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Indiscriminado consumo de refrescos entre indígenas de Chiapas

El estado de Chiapas figura como la entidad con mayor índice de consumo de refrescos por persona a nivel nacional, particularmente en las comunidades indígenas de Los Altos, advierte Jaime Page Pliego, investigador del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


México; Chiapas, consumo de refrescos


El médico y antropólogo ha llevado a cabo en los últimos años la investigación “Representaciones sociales y estrategias de atención en torno a diabetes mellitus en población de la periferia de San Cristóbal de Las Casas y cabeceras municipales de Chamula y Tenejapa, Chiapas”, con financiamiento del Fondo de Investigación Básica SEP-Conacyt.

Señala que en la región de Los Altos de Chiapas el consumo rebasa el promedio nacional, donde se consumen en promedio 3 mil 285 tazas por persona al año, lo que en litros equivale a 821.25, es decir, 2.25 litros al día por persona".

No es de extrañar, por ello, que en San Cristóbal de Las Casas se encuentra una de las embotelladoras de refresco más grandes del país, comenta el investigador, para quien el consumo de refrescos en las comunidades indígenas tiene varias características particulares.

Coca Cola sustituye consumo de alcohol

“Entre los pueblos mayas de Los Altos nos enfrentamos con el problema de que el refresco sustituyó hace ya varios años al alcohol como parte sustancial de sus prácticas religiosas, además de que en estas comunidades el costo del refresco es hasta 50 por ciento más barato que en el resto del estado, como parte de la estrategia de las refresqueras para mantener cautivo este sector de la población”, refiere.

Y es los caciques locales en San Juan Chamula y Tenejapa, quienes detentan al mismo tiempo el control político y los cargos religiosos, también han sido los concesionarios de la distribución de los refrescos, que sustituyeron el uso del alcohol en los rituales.

Page Pliego precisa que un factor de gran importancia en el consumo de refresco es la vida socio-religiosa que tiene lugar en estas comunidades, donde el refresco, particularmente la Coca-Cola, ha sido utilizada en las prácticas religiosas como nutrimento de las deidades celestiales o del bien, para sustituir el ‘trago’ (o pox, aguardiente de caña y maíz) al que se le identificó como bebida destinada al ‘enemigo’, es decir, las deidades del mal.

Para el investigador del Cimsur, hay una relación directa entre el consumo de refrescos y el incremento de enfermedades como la diabetes en estas comunidades. “Es evidente que los niveles de sobrepeso y obesidad están asociados con los cambios en la alimentación, pero sobre todo en el consumo indiscriminado de refrescos”.

Estrategia de atención

“En estos momentos estamos trabajando en una estrategia de atención, prevención y de concienciación en los municipios de San Juan Chamula, Tenejapa y San Cristóbal de Las Casas, para advertir a la población indígena acerca de los riesgos que conlleva para su salud el consumo de bebidas embotelladas, porque en los centros de salud solo les dicen que dejen la tortilla y el consumo de refrescos, dos elementos esenciales en su dieta de toda la vida, pero no les dicen cuáles son los efectos en el desarrollo de la enfermedad”, precisa el investigador.

Pero el interés no solo es realizar una campaña de salud, desde la perspectiva de la medicina institucional. Al investigador del Cimsur le interesa conocer las formas en cómo los propios habitantes de estas regiones visualizan desde su cosmovisión y construyen la representación social de las enfermedades como la diabetes, y cómo desde sus prácticas de medicina tradicional las han tratado como una enfermedad natural.

“Las condiciones que facilitan la imposición de criterios para el consumo se fortalecen con estrategias de mercado como la publicidad excesiva, el abaratamiento de los productos y su ubicación entre los que nada tienen como símbolo de estatus”, concluye.

Jaime Tomás Page Pliego estudió medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctor en Antropología Social por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido investigador en Chiapas durante más de 30 años y actualmente pertenece al Centro de Investigaciones Multidisciplinarias para Chiapas y la Frontera Sur de la UNAM. Sus líneas de investigación son etnomedicina, enfermedades del rezago y emergentes.

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