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Crónicas y relatos de la Celebración de la Santa Cruz

Entre cal, arena, andamios, varillas, alambre, vigas y bultos de cemento, por un lado, y guisos, tortillas, carnitas, barbacoa, botanas y bebidas, por el otro, los albañiles (maistros del albur, el doble sentido y hasta el piropo), festejan su día cada 3 de mayo.

Se trata de un grupo que congrega mamposteros, techadores, carpinteros de obra negra, yeseros, escayolistas, instaladores de pisos, azulejos, mosaicos y baldosas, junto con peones, chalanes y medias cucharas que celebran en todo el país el día del albañil.

Esta singular fiesta, acompañada de cohetes, flores, música y, sobre todo, una férrea devoción católica, se relaciona con el día de la Santa Cruz, considerada como la patrona de los trabajadores de la construcción.

La parte fundamental de este festejo consiste en preparar una cruz de madera que se adorna con flores y que llevan a bendecir o que se bendice por un sacerdote en el lugar de la obra, para después colocarla en lo alto de edificios o casas en construcción, al compás de sonoros cohetazos que anuncian la celebración.

Se menciona que esta tradición data de la época colonial a partir de la formación de los gremios, pero también hay otras crónicas que dan pie al origen de la festividad. Una de las más confiables refiere que el 3 de mayo del año 292, la emperatriz Elena, esposa del emperador Constancio Cloro, encontró la cruz donde murió Cristo.

La obsesión de la emperatriz Elena

Mujer de extraordinaria virtud, y perseguida por la idea obsesionante de encontrar la Cruz de Cristo, pidió a su esposo la autorización para demoler el templo dedicado a uno de los dioses del imperio romano, construido justo sobre el monte Calvario, pues estaba segura de encontrar la reliquia bajo el gran templo.

Conseguida la autorización, movilizó a muchos trabajadores de la construcción y efectivamente el 3 de mayo bajo los escombros aparecieron no una sino tres cruces, por lo que dedujo que una debía corresponder a Cristo y las otras a cada uno de los ladrones crucificados a su lado.

¿Cómo saber cuál era la cruz de Jesús? Una idea cruzó por la mente de la emperatriz Elena: mandó llevasen a su presencia un difunto que estaba próximo a ser sepultado, le fueron colocando encima cada una de las cruces encontradas, y cuando lo tocó una en específico, recobró la vida. Ya no había duda: ésta era la verdadera cruz en que murió el Redentor del mundo. Por esta razón, la emperatriz Elena fue canonizada y se le venera como Santa Elena de la Cruz.

A la muerte de Constancio Cloro fue proclamado emperador su hijo Constantino, quien pronto sería testigo de un gran prodigio: marchaba hacia Roma con sus tropas listas para enfrentar a los bárbaros de Majencio, quien pretendía apoderarse del imperio romano y cuyo ejército era muy superior.

Sintiendo Constantino que necesitaba una ayuda extraordinaria, pidió al Dios de los cristianos este auxilio, y su oración fue atendida. Esa tarde, hacia la puesta del sol, apareció en el cielo, y a la vista de todo el ejército, una cruz luminosa con la inscripción “In hoc signo vinces” (Con este signo vencerás).

Esa misma noche se le apareció Cristo en sueños, mandándole que hiciese un lábaro tomando como modelo la cruz que se le había aparecido y lo llevase en todas las batallas.

Así lo hizo: Majencio fue derrotado y en su huida se ahogó en el Río Tíber; desde aquel día, como prenda de su victoria, Constantino mandó poner la cruz como remate de su corona, lo mismo que en las banderas y en lo alto del Capitolio.

Como primer acto de gobierno promulgó  el edicto de Milán en el año 313, por el cual se concedía a los cristianos la libertad de culto, restituyéndoseles las iglesias y demás pertenencias de que habían sido despojados.

Ya en el siglo VII, en el Imperio Romano de Oriente, en el año 611, el monarca persa Cosroes II emprendió la conquista de las provincias bizantinas orientales, con un poderoso ejército, arrasando Siria y Jerusalén, que cayó después de 20 días de asedio en el año 614.

La iglesia del Santo Sepulcro erigida por Constantino, fue saqueada e incendiada, llevándose los invasores un gran botín, en el que, entre otras reliquias, iba la Santa Cruz que Cosroes condujo hasta Ctesifonte, capital sasánida.

Pocos años después, el emperador bizantino Heraclio (610-614) salió de Constantinopla con un fuerte ejército, realizando tres brillantes campañas contra los persas, entre 622 y 628, que llevaron las armas imperiales de victoria en victoria hasta casi las puertas de Nínive.

La Santa Cruz fue recuperada, conduciéndola el Basileo en persona hasta Jerusalén, el 21 de marzo de 630, así nos dice el historiador armenio Sebeos, en su “Historia del emperador Heraclio”.

Época de la Colonia

También se cree que la celebración del Día de la Santa Cruz se heredó desde la época prehispánica, no sin antes haber sido modificada por los evangelizadores españoles después de la Conquista.

La celebración tiene su antecedente en los rituales practicados por las culturas precolombinas para la petición de lluvias y la obtención de buenas cosechas, que se efectuaban al inicio del ciclo agrícola, alrededor de los primeros días de mayo.

Cuando los evangelizadores españoles llegaron al antiguo territorio mexicano, modificaron algunas de las creencias prehispánicas a efecto de que tuvieran similitudes con las de la religión católica.

Durante la Colonia (1521-1821), el ritual prehispánico para la petición de lluvia a Tláloc, dios de la lluvia, se transformó en rezos para las buenas cosechas y se incorporó a la devoción de la Santísima Cruz, la cual se ubicó el primer domingo de mayo dentro del calendario católico, que es el mes mariano o de la Virgen María, día en que se le hace la petición a su hijo Jesús.

Al paso de los siglos, la celebración fue suprimida del calendario litúrgico por el Papa Juan XXIII; sin embargo, los trabajadores de la construcción de México siguieron manteniendo viva dicha tradición.

Dado el fervor religioso de los albañiles, el Episcopado mexicano hizo las gestiones pertinentes para que en México continuara vigente la celebración de la Santa Cruz.

Haya sido como haya sido, lo cierto es que la festividad de la Santa Cruz tiene un gran e importante significado de fe y respeto para los trabajadores de la construcción, un sector que tiene bajo sus manos darle forma física a miles y miles de edificaciones en nuestro país.

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