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“Hay que evitar la violencia en Venezuela”, dice Guzmán Carriquiry

 

Venezuela y Colombia viven momentos coyunturales de polarización y confrontación política. A continuación les presento la segunda entrega de la entrevista al Dr. Guzmán Carriquiry, Secretario General de la Pontificia Comisión para América Latina, y nos explica su visión sobre los procesos que viven ambos países, bajo la luz de la Misericordia que promueve el Santo Padre en este Año Jubilar. Veamos.

-¿Cuál es su visión sobre lo que está sucediendo en Venezuela?

La situación de Venezuela es bien conocida, es sumamente dramática. Es una situación explosiva, es un país que está sufriendo una situación gravísima, sea desde el punto de vista económico que político. Sabemos perfectamente bien que es una situación que no puede seguir manteniéndose como está. La desembocadura que nadie quiere, que nadie quiere, que sería la más dramática sería la de una explosión incontenible de violencias. Ya Venezuela es uno de los países más violentos del mundo. Pero todavía podemos imaginarnos si esa terrible situación de violencia es más generalizada. Hay que evitar eso para un querido país y pueblo hermano de América Latina.

- Sin duda la Constitución debería ser el camino a seguir en esta confrontación y el mecanismo que establece la Constitución es el Referéndum Revocatorio para poder resolver esta situación, que sea el pueblo quien decida el futuro de Venezuela. ¿Cómo ve esta negativa del gobierno de llevar a cabo el referéndum?

Si la Santa Sede tiene que intervenir como facilitadora del diálogo en el caso en que se le solicite, es mejor por el momento que hablando aquí en la Santa Sede no nos pronunciemos al respecto. Yo tengo una posición muy clara a nivel personal, pero cuando se trata de facilitar el diálogo entre las partes contrapuestas, no hay que avanzar más de lo debido. En su momento se verá.

- ¿Cuál es su visión sobre este hecho tan importante que está viviendo Colombia, en donde la sociedad se encuentra polarizada?

-La sociedad se encuentra ciertamente sumamente polarizada. No se pasa de 60 años de guerra, de violencia, de asesinatos, de desplazamientos, de secuestros, de actos terroristas, de heridas de todo tipo; no se pasa después de esos 60 años fácilmente a un proceso de pacificación. Pero, ciertamente, los pasos que se irán dando hacia la paz han sido muy importantes. El Santo Padre ha alentado este proceso de pacificación, pero más allá todavía vendrán años sumamente difíciles en un arduo proceso de pacificación, de reconciliación, de regeneración de la vida nacional. La Iglesia tiene un mensaje original propio que dar, especialmente a Colombia, en este proceso que está viviendo. Hablábamos de la Misericordia, que estamos en el Año Jubilar. ¿Qué significa para Colombia la reconciliación verdadera, en la justicia y en el amor? ¿Qué significa el perdón? ¿Qué significa el amor a los enemigos? ¿Qué significa la cultura del encuentro y del reencuentro? ¿Qué significa la reconstrucción nacional? ¿Qué significa el diálogo político para el bien común? Colombia, todo el país, todo el pueblo colombiano, sus dirigentes, se van a enfrentar en los próximos años a desafíos enormes. Qué bueno sería que se encontraran puntos de convergencia, puntos de convergencia para enfrentar desafíos dramáticos en Colombia. Las polarizaciones y las polarizaciones extremas nunca hacen bien a un país.

- Justamente usted habló de justicia, se espera que no haya impunidad con las personas que han ejecutado estos dramas, estos asesinatos y secuestros. ¿Qué decirles a esas personas que quisieran justicia y que con el acuerdo de paz se teme que haya impunidad?

-La situación de la violencia que se fue acumulando en Colombia es una situación sumamente compleja, que sufren sobre todo los más pobres, las regiones campesinas, los pueblos alejados allí del control del Estado. Unos acuerdos de paz significan siempre compromisos, negociaciones y compromisos que no convencen totalmente ni a tirios ni a troyanos. Hay que conceder aquí y allá, de una parte y de la otra. El tema de la justicia para la impunidad respecto de los mayores crímenes es un tema planteado sobre la mesa y sumamente importante, pero hay que comprender que no podemos pensar en las negociaciones y acuerdos de paz como en el ideal que querríamos, sino en la tratativa posible. ¿Cuál es la alternativa? Es la guerra a muerte. La alternativa es continuar una guerra a muerte. Así que hay que ser muy cuidadosos con este tema, hay que ver cómo prosiguen los pasos sucesivos.

 

 

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