tarde. Fue una manifestación del mal”.

Claro, él no es ajeno al miedo. “Es normal tener miedo”, ha dicho el Arzobispo, “pero yo he renunciado a todo para servir a Dios y a Su pueblo. Carezco de familia biológica y de bienes de mi propiedad. Si perdiera la vida en el proceso de defender los derechos de la gente a la libertad religiosa y la unidad de la humanidad, no dejaría atrás ninguna deuda. No obstante, uno tiene miedo; eso nos pasa a todos”.

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