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La Candelaria: más de mil variedades de tamales para disfrutar

¿Sabía usted, amable lector(a) que a lo largo y ancho de México existen más de mil variedades de ricos y deliciosos tamales?


Tradiciones de México


Zacahuil, pata de burro, nacatamales, canarios, juacané, xocotamales, chanchamitos, guajolotas, chuchitos, chanchamitos, padzitos, púlacles, y los tradicionales de frijol con rajas, verdes, de mole, rajas con queso, chicharrón, dulce, piña con nuez, costeños verdes y rojos, oaxaqueños, poblanos, chiapanecos, veracruzano y yucatecos; también de atún, de güemes, colados de gallina, de verduras, rellenos de carne de puerco o de pollo.

El repertorio es muy amplio y de hecho las investigaciones más rigurosas los clasifican en siete subgéneros: los salados y los dulces, los nuevos o de elote tierno, los encueraditos, los de acompañamiento o compañía, los tamales de cazuela y budines, platillos derivados y mixiotes.

En la amplia gama de sabores, aromas y colores hay tamales para todos los gustos y celebraciones. Se trata de un manjar elaborado tradicionalmente con masa de maíz cocido con cal (nixtamal) y envuelto en hojas de mazorca o de otras plantas, como plátano, hoja santa o maguey.

A través de los siglos, el tamal se ha convertido en un alimento indispensable en la dieta de los mexicanos; se come los 365 días del año, a cualquier hora del día y su consumo no distingue credos ni clases sociales.

Un alimento de consumo diario

Con raíces que se remontan a los días en que florecieron en México las culturas originarias, el tamal es, sin lugar a dudas, uno de los alimentos preparados  que más se consume en el territorio nacional.

Es así como los tamales forman parte importante en la dieta de los mexicanos y son muy populares en fiestas y celebraciones, hasta como alimento diario.

El término “tamal” proviene del náhuatl tamalli que significa “envuelto”, pero cada cultura los denomina de acuerdo con su idioma, por ejemplo, wati (totonaca), corundas y uchepo (p’urhépecha), miiky (mixe), pictes y shascul (maya); además se dividen según su consumo, cotidiano o ritual.

Fray Bernardino de Sahagún registró una superstición de los naturales: “Decían que el que comía aquel tamal pegado, si era hombre, nunca tiraría bien las flechas en la guerra, y su mujer nunca pariría bien. Y si era mujer, que nunca bien pariría, que se la pegaría el niño dentro”.

En la época prehispánica el tamal tenía gran importancia cultural y gastronómica. En la Historia General de las cosas de la nueva España, escrita en el siglo XVI, Fray Bernardino de Sahagún documenta algunas variedades de tamales.

Tanto él como otros autores refieren al tamal no únicamente como comida de la gente común, sino de los sacerdotes y los nobles en ceremonias especiales de ayuno. Como el tamal es un platillo que requería de mucha elaboración, es posible que solo nobles y sacerdotes lo consumieran con regularidad y el pueblo únicamente en ocasiones especiales.

Con base en evidencia arqueológica se puede establecer que el tamal formaba parte de la vida cotidiana de algunas culturas en la época prehispánica, como olmecas, aztecas y mayas, además era utilizado en tumbas, ofrendas y rituales religiosos. En algunas ceremonias los tamales eran ofrecidos a los participantes.

Los rituales prehispánicos y religiosos

La fiesta de Atamalcualiztli (tamales de agua) era uno de los rituales más importante para los aztecas. Esta festividad se desarrollaba durante siete días, consistía en ayunar y el único alimento que se consumía eran tamales simples de masa, cocidos al vapor, sin chile, sal, especias o aderezos. Esta celebración se llevaba a cabo cada ocho años, vida ritual del maíz.

Otra festividad de importancia que los grupos prehispánicos celebraban a finales de cada año era la Fiesta de Izcalli, en ésta las mujeres repartían tamales a sus vecinos y familiares. Además las familias se reunían a consumir este platillo.

Durante esta celebración se realizaba el ritual del Huauhquiltamalcualiztli, se preparaban tamales de amaranto llamados huauhquiltamalli o chalchiuhtamallli. Algunos de éstos eran ofrecidos al Dios del Fuego y a los difuntos, mientras que otros se comían muy calientes acompañado de caldo de camarón o acociles.

La población joven ofrendaba al dios del fuego animales que ellos mismos cazaban y los sacerdotes les entregaban a cambio tamales calientes.

En los rituales religiosos los tamales simbolizaban la carne humana y la olla (comitl) donde se preparaban representaba al vientre materno. En los rituales de matrimonio, la madre del novio daba a la novia cuatro bocados de tamales y después la novia daba de comer al novio. También después del nacimiento de un niño se ofrendaban tamales.

Además los tamales que se secaban al Sol eran parte de la dieta de los guerreros mientras estaban en campaña contra otras ciudades.

Las antiguas culturas originarias de lo que hoy es el territorio mexicano aportaron el maíz a otras culturas, desde donde viajó preparado también como tamal.

Sahagún relata que nuestros antepasados comían tamales de muchas maneras, “unos de ellos son blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondos ni bien cuadrados. Otros tamales comían que son colorados”.

El Día de la Candelaria

Una de las celebraciones en las que tampoco pueden faltar los tamales es precisamente hoy, 2 de febrero, Día de la Candelaria, una fiesta que es conocida como la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas o de La Candelaria.

Es, de acuerdo a la tradición católica, el término del periodo de Adviento y quienes se encontraron el muñeco, en representación del Niño Dios, en su rebanada de rosca de Reyes del 6 de enero, deben cumplir su compromiso de celebrar a la Virgen de la Candelaria convidando tamales acompañados de un espumoso champurrado o chocolate. Para los pueblos indígenas, esta fecha marca, con la primera lluvia, el inicio del periodo agrícola. En muchos pueblos los habitantes llevan a la iglesia mazorcas para que sean bendecidas, las cuales servirán de semilla en el ciclo agrícola que inicia en estas fechas.

Pero si lo que usted quiere es probar diferentes tipos de deliciosos tamales, lo invitamos a que acuda hoy (último día y hasta las 8 de la noche) al Museo Nacional de Culturas Populares (Avenida Hidalgo No. 289, colonia Del Carmen, en Coyoacán), a la XXIII Feria del Tamal, donde participan más de 30 expositores de diversos estados del país y de América Latina.

Ahí podrá deleitar el paladar con una rica variedad de tamales de Chiapas, Distrito Federal, Guanajuato, Michoacán, Oaxaca y Tlaxcala, así como de Bolivia, Chile, Colombia, Honduras, Nicaragua y Panamá, países hermanos que integran en su gastronomía platillos con características similares a los tamales de México, que son los humitas, hallacas, bollos, nacatamal y vaporcitos.

¡Buen provecho!

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