Últimas noticias:

Darwinismo y Creacionismo

1.- Antecedentes, 2.- El hombre, ¿sólo un animal?, 3.- Evolucionismo vs. Creacionismo, 4.- Cada alma: una nueva creación, 5.- ¿Qué diferencia hay entre la reproducción animal que sigue las leyes y ciclos biológicos y la tarea humana de transmitir la vida?, 6.- El ser humano no es reproducido sino procreado, 7.- Conclusiones, 8.- Bibliografía.



1. Antecedentes

Quizás nadie ha influido en nuestro conocimiento de la vida en la Tierra tanto como el naturalista inglés Charles Robert Darwin (1809-1882).

Es ampliamente conocido el viaje que realizó a bordo del HMS Beagle entre los años 1831-1836 y cómo este viaje resultó definitivo para formular su teoría sobre el origen de las especies, según la cual todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural. Con el tiempo su teoría se ha convertido en el principio unificador de las ciencias de la vida.

Hechos tales como la naturaleza progresiva de formas fósiles en el registro geológico, la distribución geográfica de las especies, las estructuras homólogas, los órganos rudimentarios y de anidación, no han encontrado otra explicación ni antes ni después que les dé sentido.

La controversia se desencadena cuando Darwin postula que la diferencia entre los seres humanos y otros animales es soló de grado y no de clase, es decir que somos simplemente resultado de la evolución biológica.

2. El hombre, ¿sólo un animal?

La definición clásica del hombre como “animal racional” ha sido incluso muy utilizada por la filosofía cristiana, de modo que la Iglesia nunca se ha opuesto a que se investigue científicamente el posible origen del cuerpo humano a partir de otros animales.

Las dificultades surgen cuando lo que se pretende afirmar es otra cosa: que el hombre es sólo un animal; más inteligente, más evolucionado, pero sólo con una diferencia de más o menos y en la misma línea, o sea sólo con una diferencia de grado.

Por lo que hay que aclarar que el reconocimiento de la complejidad de la persona humana, el admitir toda la riqueza de las distintas facetas que integran a todo ser humano, llevará al científico honesto -el que busca la verdad completa sobre el objeto de su estudio- a reconocer que el alma humana, por principio, cae fuera del ámbito de la ciencia experimental. Pues si existe el espíritu se requiere una creación especial por parte de Dios, aunque el cuerpo tenga orígenes materiales. De modo que la ciencia positiva tendría que distinguir cuáles son las preguntas que puede contestar y cuáles no.

Así, se abre la puerta a la interdisciplinariedad, lo que nos permite reconocer otros niveles y formas del conocimiento.

3. Evolucionismo vs. Creacionismo

Quien interprete la Biblia de modo excesivamente literal, fácilmente considerará como científicas algunas informaciones que deben ser entendidas en el contexto del estilo empleado en esas narraciones.

Esta corriente, que ha confluido en el llamado “creacionismo científico”, ve en el evolucionismo un poderoso aliado del materialismo moderno que pretende difundir a gran escala una visión relativista y atea que socava los fundamentos mismos de la civilización humana.

La mayor parte de los creacionistas sostienen que el mundo fue creado casi instantáneamente hace unos pocos miles de años, ellos se oponen no sólo a la teoría de la evolución, sino a toda interpretación científica del pasado. Si prevaleciera esta posición, la Geología, la Paleontología, la Arqueología e incluso la Cosmología deberían reformularse.

En el otro bando de la contienda se encuentra el evolucionismo radical. Sus defensores han visto en las teorías evolucionistas la prueba científica de que no es admisible la creación. El origen del universo y del hombre lo explican sin necesidad de recurrir a la existencia de un Dios creador, noción que según ellos habría sido superada por el avance científico. El hombre no sería más que un producto de la evolución al azar de la materia.

La realidad es que la evolución como hecho científico y la creación divina se encuentran en dos planos diferentes: no existe la alternativa entre evolución o creación, como si se tratara de dos posturas entre las que hubiera que elegir. Se puede admitir la existencia de la evolución y, al mismo tiempo, de la creación divina. Si el hecho de la evolución es un problema que ha de abordarse mediante los conocimientos científico-experimentales, la necesidad de la creación divina responde a razonamientos metafísicos.

De este modo la existencia y la creación divinas son compatibles con procesos naturales como la evolución, a través de la cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan.

La creación, entendida en el contexto de la evolución, se plantea como un acontecimiento que se extiende en el tiempo, como una creación continua, pues podría haber una evolución dentro de la realidad creada de tal manera que, quien sostenga el evolucionismo, no tiene motivo alguno para negar la creación.

Es decir, en todo caso la creación es necesaria tanto si hubiera evolución como si no, pues se requiere para dar razón de lo que existe, mientras que la evolución sólo se refiere a transformaciones entre seres ya existentes. En este sentido, la evolución presupone la creación

4. Cada alma: una nueva creación

Si reflexionamos, todos tenemos la certeza de ser únicos, irrepetibles. Respuestas a las eternas cuestiones humanas de quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos van más allá de lo que describe la ciencia experimental.

De modo que la certeza del foco interno de individualidad única es lo que exige la creación divina; los factores ambientales vendrán a ser elementos que modifican al individuo pero que no lo determinan.

5. ¿Qué diferencia hay entre la reproducción animal que sigue las leyes y ciclos biológicos y la tarea humana de transmitir la vida?

En los primeros capítulos del Génesis leemos cómo el Creador crea al hombre a su imagen y semejanza, lo cual quiere decir que el hombre no es causa de sí mismo, y que cada hombre está llamado a existir con Dios y a participar de la vida de Dios.

Por otra parte, desde el punto de vista biológico sabemos que los animales se reproducen perpetuando la especie y siguiendo las leyes que rigen la generación, de modo que la biología dicta la vida a todo animal no-humano.

La radical diferencia de la transmisión de la vida humana frente a la reproducción zoológica en función de la especie viene marcada por la libertad existente en cada ser humano, su indeterminación frente al automatismo del instinto animal: no está ajustada por el instinto, ni reducida a los individuos mejor dotados por la biología, ni pautada por la selección natural a la adaptación al entorno.

El acto de unión corporal entre un hombre y una mujer que permite engendrar coincide con el gesto natural de expresar el amor específico y propio entre un varón y una mujer. Este gesto unitivo no está cerrado como fin en sí mismo de transmitir la vida, sino que está abierto a una relación interpersonal libre que a su vez le abre la impredecible historia de la relación paterno-filial.

6. El ser humano no es reproducido sino procreado

Las especies animales reproducen íntegramente su naturaleza en nuevos ejemplares de su especie. Pero la fuerza generativa del hombre no es la reproducción, sino la procreación.

Los cuerpos personales de los padres son los autores del cuerpo vivo del hijo, pero la persona humana no procede sin más de sus padres sino que es procreada: el hombre no se reproduce, sino concrea, en el sentido de que el mismo sujeto que es engendrado es creado directamente por parte de Dios, quien infunde el alma.

Los padres humanos no son meramente causa eficiente del hijo sino que participan del poder del amor creador de Dios. Así, el hijo es un don y fruto de la entrega amorosa, no de un instinto automático, por lo que el único ámbito digno de origen de un ser humano es la intimidad conyugal, que lleva al hombre y a la mujer a ser una caro: una sola carne.

De modo que a diferencia de las fuerzas de la selección natural que determinan el equilibrio de la reproducción animal, el ser humano tiene un proyecto personal de uno y una, llamado familia.

Así se explica que las decisiones humanas no estén de suyo dictadas por la biología y por tanto cada hombre se proyecte más allá del mero vivir y sobrevivir.

7. Conclusiones

El ser humano es un ser libre, liberado del encierro en el automatismo de su biología.

La capacidad de apertura a un modo de saber más allá de la esfera de lo empírico hace posible liberar la verdad científica de su encierro en la mera esfera de lo fáctico.

Los hechos que la ciencia biológica del hombre describe, y en cuyo significado natural profundo penetra, pertenecen a la esfera de lo humano. Sólo en relación con el ser personal adquieren su pleno sentido.

La respuesta al misterio de la humanidad del hombre no se encuentra tanto en el camino de su semejanza al animal, como individuo de la especie, sino de semejanza a Dios como ser personal; un ser único que responde a un gesto creador, es decir, a una llamada singular por parte de Dios.

Por todo lo anteriormente expuesto resulta oportuno subrayar que las polémicas que se suscitan en nuestro tiempo alrededor del aborto, la eutanasia, fecundación in vitro, reproducción asistida, familia, la capacidad del ser humano para unirse al proyecto de vida que Dios traza para cada individuo, manipulación de embriones, entre otros, han de reconsiderar sus posturas a la luz de estas consideraciones.

Quiero terminar estas líneas con una cita tomada del libro Jesús de Nazaret escrito por Benedicto XVI: El Padrenuestro en su conjunto, y esta petición en concreto, (Y líbranos del mal) nos quieren decir: cuando hayas perdido a Dios, te habrás perdido a ti mismo; entonces serás tan sólo un producto casual de la evolución, entonces habrá triunfado realmente el “dragón”. Pero mientras éste no te pueda arrancar a Dios, a pesar de todas las desventuras que te amenazan, permanecerás aún íntimamente sano.

8. Bibliografía

* Artigas, M.1991. Las Fronteras del Evolucionismo. Ediciones Palabra, S.A., Madrid, 206 p.

* López Moratalla, N. 2006. Repensar La ciencia. Ediciones Internacionales Universitarias, S.A., Madrid, 194 p.

* National Geographic: Felicidades señor Darwin. Febrero 2009. Vol.24-Núm. 2.

* Biblia de Navarra. Edición Popular. 2008. Midwest Theological Forum, USA y EUNSA, Pamplona, España, 1912 p.

* Ratzinger, J. 2007. Jesús de Nazaret. Planeta. México. 447 p.

En línea:

- www.arvo.net

- http://es.wikipedia.org

- http://darwin-online.org.uk/

..........

* Sociedad Mexicana de Ciencias, Artes y Fe

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Comentarios  

#1 Rogelio Monroy 07-01-2017 11:08
Excelente articulo
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar