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Tata Vasco: nuevo Santo para México

A dos días de la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, surge la expectativa de un nuevo Santo para México.

Para muchos, Juan Pablo II, quien se declarara mexicano, es un santo nuestro. Aquí en nuestra Patria, cuando todavía estaban prohibidas las manifestaciones públicas de religiosidad, cuando no estaba permitido a los sacerdotes usar en la calle sus signos distintivos, el Papa polaco derrumbó esos atavismos y trajo un nuevo aire a nuestro país. Fuimos de las naciones más visitadas, y se dice que aquí encontró lo que sería el estilo misional de su pontificado por todo el mundo.

Por eso, Juan Pablo el Grande es nuestro Santo, no sólo en cuanto lo son todos para la Iglesia universal, sino como propio.

Pues bien, no fue Juan Pablo II el único Santo que sin haber nacido en estas tierras, es nuestro, por lo que han hecho y como lo han hecho. Por eso es totalmente lícito afirmar que Don Vasco de Quiroga, que está en proceso de canonización, es nuestro. La segunda etapa del proceso se inició a sólo dos días de la elevación a los altares de Juan XXIII y de Juan Pablo II.

Gracias a los medios de comunicación pudimos constatar la movilización humana que provocaron las dos canonizaciones. Ahí queda patente cómo este hecho religioso, este ejemplo humano de seguimiento de Cristo, no deja indiferente a la humanidad. Desde luego acudieron fieles de Polonia y de Italia, países natales de los dos santos. Pero también los había de todo el mundo. Había pueblo, quizá muchos de los que el día de la muerte de Juan Pablo II corearon “¡Santo súbito!” Estaban los cardenales de todo el mundo, obispos, superiores de religiosos y religiosas, y el pueblo fiel.

La santidad, pues, no es un hecho indiferente, aun para los detractores que, dentro de la misma Iglesia, o casi fuera de ella, se lanzaron contra Juan Pablo II. Por eso realizar estos procesos no es algo ocioso. Por eso ya tenemos, también, en fila, las posibles canonizaciones de Paulo VI y Pío XII. No en balde se decía que el Siglo XX cuenta, ya, con el mayor número de Papas santos de la historia. Y por el camino que vamos, el número seguirá aumentando.

Los santos no son figuras decorativas, ni sólo intermediarios a quienes pedir que Dios nos haga milagros. Los santos son modelos de vida. Modelos de vida humana, con aciertos y errores, pero hombres esforzados en vivir las virtudes de manera heroica. Por eso, más allá del afecto que se pueda sentir por ellos, lo que se nos propone es que los imitemos y sigamos sus enseñanzas.

En este contexto, la propuesta de elevar a los altares a Don Vasco de Quiroga es más que pertinente. Y, en especial, es un ejemplo de vida para los laicos, pues aunque es más conocido por haber sido el primer obispo de Michoacán, siempre insistiremos que llegó a obispo por su ejemplar vida de laico.

El, que fuera Caballero de la Orden de San Juan (Malta) se había consagrado al servicio de los necesitados. Nunca se imaginó que su obra ejemplar, admirada por Fray Juan de Zumárraga, serviría de argumento para que, sin él buscarlo, fuera propuesto como obispo. Y los informes que sobre él se presentaron fueron tan contundentes, que de laico pasó a sacerdote y de ahí a obispo, en un sólo proceso.

Suele bromearse que pocos son los abogados, si es que los hay, que pueden ser santos. Bueno, Santo Tomás Moro lo fue. Pues Don Vaso también. En ambos encontramos un claro ejercicio de la justicia en los cargos públicos que ocuparon. Esto muestra que también los políticos, aunque también muchos lo duden, pueden llegar a santos. De hecho hay muchos reyes en los altares.

Don Vasco fue defensor de los derechos humanos de los indios, frente a los abusos de algunos conquistadores españoles. Don Vasco fue un hombre civilizador, a través de los Pueblos-hospital que fundó con recursos de su bolsillo. Don Vasco fue educador, no sólo porque a través de los Pueblos-hospital buscaba la enseñanza y capacitación de los indígenas, sino porque fundó una Universidad.

Ahora que vemos tantas carencias en la política, la justicia y la educación, el ejemplo de Don Vasco, sin necesidad de esperar a que llegue a los altares, debe imitarse, y no sólo en Michoacán, donde tanta falta hace imitarlo, aunque su memoria continúe presente, sino en todo México.

Si Don Vasco llega a los altares, será un santo mexicano, pues aunque nació en Madrigal de las Altas Torres, en España, allá casi ni lo conocen, y aunque existe un pequeño museo sobre él, poco es lo que se dice y se hace. Es en Michoacán, gracias al arzobispo Adolfo Suárez, que el proceso está en marcha.

Tras 16 años de integración del expediente, ahora ya se encuentra en el Vaticano, donde deberá ser estudiada su persona, su doctrina y su obra. Tarea ardua, pues el expediente es de cerca de 3 mil hojas. Pero ha iniciado su camino que, esperemos, aunque tarde tiempo, finalmente llegará su conclusión.

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