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La otra pobreza

 No sólo existe la pobreza económica. La verdadera tragedia es la pobreza de ideas, de debate. Nos da flojera enterarnos, leer, opinar, incidir. Es más fácil irse con la bola.


Una opinión sobre la sociedad mexicana


 La pobreza económica se puede superar. Negarse a pensar, nos condena a seguir donde estamos.

Pongo ejemplos con las notas de estos días.

Todos admiramos y reconocemos a la Selección Nacional, que nos dio grandes satisfacciones en este Mundial.

Me divierto leyendo y reenviando las puntadas geniales que la creatividad mexicana genera con el famoso NO ERA PENAL. Y es cierto. No era penal. Pero, ¿por qué nadie pregunta a qué se debe que nuestros futbolistas hayan aflojado, se hayan confiado?

¿Se puede felicitar a la Selección por su desempeño y, además, preguntar si no nos habrá faltado algo que tuvieron los holandeses cuando iban perdiendo ante México?

Me recordó la vivencia de las campañas electorales. Ganemos o perdamos, debemos aprender de lo que hicimos bien y de lo que nos faltó. No podemos vivir recurriendo al argumento de que el otro jugó sucio. Mejor aprendamos del contendiente lo que realizó bien y lo que le falló.

Otro tema de los políticamente complicados: Es evidente que la comunidad de los homosexuales se da a notar exigiendo respeto a sus derechos. Es innegable que nadie debe ser discriminado por su orientación sexual. Pero defender la existencia de la familia como la conocemos, no es de ninguna manera un signo de homofobia.

Las personas podemos y debemos debatir estos temas con respeto, sin ser calificadas de extremistas.

Y ya entrados en el tema, me pareció un despropósito de la FIFA la intentona de castigar a la hinchada que gritaba una expresión que no es tampoco homofóbica, sino una picardía. Una forma de reírse de todo. Y con todo.

Estoy segura de que entre las decenas de miles de mexicanos que gritaban en las tribunas cariocas, había personas homosexuales también gritando lo mismo, como un signo de diversión y entusiasmo colectivo.

Hubo quienes se envolvieron en la bandera, para sacar raja política de ello. Hay mucho qué decir al respecto, pero no podemos ponernos a buscar homofobia donde no la hay. Y no la hay en las tribunas ni en las redes sociales que comentaron ampliamente el futbol. Tampoco la hay en sostener que el matrimonio sólo se celebra entre un varón y una mujer.

Esto no es un concepto medieval. Es un concepto perenne.

No nos gusta debatir, porque no nos gusta pensar, leer, informarnos. Porque para debatir debemos interesarnos en lo que pasa en nuestra comunidad. Y esta pobreza de ideas nos convierte en una sociedad pobre en desarrollo, en educación, en tejido institucional, en redes de apoyo para los más vulnerables.

Debatir no significa descartar el argumento de nuestros oponentes. En todo debate, hay ideas valiosas en ambas posturas. Y siempre aprendemos algo nuevo en un debate. Un ángulo desde el cual no habíamos visto el asunto.

Enfrentar argumentos exige plantearlos con respeto, y ser respetados en un punto de vista no compartido. Y estar dispuestos a cambiar nuestra opinión, porque hay muy pocos dogmas y luego queremos dogmatizarlo todo.

Ahora resulta que voy a estar a favor o en contra de algo, dependiendo de quién encabeza una postura y quién la otra. O peor, de la moda. No, por favor. Demos argumentos. Y respetemos siempre a quienes sostienen un punto de vista diferente.

Sólo así nos enriquecemos con el intercambio de ideas.

Y por supuesto, debemos ir al debate abiertos a nuevas ideas, para que sea fructífero.

Un debate se da con datos, investigación, ciencia, experimentos. Las emociones vienen a coronar el tema, pero no son su esencia.

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