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¿Brujería o Enfermedad Mental?

1. Introducción. 2. Evolución histórica de las ideas sobre la enfermedad mental. 3. La enfermedad mental, considerada como brujería o posesión diabólica. 4. El retorno al naturalismo y a la búsqueda de causas racionales de la enfermedad. 5. La imaginación como causa de enfermedades y brujería. 6. La Inquisición y la persecución de las brujas. 7. La práctica de la magia. 8. La brujería como herejía. 9. El Malleus Maleficarum. 10. La Inquisición en Alemania y el juicio de las brujas. 11. La cacería de brujas fuera de Europa y la extinción de los juicios hasta el siglo XVIII. 12. Conclusión. 13. Referencias.

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1. Introducción

La locura se ha manifestado de diversas formas en todas las épocas de la humanidad, pero siempre se han reconocido los síntomas de la enfermedad mental como algo distinto, como una conducta que sale de lo habitual. El modo como el ser humano ha entendido la locura y a los enfermos mentales ha pasado por diversas interpretaciones a través de los siglos y es precisamente la interpretación cultural que se ha dado a la locura en los distintos momentos lo que ha determinado la forma como se ha tratado a los enfermos mentales. Los enfermos mentales, y especialmente las mujeres que sufrieron histeria o epilepsia durante el Renacimiento, además de padecer los males que de por sí acarreaba la enfermedad, enfrentaron una situación sociocultural que llevó a muchas de ellas a ser tenidas por brujas o endemoniadas y a morir en la hoguera.

En este trabajo se analiza el modo como la enfermedad ha sido considerada en distintas épocas y los factores sociales y culturales que pudieron haber contribuido a que el fenómeno de la brujería y la superstición haya tenido tan lamentables consecuencias.

2. Evolución histórica de las ideas sobre la enfermedad mental

En épocas primitivas se consideró la enfermedad mental como una maldición, o un castigo divino, y a la vez, la señal que exhibían unos cuantos elegidos por los dioses, por lo que los síntomas mentales, especialmente los síntomas epilépticos como las convulsiones tónico clónicas se consideraban la manifestación de alguna deidad a través de esa persona que incluso llegaba a ser tenida por un dios o semidios y a recibir culto como tal. Más adelante, la tradición que prevaleció en la Medicina, desde la Grecia antigua (siglo V a.C.), hasta los siglos II y III d.C., fue sobre todo de orden naturalista, debido a las influyentes ideas y tratados de medicina de Hipócrates(1) en Grecia (Siglo V a.C.) y de Galeno (siglo II d.C.), en Roma.

Hipócrates (460-377 a.C.), reconoció la locura como una enfermedad física y proporcionó la primera interpretación naturalista de la enfermedad en general. Estableció que todas las enfermedades estaban relacionadas con el desequilibrio o corrupción de los humores (Brain, 1963; Porter, 1998). Desarrolló la teoría de los cuatro humores que fue la hipótesis fisiopatológica por excelencia, a través de la cual se explicaban prácticamente la mayor parte de las enfermedades, aún las de orden psíquico. Hipócrates pensaba que el cuerpo estaba constituido por los cuatro elementos básicos que constituyen toda la materia: agua, fuego, aire y tierra. Estos elementos en el cuerpo humano constituían los cuatro humores básicos: flema, sangre, bilis amarilla o cólera (cholera) y bilis negra (melan cholia). Éstos eran a su vez la base de los cuatro temperamentos: flemático, sanguíneo, colérico y melancólico; de los estados o cualidades del cuerpo: húmedo, caliente, seco y frío; de las cuatro edades del hombre y de las cuatro estaciones. La sangre era naturalmente caliente, y el cerebro naturalmente frío y servía como refrigerador, ayudando a enfriar el calor innato de la sangre. También ayudaba a dormir. Su función (la del cerebro), era la de un regulador, que ajustaba el organismo como un todo (López Piñero, 2002; Porter, 1998).

Galeno (nace en el año 129 d.C.), médico griego que practicó la Medicina en Roma, aceptó la concepción hipocrática de la enfermedad. Fue reconocido como el médico más importante y famoso de la historia de la antigüedad (López Piñero, 2002). Escribió grandes tratados de medicina y perfeccionó la teoría humoral hipocrática que prevaleció prácticamente hasta finales del siglo XVIII. Según Galeno, el desequilibro humoral era responsable de cuatro tipos de “enfermedades mentales”: furia, manía, melancolía y fatuidad.

El punto de vista de los médicos griegos permitió que la locura fuera tenida como un problema médico y no mágico. La manía y la melancolía, la primera caracterizada por excitación y la última por depresión, eran las enfermedades mentales más comunes. Los métodos de tratamiento promovían la “purga” del humor excesivo y corrupto. La sangría fue utilizada para evacuar el exceso de sangre; los purgantes, el exceso de bilis; la trepanación permitía que el frío entrara en el cerebro y de ese modo pudiera salir el exceso de flema; y la actividad sexual para evacuar el exceso de calor. El calor innato podría ser convertido en semen mediante la actividad sexual, pero como las mujeres no tenían suficiente calor, éste era convertido en flujo menstrual o en leche.

Una de las enfermedades mentales que los griegos definieron fue la histeria, llamada así porque creyeron que era una enfermedad mental que tenía su origen en el útero, que en griego se llama hysterus. Si el origen estaba en el útero, la enfermedad sólo podía afectar a las mujeres. Los griegos también creyeron que el útero era una especie de “animal salvaje” que se salía de su lugar y se movía o vagaba por todo el organismo provocando unos dolores y unas contorsiones horribles en la mujer. Galeno estaba de acuerdo en el origen uterino de la histeria pero negó la capacidad del útero para vagar por todo el cuerpo, o que éste fuese un animal, tal y como sostuvieron algunos de sus contemporáneos (Brain, 1963; P. Chodoff, 1982). Para Galeno, la principal causa de la histeria era la abstinencia sexual forzosa, o la retención de una sustancia análoga al semen que la mujer producía dentro del útero y que podía ser venenosa, lo cual provocaba la enfermedad. El hombre también podía sufrir de histeria (o una enfermedad con manifestaciones muy similares) en caso de que hubiera retención de esperma, lo cual era más peligroso (Quintanilla-Madero, 2009; Veith, 1965; Williams, 1990). Los ataques y contorsiones que sufrían los pacientes durante un ataque de histeria, a veces eran indistinguibles de los producidos por la epilepsia, de modo que tanto la histeria como la epilepsia, fueron dotadas de especial significado (mágico o religioso) en diferentes períodos de la historia como veremos más adelante (Porter, 1998).

Durante los siglos II y III d.C., la tradición naturalista y la explicación médica de la enfermedad empezó a decaer en Grecia y en Occidente. El cambio fue debido, sobre todo, a que epidemias de enormes proporciones asolaron el Imperio Romano y los médicos fueron incapaces de manejarlas. Se observó entonces entre la población del Imperio un retorno a la religión y al misticismo; la gente acudía a los templos de Esculapio buscando curación y consuelo. Los miedos supersticiosos ganaron fuerza y se pensó que muchas enfermedades eran causadas por espíritus malignos. En los países cristianos se observó un fenómeno similar y se empezaron a nombrar distintos santos como “patronos” contra las diferentes enfermedades (Veith, 1965).

La tradición naturalista y muchos de los tratados de medicina antiguos dejaron de ejercer su influencia al grado que incluso, fueron dejando de ser conocidos en Occidente. No es sino hasta el siglo IX cuando se observa un resurgimiento de la medicina clásica griega entre los árabes, quienes tradujeron a un árabe elegante y preciso los textos médicos griegos, especialmente a Galeno.

La medicina árabe-islámica dio al mundo importantes y famosos médicos como Haly Abbas o Avicenna (Siglo XI), quien escribió importantes tratados como el Qanum o Canon de Medicina. El Qanum fue el texto médico más importante en las Universidades Europeas tales como Montpellier, Padua o París hasta el siglo XVII. Durante los siglos XI y XII los tratados clásicos ya en Árabe, fueron traducidos a un Latín académico y preciso por estudiosos árabes en la España musulmana. De este modo las ideas médicas griegas entraron en el resto de Europa y los tratados fueron copiados y reproducidos por los monjes en los monasterios. Esto permitió un retorno hacia la medicina clásica y hacia el punto de vista naturalista de la enfermedad (Porter, 1998).

Sin embargo, en la Edad Media, el resurgimiento de la medicina naturalista, sufrió un grave descrédito, cuando la Peste, una de las más graves pandemias que ha sufrido la humanidad, asoló Europa. Hacia el final de la Edad Media, la peste había terminado con casi la mitad de la población europea. Se calcula que murieron más de treinta millones de personas. El miedo al contagio era tremendo. Hubo ciudades enteras que quedaron vacías. Las casas que tenían algún enfermo eran clausuradas y a los enfermos se les aislaba y se les abandonaba. Ningún tratamiento era efectivo. El miedo al contagio y a la muerte que aparecía por todas partes, trajo como consecuencia de nuevo, la idea de que la enfermedad no obedecía a causas naturales, sino sobre todo a fuerzas sobrenaturales o a espíritus malignos, y de que los médicos no eran capaces de curar la mayor parte de las enfermedades. La magia y la religión, pero especialmente las supersticiones tomaron nueva fuerza(2). Los tratamientos de la medicina clásica se mezclaron con los de los curanderos y parteras, o con los hechizos y los exorcismos. La posesión diabólica se sospechaba en casos en los que los pacientes tenían ataques o convulsiones como en la histeria y la epilepsia y también en algunos casos de melancolía o si presentaban alucinaciones.

CONTINUARÁ…

NOTAS:

1) Los trabajos de Hipócrates y de sus seguidores fueron reunidos en una gran colección de escritos conocida como “Corpus Hippocraticum” (Hart, 2001; López Piñero, 2002).

2) En el caso concreto de la peste, no se echó la culpa a los hechiceros, sino a los judíos (Cfr. Decker).

* Colaboración de la Sociedad Mexicana de Ciencias, Artes y Fe (SMCAF).

Colección "Ciencias, Artes y Fe en Búsqueda de la Verdad", publicados en Senderos de Verdad-1 (2013)

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