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Violencia en el país se ha generalizado

La violencia en México es tan brutal que ha provocado estupor en los observadores externos, sobre todo en aquellos que por alguna razón han hecho análisis, con cierta atingencia, del fenómeno.


Un panorama actual de la política


Pero, por el contrario, pareciera que los mexicanos nos estamos acostumbrando a sufrir esta pesadilla, como consecuencia de un fenómeno de enervación que nos impide reaccionar, o de negación, que ni siquiera admite la existencia del problema. Por ello, da la impresión de que las decenas de muertos diarias no nos impactan, son ya parte de nuestros usos y costumbres.

Si nos tomáramos la molestia de leer las noticias, de vez en cuando, al menos nos compadeceríamos de las víctimas que han sido amenazadas, extorsionadas, obligadas a pagar lo que eufemísticamente se ha llamado “derecho de piso”, secuestradas y finalmente asesinadas, en incontables ocasiones con una sevicia y crueldad tales, que parecerían reflejar un desequilibrio mental en sus verdugos y, desde luego, la ausencia de cualquier indicio de moralidad, ya no digamos de consideración o de piedad, propias de nuestra civilización cristiana.

A quienes todavía no nos ha tocado vivir en territorios donde la fuerza bruta es aplicada sistemáticamente por la delincuencia organizada, tendemos a minimizar la gravedad de los incontables delitos que ocurren diariamente contra cientos de personas, pensando en que, afortunadamente, no nos ha tocado sufrir la violencia en esa escala.

La opinión pública pareciera oscilar entre la resignación fatalista y la indiferencia; porque, si la sociedad se atreviera a analizar el fenómeno con mayor conciencia, tendría que llegar a conclusiones radicales que le obligarían moralmente a emprender algunas acciones para tratar de corregirlo. O bien, habría de optar como lo han hecho algunos de sus miembros, por huir, primero a alguna zona del país que pareciera menos afectada; y después, al extranjero.

Un estudio del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, A.C. sobre la situación de Tamaulipas, resulta sumamente revelador. Demuestra que las cifras utilizadas por el gobierno son inexactas y que la realidad es mucho peor. El narcotráfico es tan sólo una de las actividades de los delincuentes porque, habiéndose apoderado de las instituciones policíacas, judiciales y políticas a las que han puesto a su servicio, despojan continuamente los negocios lícitos de los habitantes que, a cambio de una tranquilidad caprichosa e inestable, los ponen al servicio de los delincuentes o tienen que migrar, abandonando su residencia.

Los bandidos actúan con enorme cinismo porque saben que quedarán impunes. Por ejemplo, en esa frontera tamaulipeca, ni siquiera la existencia de las plantas maquiladoras o el intenso tráfico de las exportaciones, que les pone en contacto continuo con nuestros vecinos al otro lado de la frontera, les inhibe.

¿Qué debemos hacer?

Los ciudadanos no podemos seguir siendo indiferentes y mantenernos pasivos ante la gravísima problemática de la violencia y la preponderancia creciente de la delincuencia organizada en nuestra sociedad. Necesitamos evitar la enervación y sacudirnos la indiferencia, ante este preocupante deterioro del bien común.

La vigencia del Estado es indispensable. No hay otra vía para la consecución de un desarrollo sostenible en el marco de un Estado de derecho que garantice la justicia y la paz.

No dejemos que permeen ilusiones, como las de un supuesto autogobierno que propicie el remedio, porque se generan soluciones falsas, como el de las autodefensas, para pretender someter a quienes se empeñan en imponer la ley de la selva. Lejos de solucionar el problema, a la larga, nos llevarán al caos, que es una situación todavía peor a la de padecer autoridades deficientes que deben ser sustituidas.

Exijamos al gobierno que cumpla con su papel fundamental de procurar el bien común, actuando con eficacia y contundencia, siempre en el marco de la ley.

Lo demás son utopías que nos llevarán, indefectiblemente, a uno de dos extremos: el autoritarismo o la ausencia de la ley. 

www.tramapolitica.mx 

@yoinfluyo

 

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