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Yo voy a ver qué me dan

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Han empezado las campañas electorales, sobre todo para las presidencias municipales, aunque también se calientan motores para la gubernatura y otros puestos políticos. Aunque las leyes prohíben hacer campañas explícitas, se disfrazan de “informes” y de otras artimañas, pues lo importante es moverse, recorrer comunidades, reunirse con grupos, buscar aliados, hacer compromisos, todo ello con un sabor netamente electoral.


Generar el Bien Común


La ley no lo permite, pero saben que si no buscan subterfugios y alternativas, se les van las oportunidades. ¡Cada quien sabe sus estrategias! Lo preocupante y poco noble es que se han corrompido las campañas haciéndolas consistir en regalar cosas a los pobres, como tratando de comprar su voto. Les regalan camisetas, gorras, cubetas, láminas, pollitos, refrescos, tamales y tantas otras cosas. Alguien se ingenió para preparar una o más vacas en barbacoa, y dio de comer a toda la gente que llegó al mitin. No faltan quienes regalan imágenes religiosas y hasta biblias (no católicas), con tal de atraer simpatizantes.

Comentando esto con un indígena y preguntándole por qué iba a un evento de estos con un candidato que yo sabía no le interesaba en lo más mínimo, me dijo: “Yo voy a ver qué me dan”. E iba con cualquier candidato. No le importaba escuchar planteamientos, comparar personas y programas, sino lograr que le regalaran algo, sea lo que fuere. ¿Eso es madurez cívica? Algunos incluso comparan quién da más, para quizá pensar en darle su voto, pero no porque sea la mejor opción para la comunidad, sino porque espera que le regalen más cosas. ¿Eso es educar al pueblo en conciencia política? ¿Ese es el ciudadano que queremos promover? Tan se ha degradado la política, que muchos piensan que si no es con estos métodos, no pueden obtener el puesto al que aspiran. Saben que si no regalan cosas, pocos les harían caso. Ya no importan los discursos, las ideologías partidistas, las consultas populares, los proyectos, sino recursos para regalar cosas.

A un conocido de otra entidad, para convencerlo de que aceptara la candidatura de un partido, una persona le ofreció un millón de pesos, y otro casi la mitad, como si fuera un obsequio generoso. Pero ese apoyo se lo cobraría con creces, si salía victorioso en la campaña, para recuperar su “inversión electoral”. ¿Esto es ennoblecer la política?

PENSAR

Dice el Papa Francisco: “Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor” (EG 183).

“La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral” (EG 203).

“¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social” (EG 205).

ACTUAR

Que el pueblo no se deje comprar, sino que analice la historia de los candidatos, sus cualidades, su experiencia de servicio comunitario, su estabilidad familiar, su coherencia religiosa, la fidelidad a su palabra, su proyecto.

Obispo de San Cristóbal de las Casas

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