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Historia de las Colecciones Científicas en México

1. Antecedentes. 2. Historia Natural en la Nueva España. 3. La Historia Natural en el México del siglo XIX. 4. La Historia Natural en el México del siglo XX. 5. Colecciones mexicanas modernas. 6. Literatura consultada.



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1. Antecedentes

El conocimiento de la naturaleza siempre ha sido de interés para el hombre a lo largo de su desarrollo. Y una de las formas más antiguas de proceder al conocimiento de la naturaleza ha sido la recolección y preservación de organismos. La cultura egipcia fue la primera en desarrollar técnicas para evitar la descomposición de animales: estos eran preservados con el fin de acompañar en sus tumbas a las personas de alto rango.

El uso de técnicas de preservación, como la disecación con fines de estudio, data de la antigua Grecia, en donde Aristóteles, en el año 335 a. C., fundó el Lykeios (denominado así por estar situado dentro de un recinto dedicado a Apolo Licio). En esta escuela se formaron las primeras colecciones de historia natural (Guiascon, 2006).

Dentro de la historia de las colecciones, los museos han sido el bastión para el desarrollo de las mismas. Su origen se remonta también a la cultura helénica; primero como parte de un ritual en que se depositaban ofrendas en el museion o templo de las musas (Ramírez-Pulido, 2006); y después con la construcción del Museion de Alejandría en el año 300 a. C., que llegó a ser uno de los centros más importantes de la ciencia natural.

El imperio romano continuó con la concepción del museo y la tradición de las colecciones zoológicas. Un ejemplo de ello es la obra Naturalis historia, vasta compilación científica en 37 libros, escrita por Plinio el Viejo hacia el año 70 de la era cristiana.

En la Edades Antigua y Media, se popularizaron las historias de animales combinadas con alegorías religiosas. El primer texto conocido de este tipo es el Physiologus (el naturalista) escrito en Alejandría entre el siglo II y el IV d. C. Más tarde, a finales del siglo XII y principios del XIII, otros libros semejantes llamados bestiarios, llegaron a formar parte de la naciente actividad científica de las primeras universidades: Bolonia, París, Oxford, Cambridge, Padua, Salamanca… (Guiascon, 2006).

En el siglo XVI surgieron colecciones a gran escala conocidas como Cámaras de maravillas. Éstas consistían en uno o varios cuartos en donde se exhibían animales excéntricos disecados, fósiles, minerales, antigüedades y muchas otras piezas. Una de las más sobresalientes fue la Cámara del fisiólogo danés Ole Worm.

Ya en el siglo XVII, la madurez en el espíritu científico, el interés por las ciencias básicas, la observación y la experimentación como método en el estudio de los fenómenos naturales, dieron origen a los Gabinetes de historia natural y con ellos a las primeras Sociedades Científicas ( Polo, 2000).

El aumento de ejemplares en los Gabinetes planteó un nuevo problema: el desarrollo de técnicas para preservar los ejemplares y la información; Edward Bolnest publicó en 1672 su obra Aura Chymica: a rational way of preparing animals, vegetables and minerals, for Physical use. De una manera más especifica, en 1713 John Ray publicó Synopsis Methodica Avium et Piscium, con la cual se inicia la ordenación sistemática de peces, aves y mamíferos. Y en 1727 Caspar Friedich Neickel publica Museographia, en la que trata de los sitios más adecuados para establecer un gabinete (Guiascon, 2006).

2. Historia Natural en la Nueva España

El mundo prehispánico tenía un conocimiento profundo sobre la naturaleza que le rodeaba y la instrucción de estos pueblos estaba lejos de ser rudimentaria; el conocimiento de la herbolaria era superior al europeo, la clasificación se hacía en base a las características del hábitat, utilidad y morfología. Estos conocimientos se vertían en libros o códices hechos de cuero de venado, papel amate o maguey, con jeroglíficos por ambos lados.

El príncipe chichimeca Netzahualcóyotl tenía una gran biblioteca en Texcoco. De igual riqueza era la biblioteca de Moctezuma II depositada en el Calmecac. Y al igual que poseían estas bibliotecas también existían grandes colecciones en templos y palacios. (Ortega y Godínez,1996).

Estos ricos conocimientos naturales causaron tan gran impresión y admiración en los conquistadores españoles, que Hernán Cortes se volvió un gran difusor de la cultura mexicana en Europa.

Ya instalado el virreinato, muy pronto se inició la tarea de la enseñanza, y en 1551 se fundó la Real y Pontifica Universidad de México, promovida con gran fuerza por el primer obispo-arzobispo fray Juan de Zumárraga y el primer virrey Antonio de Mendoza (Florescano, 2008).

En su inicio se impartían siete cátedras o siete columnas: Teología, Escritura, Cánones, Leyes, Artes, Retórica y Gramática, para que tanto los naturales como los hijos de españoles fuesen instruidos en las cosas de Nuestra Fe Católica y en las demás facultades (De la Plaza y Jaen, 1931).

Aunque de entrada las ciencias naturales como la botánica o zoología no se impartieron en la Universidad, varias obras importantes se escribieron sobre la diversidad en flora y fauna presente en la Nueva España. Las más sobresalientes son: en primer lugar la obra de Fray Bernardino de Sahagún, escrita hacia 1570: Historia general de las cosas de Nueva España, en donde se rescataron muchas de las tradiciones y costumbres de los indígenas. Y en segundo, el Códice florentino, que siguió el método de la Historia Natural de Plinio (Ortega y Godínez, 1996).

El siglo XVIII fue de gran avance para la ciencia en la Nueva España. El rey Carlos III, con el objetivo de conocer los recursos naturales, impulsó la Expedición Botánica a Nueva España bajo la dirección del médico Martín de Sesse. Esta expedición fue la más larga y se consideró como una ampliación de la realizada por el protomédico Francisco Hernández en el siglo XVI, con el objeto de recolectar y estudiar plantas medicinales de México (Polo, 2000).

Dentro de este importante proyecto participó el también medico José Longinos Martínez, cuya pasión por la historia natural y su firme personalidad provocaron un fuerte choque con Sesse. Longinos tenía una gran habilidad para trabajos anatómicos, y para disecar y preparar material. Su fascinación por lo hallado en la Nueva España se expresa en el siguiente párrafo:

“Son infinitas las producciones que este Nuevo Mundo nos ha presentado en los tres reinos de la Naturaleza, más peregrinas y desconocidas por los autores, principalmente en el reino mineral, en el animal, aves e insectos”.

El resultado de su trabajo fue la formación del primer Gabinete de Historia Natural en México, ubicado en el número 89 de la calle Plateros, hoy Francisco I. Madero del centro histórico. Este importante logro fue anunciado en la Gaceta de México del 27 de abril de 1790 haciendo la siguiente descripción de los 24 estantes (Bernabeu,1994):

“El 1 sirve de biblioteca, con especiales y costosos libros de Historia Natural, Química, Botánica, Física, Anatomía, Mineralogía, Matemática, etcétera.

“El 2, 3, 4 y 5, con animales, en donde se podrá manejar y examinar aun los más feroces sin el menor recelo ni repugnancia: allí veremos la volubilidad de las aves reducida al más sosegado reposo para observar de cerca los más preciosos matices.

Los pescados que con escamas surcan los mares, causaran admiración vistos de cerca. Y aun aquella república más despreciada por el hombre, los insectos digo, aquellos seres tan pequeños en quienes se necesita el microscopio para admirar más y más la sabiduría del Divino Hacedor se presentarán de manera que el más despreciable embelesará al hombre, obligándole a bendecir al Criador.

“El 6, se compone de 20 cajones en figura de libros, que contiene el herbario o jardín seco según las 24 clases del sistema sexual de Linneo, y varias hojas y partes de vegetales desecadas para manifestar su organización y estructura interna; se completa este estante con otros 22 cajones en la misma forma según el sistema de Tournefort, todos en folio de marquilla.

“El 7 y 8, con minerales de oro y plata, en donde se ven muchas piedras de estudio, unas admirables por lo exquisito y precioso, otras por la variedad de sus matices, accidentes y combinaciones, que son ciencia en otras tantas lecciones.

“El 9, sigue con iguales piedras de los minerales de cobre, hierro, estaño, plomo y azogue.

“El 10, con semimetales, marcasitas, piritas, azufres, mármoles, ágatas, etcétera.

“En el 11 y 12 están las sales, piedras preciosas, cuarzos, espatos, estalactitas, guijarros jaspeados, etcétera.

“En el 13, 14, 15 y 16, lo perteneciente al reino vegetal, como, resinas, semillas, gomas, bálsamos, maderas, cortezas, raíces, etcétera.

“El 17, con petrificaciones y osamentas de elefantes encontrados en varios parajes del reino. Con estos fragmentos, bien examinados, se aclaran las dudas y disputas de los padres Torrubia y Betancourt, que, en el Aparato a la Historia Natural de este reino y Teatro Mexicano, hacen mención de dichas osamentas.

“En el 18, producciones de volcanes.

“En el 19, tierras y antigüedades.

“En el 20 y 21 producciones de mar, como testáceos, crustáceos, madréporas, lythophytos, zoophytos, corales, coralinas, etcétera.

“En el 22, 23 y 24, varias piezas de anatomía naturales y de cera; éstas sacadas por los originales de las que mostraron los profesores del gran establecimiento del Real Colegio de Cirujía de Madrid como primer fruto de sus tareas, que vio Su Majestad con agrado y complacencia. Igualmente contiene varias maquinas de Física y Química, como microscopios, óptica, cámara obscura, maquina eléctrica, piedra de imán, prismas, barómetros, termómetros, matraces, recipientes, retortas, etcétera”.

Cabe resaltar que estaba abierto al público en general. Y que puede considerarse también como el primer museo de México, según los requisitos señalados recientemente por el ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios):

“Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, y abierta al público, que se ocupa de la adquisición, conservación, investigación, transmisión de información y exposición de testimonios materiales de los individuos y su medio ambiente, con fines de estudio, educación y recreación.” (ICOM, 2007).

El Gabinete de Historia Natural creado por José Longinos gozó de gran prestigio y se exhibieron en él maravillosas piezas como: osamentas de mamut, aves exóticas, minerales preciosos, todo esto arreglado según el Systema Naturae de Carlos Linneo; así como un importante número de libros. El Gabinete permaneció en la calle de Plateros por doce años, hasta su traslado en 1802 al antiguo Colegio de San Ildefonso. Longinos luchó porque éste fuera trasladado a las instalaciones del Castillo de Chapultepec, pero la petición fue negada y en los primeros años de la guerra de Independencia sufrió enormes saqueos y daños. Más tarde, fue trasladado a la Universidad Pontificia donde lo poco que quedaba se conservó hasta el fin de la guerra (Ramírez-Pulido, 2006).

3. La Historia Natural en el México del siglo XIX

A partir de este momento la formación y conservación de colecciones sufrirían muchos altibajos ya que a pesar de los esfuerzos de Lucas Alamán, el presbítero Isidro Icaza y otras muchas personas, los asuntos políticos del país afectaban directamente la prosperidad de los museos.

En 1823 se establecen un Conservatorio de Antigüedades y un Gabinete de Historia Natural en la Universidad Pontificia por orden del emperador Agustín de Iturbide.

Dos años más tarde, durante el mandato del primer presidente de México Don Guadalupe Victoria, se creó el Museo Nacional, en los locales de la Universidad. En 1831 pasó a llamarse Museo Nacional Mexicano. Su misión era ser un establecimiento científico que comprendiera tres ramos: 1. antigüedades, 2. productos de industria, y 3. historia natural y jardín botánico. Sin embargo sufriría diversos cambios a causa de las guerras y cambios frecuentes de regímenes políticos.

El primero de estos cambios se dio durante la corta presidencia de Valentín Gómez Farías: el 19 de octubre de 1833 cerró la Universidad Pontificia y estableció la Dirección General de Instrucción Pública, asignándole una misión meramente educativa.

Más tarde, Antonio López de Santa Ana reabrió la Universidad, ordenando que el Museo Nacional Mexicano, el Gabinete de Historia Natural y la cátedra de botánica fuesen anexadas al Colegio de Minería.

En 1865 el archiduque Maximiliano de Habsburgo reubica el Museo en la antigua casa de Moneda, junto con una biblioteca con los libros procedentes de la Universidad y los extintos conventos. Para entonces, el Museo poseía 63,945 ejemplares.

A pesar de las dificultades en este siglo XIX, hubo importantes avances en la historia natural de México y en la museografía. Uno de primera importancia fue la fundación, en 1868, de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.

Otro de los avances en este campo fue la formación, en 1877, de la Comisión Geográfica Exploradora Nacional, con el propósito de conocer los recursos naturales del país. Con las exploraciones que se realizaron, el número de ejemplares en las colecciones aumentó considerablemente.

4. La Historia Natural en el México del siglo XX

En 1909 se decreta la formación del Museo Nacional de Historia Natural, con el material proveniente del departamento de Historia Natural del Museo Nacional Mexicano. Fue instalado en el “palacio de Cristal” en la Calle del Chopo # 10, y quedó a cargo del Dr. Jesús Díaz de León. Abrió sus puertas oficialmente en 1913. Pronto el vulgo

comenzó a llamarlo “el Museo del Chopo”, calificativo que conserva todavía hoy. Años más tarde, la Sociedad Mexicana de Historia Natural se incorporó al Museo, enriqueciéndolo con sus colecciones de aves, reptiles, conchas, fósiles, insectos, crustáceos y minerales (Pulido, 2006). Según Ortega, Godínez y Villaclara (1996), su organigrama era el siguiente:

En 1915 Alfonso L. Herrera toma la dirección del Museo Nacional de Historia Natural, al cual consagraría su vida. En ese mismo año el Museo se fusionó con otras dos importantes instituciones: la Comisión de Exploración Biológica de la Comisión Geodésica y el Instituto de Biología General y Médica, dando lugar a la Dirección de Estudios Biológicos, que quedó también a cargo de Alfonso L. Herrera. El objetivo principal de esta organización era la fundación de zoológicos, acuarios y establecimientos de experimentación científica. (Guiascon, 2006).

Las colecciones del Museo fueron aumentando: adicionó las secciones de protozoarios, de antropología, de colecciones regionales y de biología. También se realizaban actividades como manufactura de modelos biológicos, dibujos, taxidermia etcétera.

En este tiempo también se formaron el parque zoológico, el acuario y el jardín botánico ubicados en el Bosque de Chapultepec. Cabe resaltar que el jardín botánico contaba con 24, 387 ejemplares clasificados y catalogados (Ortega y Godínez, 1996).

Desgraciadamente los ejemplares del museo sufrirían un terrible deterioro a causa de las pésimas condiciones que el museo ofrecía; al ser una estructura de cristal el exceso de luz alteró gravemente el material.

5. Colecciones mexicanas modernas

Como pudimos ver en las páginas anteriores, la historia de las Colecciones Mexicanas no ha sido la mejor de todas. La mayoría de los ejemplares que se colectaron en los siglos XVIII y XIX desaparecieron, a excepción de algunos que se conservan en las colecciones del Instituto de Biología.

También existen algunas Colecciones particulares, como es el caso del Museo de Historia Natural “Alfredo Duges”, que posee una de las colecciones mejor preservadas del siglo XIX (Magaña-Cota, 2002).

Una causa de la desaparición de las Colecciones, es la idea equivocada de que las colecciones son sólo un lugar de almacenaje. Tal idea es producto de la ignorancia y del poco valor que se le da al trabajo de la taxonomía, importante trabajo que requiere de una constante actualización, ya que la clasificación de organismos no es estática.

El papel que tienen las colecciones en el desarrollo de una nación es enorme. Baste como ejemplo el manejo de recursos naturales de forma sustentable: éste no se puede dar sin un conocimiento preciso de la diversidad existente. Los registros de las colecciones nos permiten verificar la presencia de una especie en determinada región y cómo ha variado su población a lo largo del tiempo.

México es uno de los países con mayor riqueza en diversidad de especies biológicas: se encuentra dentro de los 12 países más diversos del mundo. Es el primero, junto a Brasil, Colombia e Indonesia en diversidad de reptiles; el segundo en especies de mamíferos; el cuarto en anfibios y plantas vasculares; y el décimo en especies de aves. Aproximadamente el 10% de las especies biológicas existentes en el mundo, se encuentran en México. Por ello, el compromiso de estudiar nuestra diversidad es muy grande. Y sólo se logrará destinando mayores recursos a la investigación y a las instituciones que la realizan.

Actualmente las Colecciones Científicas están bajo la Dirección de Instituciones de Investigación o Educación, y se han desarrollado en todo el país. Podemos observar algunas en la siguiente Tabla. Como salta a la vista, la mayoría de ellas se encuentran dentro del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

6. Literatura consultada

• Bernabeu, S. (1994), Diario de las expediciones a las Californias de José Longinos. Ed. 12 Calles Theatrum Naturae. Colección de Historia Natural p. 25-44 ISBN 84-87-111-33-5.

• De la Plaza y Jaen, C. (1931) Crónica de la Real y Pontifica Universidad de México. Escrita en el siglo XVII por el bachiller Cristóbal Bernardo de la Plaza y Jaen. Versión paleográfica, proemio, notas y apéndice por el profesor Nicolas Rangel. Libro primero.

• Guiascon, O. (2006). Raíces históricas de las colecciones zoológicas en México y del Museo de Historia Natural. En. Lorenzo C., Espinoza E. Briones M. (Eds), Colecciones Mastozoologías de México, pp. 57-73. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Biología. Asociación Mexicana de Mastozoología, A.C. ISBN 970-32-4045-3. México, D. F.

• Magaña-Cota, G. (2002). Aves del Museo de Historia Natural Alfredo Duges. Federación Mexicana de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente; AIDIS. Memorias. México, D.F., FEMISCA, 2002, p.1-4. Obtenida el 16 de Agosto de 2009 de www.bvsde.paho.org/bvsaidis/mexico13/135.pdf

• Ortega M., Godínez J. y Villaclara G. (1996). Relación histórica de los antecedentes y origen del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.ISBN 968-36-5027-9

• Polo, J. (2000). El primer gabinete de historia natural de México y el reconocimiento del noroeste novohispano. En Estudios de historia novohispana 21,49-66

• Ramírez-Pulido, J. y González-Ruiz, N. (2006). Las colecciones de mamíferos de México: origen y destino. En Lorenzo C., Espinoza E. Briones M. (Eds), Colecciones Mastozoologías de México, pp. 73-107. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Biología. Asociación Mexicana de Mastozoología A.C. ISBN 970-32-4045-3. México, D.F

• Sahagún, Fray Bernardino de, Historia General de las cosas de Nueva España. Libro undécimo de los peces, de las yerbas y de las yerbas medicinales. Edición facsímil de la Biblioteca Madicea Laurenziana de Florencia manuscrito 218-20. Gobierno de la República Mexicana.

En Internet:

• CONABIO Información de las colecciones mexicanas. Obtenida el 16 de agosto del 2009 de http://www.conabio.gob.mx/informacion/acttax/doctos/cc.html

• Development of the museum definition according to ICOM Statutes. Obtenida el 1 de Agosto del 2009 de icom.museum/definition.html

• Mexican diversity. Obtenida el 5 de agosto de 2009 de http://www.vivanatura.org/Biodiversity.html

• The medieval bestiary. Obtenida el 5 de agosto del 2009 de http://bestiary.ca/index.html

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* Sociedad Mexicana de Ciencias, Artes y Fe

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