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Convento de San Diego, un tesoro en la Alameda Central

En esta ocasión regresamos al Centro Histórico, para hablar de un ex convento casi desconocido, a pesar de estar junto a la Alameda Central, me refiero al Convento de San Diego.

Ubicado sobre la actual calle de Dr. Mora, al poniente de la Alameda, sus orígenes se remontan a la época virreinal, cuando en 1580 llegó a la Nueva España la orden de los Franciscanos Descalzos, también conocidos como “dieguinos”, por San Diego de Alcalá, alojándose en el Hospital de San Cosme y San Damián.

Más tarde, don Mateo de Mauleón y su esposa doña Juana Arellano, acaudalados vecinos de la Ciudad, solicitaron al Ayuntamiento la fundación de un convento para los Franciscanos Descalzos, al poniente de la Ciudad. Se les negó el permiso, pues se temía que el nuevo convento afectara construcciones aledañas, como la Santa Veracruz, San Hipólito o el Hospital de los Desamparados; además, se alegaba que el Virrey era quien debía dar el permiso.

Tras librar los obstáculos legales, se fundó el convento, bajo la advocación de San Diego de Alcalá, el 27 de julio de 1594, estipulándose en las cláusulas que don Mateo de Mauleón y sus sucesores serían los dueños, con propiedad y dominio del convento, y que los frailes sólo tendrían la posesión simbólica.

En sus inicios, el convento quedó en medio de solitarios terrenos, colindando al sur con la calle de San Francisco, donde se encontraban la gran huerta y los corrales con animales para el sostenimiento de los religiosos. Sin embargo, con los siglos, los alrededores irían poblándose y cambiando de fisonomía.

Al oriente, había un espacio vacío, donde se establecía un tianguis llamado de San Hipólito, aunque después se le comenzó a llamar Plazuela de San Diego. Ahí, en 1596, entre la Alameda y el convento, a solicitud del Tribunal de la Inquisición, se mandó construir un quemadero para la ejecución pública de los condenados por el Santo Oficio, el cual funcionó hasta 1771, cuando la Alameda se mandó ampliar hacia el poniente.

Volviendo al convento, fue ampliado entre 1638 y 1678; y un siglo más tarde, en 1778, fue reconstruido, añadiéndosele la capilla de Los Dolores. A principios del siglo XIX se remodeló el templo, cambiando su fachada barroca por una neoclásica, que hasta hoy se conserva.

En 1861, por las Leyes de Reforma, los frailes fueron exclaustrados, pero templo y convento no fueron vendidos, pues al ser propiedad particular, fueron regresados a sus dueños, quienes dividieron el ex convento por 2 nuevas calles, para poder construir casas; además, reabrieron la iglesia al culto, la cual permaneció así hasta 1934, cuando fue expropiada y utilizada como bodega, imprenta y teatro.

En 1964, se restauró el templo, para alojar la Pinacoteca Virreinal, inaugurada por el presidente Adolfo López Mateos, con una de las colecciones más ricas de arte virreinal, que permaneció ahí hasta 1999, cuando fue llevada al MUNAL. En el año 2000, el templo de San Diego se convirtió en el Laboratorio Arte Alameda, espacio dedicado al arte contemporáneo, sobre todo al arte producido por medios electrónicos; y que bien vale la pena descubrir.

mm@yoinfluyo.com


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