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México condecora al Nuncio Pierre por extraordinaria labor

El Nuncio Apostólico en México, Monseñor Christophe Pierre, quien termina próximamente su labor diplomática en México, fue condecorado con la Orden Mexicana del Águila Azteca.



Durante la ceremonia realizada en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Monseñor Pierre estuvo acompañado por algunos prelados, como Monseñor Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco, y Monseñor Alfonso Cortés Contreras, Arzobispo de León, entre otros. Acudieron también la Procuradora General de la República, Arely Gómez; el Subsecretario de Migración, Población y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, Humberto Roque Villanueva, así como Luis Felipe Bravo Mena, quien fungiera como Embajador de México ante la Santa Sede, además de personajes del ámbito académico y ciudadanos que colaboran en la misión de la Iglesia en México.

La titular de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, presidió la ceremonia, dirigiendo unas palabras a Monseñor Pierre, resaltando su labor de 9 años en México como quinto Nuncio Apostólico a partir de la normalización de relaciones diplomáticas y “desde el 12 de diciembre de 2012, fecha emblemática para nosotros los mexicanos, se ha desempeñado como decano del cuerpo diplomático acreditado” en la República Mexicana; y durante su encargo se realizaron dos papales a México: la de Benedicto XVI en el 2012 y y la del Papa Francisco en febrero de 2016.

Recordó su trabajo para la celebración del “Coloquio sobre Migración Internacional y Desarrollo”, realizado en la Ciudad de México en 2014, que contó con la presencia del Secretario de Estado Vaticano, Monseñor Pietro Parolin, y agradeció sus buenos oficios para la realización de “la Navidad Mexicana en El Vaticano”, donde se proyectan las tradiciones, artesanías y cultura de México en la Santa Sede.

Ruiz Massieu señaló que su labor diplomática en Estados Unidos, país al que ya ha sido designado como Nuncio por el Papa Francisco, “le permitirá trabajar a favor de todas las comunidades migrantes sin importar su condición migratoria. Su palabra seguramente será una voz de aliento para la comunidad migrante, en un escenario en el que hemos visto resurgir expresiones intolerantes y discriminatorias…”, y concluyó ofreciéndole el apoyo del gobierno mexicano, de la vasta red consular de México en Estados Unidos y de todo el pueblo de México.

Por su parte, el Nuncio Apostólico agradeció la distinción recibida y recordó las palabras del Papa Francisco, que dice que cuando los líderes de diversos sectores le piden un consejo, siempre recomienda “diálogo, dialogo, diálogo”, y enfatizó que “el único modo de que una persona, una familia, una sociedad crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno en cambio”.

Mencionó que como Nuncio, miembro del cuerpo diplomático y decano de éste en México, se propuso hacer vida el diálogo; subrayó que siempre es posible el diálogo entre el pueblo, porque todos somos pueblo, siendo el amor a la patria el impulso. Señaló que el relativismo pretende que el respeto y la tolerancia se conviertan en indiferencia ante el error, “parecería extenderse como mancha de aceite hasta descollar en muchas decisiones, actividades y programas sociales”.

Monseñor Christophe Pierre dijo que “todo individuo está dotado del admirable don de la dignidad de persona”, capaz de conocerse, poseerse y entrar en comunión con los demás, lo cual no puede olvidarse, ya que sin el respeto a esta dignidad no es posible tener paz. “No puede haber paz, si la vida y la dignidad del otro –también del inocente– no es respetada. No se puede tener paz oscureciendo la noción de bien y del mal, intrínseca en la conciencia de todo ser humano”, ni tampoco cuando la prioridad está en los derechos, relegando los deberes y dejando de lado la solidaridad.

Remarcó que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres que se empeñen en el bien común, y enfatizó su convicción de que “es necesario apostar por el bien de todos desde el respeto real e incondicional de la dignidad de la persona y de toda persona”, evitar la prepotencia y fomentar el diálogo. Precisó en este sentido que “la hermandad entre los hombres no es un sueño fantasioso”, sino “el resultado de un esfuerzo concertado de todos hacia el bien común”. Y dando sus mejores deseos al país donde desempeñó su misión por nueve años, concluyó su intervención.

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