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Con expulsión de jefe de la CIA rompe Alemania “acuerdo tácito”

Con la expulsión del Jefe de la CIA, máximo responsable de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos en territorio alemán, la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, como máxima autoridad del Gobierno de la República Federal de Alemania, rompe un “acuerdo tácito” entre los dos gobiernos, referente a la cooperación y las actividades de los Servicios de Inteligencia.


Un mundo vigilado


Sin embargo, la invitación (más que expulsión) del Gobierno alemán de que el Jefe de la CIA en Alemania, con cobertura diplomática en la Embajada de Estados Unidos en Berlín, por las actividades de espionaje de sus servicios de inteligencia con el reclutamiento y manejo de dos agentes ubicados en el Servicio Federal de Inteligencia y el Ministerio de Defensa, tiene en principio carácter simbólico.

Después de las actividades de la intolerable intervención de millones de teléfonos de alemanes, incluido el celular de la Canciller Ángela Merkel, y los actuales casos de espionaje en su gobierno, la Jefe del Gobierno alemán tuvo que ceder a las presiones políticas de la oposición, de las críticas en las filas de su gobierno de coalición, del Parlamento e incluso en su propio partido.

Con la comunicación oficial de la Embajada de Estados Unidos en Berlín al gobierno alemán de la salida del Jefe de la CÍA el pasado 17 de Julio 2014, después de un largo silencio, las dañadas relaciones bilaterales podrían volver poquito a poco a sus cauces normales, a pesar del daño y la profunda desconfianza que causaron las actividades de espionaje en las relaciones bilaterales de los dos gobiernos aliados de más peso político en el mundo occidental.

Ante esta problemática, es importante hacer un breve repaso del trasfondo histórico de la cooperación bilateral en materia de inteligencia.

El llamado “acuerdo tácito” data prácticamente desde el comienzo, durante y después de la Guerra Fría a partir de 1949, por la estrecha cooperación entre las comunidades de inteligencia de Alemania, o sea, el Servicio de Inteligencia (BND), la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV) y el Servicio Militar de Protección (Contraespionaje) de las Fuerzas Armadas (MAD), con los servicios idóneos de las potencias occidentales, en primer lugar los de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, que salieron victoriosos de la Segunda Guerra Mundial.

El comienzo de la cooperación entre la Alemania derrotada y Estados Unidos en el campo de la inteligencia se remonta al año 1945, después de la Firma de la Rendición de Alemania entre la Wehrmacht y las potencias occidentales Estados Unidos, Inglaterra y Francia, el 7 de mayo de 1945, y la Unión Soviética, el 9 de mayo de 1945, con la división del territorio del Tercer Reich en cuatro zonas de ocupación, basada en los anteriores acuerdos de la Conferencia de Yalta de febrero de 1945.

Poco después de la rendición de Alemania, el Mayor General de la Wehrmacht, Reinhard Gehlen, ex jefe de inteligencia y espionaje militar contra el Ejército Rojo, ofreció a los Servicios de Espionaje de Estados Unidos sus conocimientos y servicios especiales, su amplísima documentación y sus archivos sobre el Ejército Rojo, que había puesto a salvo de los ejércitos de intervención.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos consagraron esta oferta del General Gehlen con la autorización de constituir su propia organización, llamada “Organización Gehlen”, bajo la tutela de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, destinada exclusivamente para la cooperación bilateral en asuntos de inteligencia y espionaje contra la Unión Soviética y posteriormente contra los satélites comunistas, particularmente contra la República Democrática de Alemania (RDA).

Por lo tanto, el “padrino” de los actuales Servicios la Inteligencia y Espionaje Alemán de la posguerra es, sin lugar a dudas, Estados Unidos, que mantenían esta exclusividad de cooperación, hasta la constitución de la República Federal de Alemania en 1949, para después extender y formalizar la cooperación a los servicios de inteligencia de Inglaterra y Francia.

Con la subida de Mijaíl Gorbachov al poder en la Unión Soviética, la caída del Muro en 1989 y la reunificación de las dos Alemanias en 1990, la consiguiente desintegración de la Unión Soviética y la terminación de la Guerra Fría en 1991, la Alemania unificada recobró su soberanía, dentro del marco de la Unión Europea.

Estos hechos históricos explican el porqué no hubo necesidad de espionaje entre los países occidentales durante los largos años de Guerra Fría y prácticamente hasta finales del siglo XX.

Esta situación cambió a finales del siglo XX, principios del siglo XXI, con la integración de numerosos Estados europeos en la OTAN y de la Comunidad Europea, la expansión de la globalización con los procesos de expansión económica, tecnológica, social y cultural a nivel mundial.

Además, a principios del siglo XXI se articularon nuevos intereses nacionalistas, nuevos bloques de poder, el islamismo radical y el terrorismo cruel y destructivo, principalmente en Oriente Medio y Asia. El protagonismo de las organizaciones islamistas, junto con sus ramificaciones radicales y con el terrorismo, han llegado a constituir una gran amenaza para las naciones occidentales, en primer lugar Estados Unidos y Gran Bretaña.

Estas nuevas amenazas cambiaron las condiciones de seguridad en todo Occidente y, en consecuencia, las necesidades estratégicas y tácticas, de espionaje y contraespionaje, de gobiernos occidentales, por su especial atractivo, sus liderazgos, avances tecnológicos y su poder económico y militar en el panorama internacional.

En consecuencia, el Gobierno de Estados Unidos, después de sufrir por su política e intervenciones militares (p.ej. en Irak y Afganistán) numerosos atentados terroristas de Al Qaeda y sus ramificaciones a sus embajadas en varias partes del mundo e incluso en su propio territorio (como el  ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York), se vio obligado a tomar medidas drásticas e inusuales. La muestra más evidente de este cambio ha sido y es la práctica de espionaje a Alemania, su más cercano y confiable aliado de la posguerra.

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