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Sismos dañaron 1,850 templos

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y Cáritas Mexicana pormenorizaron el destino y la utilización que han dado a los recursos que recibieron para coadyuvar a comunidades e iglesias que resultaron afectadas por los sismos de septiembre del año pasado, en el que hasta enero de 2018 se han contabilizado mil 850 templos católicos dañados, ubicados en 26 de las 95 diócesis.


Cáritas da cuentas


En conferencia de prensa el secretario General de la CEM, monseñor Alfonso Miranda Guardiola, destacó que con ayuda del catálogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se identificaron mil 603 inmuebles históricos de carácter religioso dañados en 11 estados del país. Indicó que la Secretaría General de la CEM y la Dimensión de Bienes Eclesiásticos y Culturales de la Iglesia (Dibeas) trabajaron en conjunto para apoyar la reconstrucción de los templos considerados Monumentos históricos.

A raíz del análisis que se realizaron se pudieron detectar cinco campos que resultaron gravemente dañados como consecuencia de las destrucciones que ocasionaron los terremotos. En primer lugar, se afectó la herencia histórica del país perjudicando las llamadas Rutas de Evangelización que mantenía las construcciones hechas por las primeras órdenes llegadas a México. En segundo lugar, con los templos destruidos o dañados peligra la promoción histórica, cultural, de tradiciones y prácticas religiosas de muchos lugares que cuentan con gran afluencia turística.

Por otro lado, al quedar inhabilitados muchos templos los servicios sacramentales que comúnmente se ofrecen, no pueden suministrarse. En cuarto lugar, también repercutió en los usos y costumbres de muchas comunidades que identifican en su cosmovisión al templo como un espacio sagrado y de gran arraigo, principalmente en los pueblos originarios. Por último, se detectó la pérdida de un espacio común que sirve como referencia de encuentro e inclusive donde pueden utilizarse los lugares físicos como áreas de recreación, dispensario médico o centro comunitario.

La ayuda no solo es material

En su turno, el secretario ejecutivo de la Comisión Pastoral Social y director de Cáritas México, Rogelio Narváez Martínez, informó que actualmente los más de 47 millones de pesos que han recibido tanto a nivel nacional como de otras partes del orbe, se han aplicado en diversas obras tanto para reparar las parroquias como para atender de manera integral a poblaciones afectadas por los sismos de septiembre.

Aclaró que con el dinero que han recibido y que está documentado en Cáritas se han apoyado directamente a 42 mil 475 familias, e indirectamente otras miles más. Dijo que 41 mil 267 familias recibieron 999.22 toneladas de víveres, medicamentos, ropa, agua y toldos. Además, 780 familias fueron ayudadas para construir sus casas o pies de casas.

Asimismo, informó que a través de la Pastoral del Trabajo se están apoyando a 188 familias en la recuperación de sus medios de vida, es decir en la recuperación de sus fuentes o herramientas de trabajo con la finalidad de reactivar la economía en sus comunidades.

El director de Cáritas consideró que para reconstruir las zonas destruidas por los terremotos del año pasado, tendrán que pasar entre tres a seis años.

Indicó que los obispos de las diócesis afectadas han emprendido la construcción de 31 Centros Comunitarios que serán espacios en los que se ofrezcan consultas médicas, atención psicológica, distribución de medicamentos y alimentos, clases, capacitación laboral y otras muchas actividades en favor de las comunidades que requieren ser reconstruidas.

“Como Iglesia nos manifestamos conscientes de que nuestro quehacer más allá de la reconstrucción material se ubica en la reconstrucción del tejido social y eclesial”, por lo que varias congregaciones religiosas ofrecen atención psicológica en las zonas afectadas, señaló.

Narváez Martínez aseguró dar a conocer el destino de los recursos que Cáritas ha recibido para apoyar a la población afectada por los sismos, es una manera de “ejercer sus funciones en transparencia, con una actitud de honestidad que ha de ser una obligación y no una sugerencia en nuestras actividades”.

Resaltó la importancia de informar la manera en que se han ejercido los recursos, toda vez que “los destinatarios de la generosidad de nuestra Iglesia y nuestro pueblo no merecen convertirse en el pretexto de unas pretensiones lucrativas carentes de escrúpulos. Perder de vista lo anteriores revictimizar a las víctimas de los siniestros”, subrayó.

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