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Seré “como un granito de mostaza”: madre María Inés

Jesús es el pan de vida que alimenta a la Iglesia. Muchos hombres y mujeres que han comprendido este don de amor, venciendo sus limitaciones y debilidades, ofrendan su existencia al servicio de Dios en sus semejantes; su ejemplo concretiza la parábola: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” (Lc 13, 18-19).


Semillas que siembran grandes cosechas


“Sígueme”, le dijo Jesús Eucaristía

María Inés Teresa Arias se dejó cautivar por la mirada amorosa de Jesús Eucaristía y le entregó totalmente su ser: “Jesús Eucaristía, al pasar cerca de mí, dejó caer sobre mi alma una de esas sus inefables miradas que tienen el poder de conmover, de transformar. Sígueme… no profirieron otra palabra sus labios, y el corazón se fue tras Él”.

Fue Clarisa Sacramentaria del 5 de junio de 1929 al 23 de agosto de 1945, fecha en que salió a fundar la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, instituto en que se fundirán en un solo ser la contemplación y la misión: “Fundir a Marta y María, hacer de las dos una sola alma toda activa y toda contemplativa; dedicada a las obras exteriores con esa actividad exterior que requiere todo apostolado, mas enmarcado en un cuadro de vida interior, de intima comunicación con Dios…”.

La Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1930, día de su primera profesión religiosa, le mostró la posibilidad de esta obra. La Reina de los Cielos dijo a su alma estas palabras que jamás olvidó y que han tenido una extraordinaria realización: “Si entra en los designios de Dios servirse de ti para las obras de apostolado, me comprometo a acompañarte en todos tus pasos, poniendo en tus labios la palabra persuasiva que ablande los corazones, y en éstos la gracia que necesiten; me comprometo, además, por los méritos de mi Hijo, a dar a todos aquellos con los que tuvieras alguna relación, aunque sea tan sólo en espíritu, la gracia santificante y la perseverancia final”.

Obra para la Iglesia universal 

Tres grandes amores: Jesús Eucaristía, la Virgen morenita de Guadalupe y la salvación de las almas, impulsan la acción misionera de la madre María Inés Teresa Arias Espinosa. Con el lema “Urge que Cristo reine”, la madre responde al carisma y misión recibidos; con el ímpetu de su personalidad: alegre, sencilla, confiada, maternal e intrépida.

La beata madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento fundó la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento el 22 agosto de 1945, recibiendo la aprobación pontificia el 22 de junio de 1951. Desde los inicios, su espiritualidad se extendió al laicado, en todas sus edades y estados, constituyéndose las vanguardias clarisas: VANCLAR, el grupo de laicos misioneros, en 1979 los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, sacerdotes y religiosos, misioneros contemplativos.

Dios, en su infinita bondad, ha hecho germinar y crecer esta “Semilla de mostaza” en distintos países y continentes: Japón, Estados Unidos, Costa Rica, Indonesia, Sierra Leona, Nigeria, Italia, España, Irlanda, Corea, India, Rusia y Argentina.

La madre María Inés Teresa concluyó sus trabajos en la tierra exclamando: “¡Todo está cumplido!”. Y en sus escritos dejó plasmado este deseo, que sabemos el Señor le concede en plenitud: “Permíteme, Señor, que sea yo para mis hermanos en religión… la estrellita que ilumine su sendero, la lucecita que les dé calor; que desde tu gloria siga fecundizando, con mi trabajo, mi oración, mi adoración beatífica, la semilla que deposité en la tierra para tu mayor gloria”.

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