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Dos batallas

Nuestro calendario cívico dispone que, siempre que llega el 5 de Mayo, la Bandera Nacional sea izada a toda asta, ya que es así como se recuerda aquella batalla en la cual el general Ignacio Zaragoza derrotó en Puebla a los franceses.

Considerando que la Historia no debe estar a merced de intereses partidistas, puesto que su misión es aprovechar la experiencia de nuestros antepasados, conviene hacer algunas precisiones.

La famosa batalla que tuvo lugar el 5 de Mayo de 1862 no fue solamente mérito del general Zaragoza, sino, más bien, de la bravata con que pelearon los indios zacapoaxtlas, así como de un torrencial aguacero que provocó que retrocediesen las tropas francesas comandadas por Lorencez.

Analizando lo que vino después, vemos que el resultado del 5 de Mayo fue equivalente al de una escaramuza, puesto que los franceses regresaron al poco tiempo, tomaron Puebla y acabaron sentando a Maximiliano de Habsburgo en el Trono de México.

La sabiduría popular que conservan nuestros viejos en dichos y refranes puede servirnos de guía para entender muchas cosas.

Tal sería cuando ocurre que se le dediquen exageradas alabanzas a una determinada persona; era entonces cuando nuestros viejos preguntaban: “¿Contra quién va el elogio?”

Efectivamente, exaltar de manera desproporcionada el resultado de la batalla del 5 de Mayo, en el fondo, lo que persigue es ocultar la gran importancia de otra batalla que tuvo lugar cinco años después.

Nos referimos a la que se produjo el 2 de Abril de 1867 en la misma ciudad de Puebla.

En dicha batalla, el general Porfirio Díaz derrotó a las tropas imperiales que defendían dicha ciudad y que estaban bajo las órdenes del general Leonardo Márquez.

Una batalla que cambió drásticamente la historia de México.

El propósito de Leonardo Márquez era acudir a Querétaro para romper el cerco que sobre dicha ciudad había establecido Mariano Escobedo. En el momento en que Porfirio Díaz derrota a Márquez, éste ya no pudo ayudar a los sitiados, quienes se quedaron sin esperanza alguna de salvación.

Contando con la traición de Miguel López, Mariano Escobedo toma la plaza y a las pocas semanas fusila, en el Cerro de las Campanas, a Maximiliano, Miramón y Mejía.

Así pues, la batalla del 2 de Abril (en la cual el héroe indiscutible fue Porfirio Díaz) resultó decisiva para la causa liberal, ya que Benito Juárez poco o casi nada hubiera hecho si la espada de Don Porfirio no hubiese cortado de un tajo los refuerzos que Leonardo Márquez pensaba llevar a Querétaro.

Años después, Porfirio Díaz llegó al poder, se mantuvo en él durante tres décadas, y fue durante todo ese tiempo que (gracias a la educación positivista) las ideas liberales echaron raíces en toda una generación.

Sin embargo, Don Porfirio cayó tras la Revolución de 1910, tuvo que exiliarse y, a partir de entonces, se le consideró poco menos que un leproso.

Esa es la explicación por la cual se festeja de manera desmesurada la batalla del 5 de Mayo y, en cambio, para nada se menciona la del 2 de Abril.

Y es que, festejar la batalla del 2 de Abril implica reconocer los méritos del vencedor, y si eso ocurre, el resultado es que, tanto quienes lo derrocaron, como quienes vinieron detrás, quedasen como ingratos ante un héroe de guerra.

Y si se continúa por ese camino, se van produciendo una serie de incongruencias en las cuales se ve cómo la Historia de México la han escrito los vencedores, sin reconocerle mérito alguno a los del bando contrario.

Eso no es hacer Historia de un modo científico.

Eso es adoctrinar, hacer demagogia y justificar la presencia en el poder de un grupo determinado.

Se entiende fácilmente que la Historia Oficial denigre a Miguel Miramón (por cierto, uno de los Niños Héroes de Chapultepec), ya que, a fin de cuentas, luchó dentro del bando conservador.

Sin embargo, lo que no se entiende es que, dentro de su sectarismo, la Historia Oficial denigre a Porfirio Díaz, quien, a fin de cuentas, fue uno de los personajes más importantes dentro del bando liberal.

Y es que, “cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde”.

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