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El caso del feminicida de San Luis Potosí

Como instructor de zumba y karate, Filiberto Hernández Martínez era reconocido por su disciplina y buena disposición para impartir clases, muy probablemente por el tiempo en que se desempeñó como miembro del Colegio del Aire de la Secretaría de la Defensa Nacional, actividad que realizó en Coahuila y Chihuahua.


Atención cuidar a la juventud potosina


Originario de la comunidad de Estación Velasco, en el municipio de Ébano (colindante con Tamaulipas), el ex militar de 43 años de edad se estableció en Tamuín, en la huasteca potosina, donde en el 2010 abrió un gimnasio para convertirse en instructor.

Nadie suponía que detrás de ese personaje se ocultaba un feminicida múltiple, un asesino serial que en los últimos cuatro años secuestró, violó y estranguló a por lo menos cinco mujeres, cuatro de ellas niñas, cuyos cuerpos enterró en caminos vecinales y en un cañaveral.

Hernández Martínez fue capturado a principios de julio por agentes ministeriales del estado, tras ser el principal sospechoso del homicidio de dos mujeres (una de ellas era una niña de 9 años de edad), cuyos cuerpos fueron desenterrados en un predio ubicado a la entrada de Tamuín, sobre la carretera 80 en el tramo Ciudad Valles-Tampico.

A un mes de su detención, las indagatorias permitieron saber que Filiberto había cometido desde el 2010 al menos cinco feminicidios, que inicialmente fueron atribuidos a la delincuencia organizada.

De acuerdo a la confesión que hizo a la Procuraduría estatal, el agresor ubicaba a sus víctimas en los mismos rumbos donde tenía su gimnasio; las vigilaba y posteriormente las secuestraba.

Cuatro de sus víctimas eran menores de edad: Adriana Martínez, de 13 años, cuyo cuerpo fue encontrado en el 2011 sepultado en un camino comunal del Ejido La Primavera, después de haber sido reportada como desaparecida por su familia al no regresar de la escuela secundaria donde estudiaba. Adriana fue raptada violentamente por Filiberto, quien confesó haberla llevado a su casa, donde la violó y estranguló antes de arrojar su cuerpo al camino del ejido.

En el cañaveral de La Puntilla, el ex militar ocultó los cuerpos de otras dos de sus víctimas: Enaí Chávez Rivera, de 32 años, con quien sostuvo una relación sentimental, dijo el procurador Covarrubias. La mujer había desaparecido el 6 de mayo pasado al salir de una maquiladora donde trabajaba.

El otro cuerpo encontrado es de la menor Dulce Reyes, de 9 años, quien desapareció el 11 de abril cuando caminaba rumbo al parque ubicado en el camino del gimnasio donde Filiberto impartía sus clases.

“Las dos, al igual que la primera, fueron violadas y estranguladas por el detenido, de acuerdo con su declaración ministerial”, informó la Procuraduría.

Al momento, el inculpado acumula ya dos órdenes de aprehensión, en tanto que las autoridades trabajan en la localización de los cuerpos de otras dos víctimas a las que habría asesinado en iguales circunstancias.

Se trata de Rosa María Sánchez, reportada como desaparecida el 29 de octubre del 2010, e Itzel Castillo, de quien nada se sabía desde el 24 de enero del 2013.

Según el homicida confeso, enterró algunos de los cuerpos en la misma zona del cañaveral donde fueron localizados los cuerpos de Enaí Rivera y Dulce Reyes.

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