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Migración requiere de una cultura del encuentro: Card. Parolin

El Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, afirmó que el fenómeno de la migración no se resolverá únicamente con medidas legislativas o adoptando políticas públicas, por muy buenas que sean, y mucho menos únicamente con las fuerzas de seguridad y del orden. “La solución del problema migratorio pasa por una conversión cultural y social en profundidad que permita pasar de la cultura de la cerrazón a una cultura de la acogida y el encuentro”.


 Por una cultura del encuentro


Ante los cancilleres de México, Honduras, Guatemala y El Salvador, así como legisladores, diplomáticos, obispos y académicos, el Cardenal precisó que si se busca dar soluciones satisfactorias que logren tener un impacto positivo en el tema de la migración, será necesario reconocer que las personas individuales, las organizaciones de la sociedad civil, las diversas instituciones públicas y privadas, y los mismos países, son interdependientes todos entre sí y que, en consecuencia, es indispensable la cooperación de todos.

“En este contexto, la Iglesia siempre ha sido y será una leal colaboradora”, afirmó, al participar en la inauguración del “Coloquio México-Santa Sede sobre Migración Internacional y Desarrollo”, que se desarrolló este lunes en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

El Cardenal Parolin reconoció que la movilidad humana y su impacto en el desarrollo son dos de los fenómenos sociales más complejos y difíciles de resolver sin un espíritu general de confianza. “Por un lado, el emigrante tiene el deber de integrarse en el país que lo acoge, respetando sus leyes y la identidad nacional; por otro lado, el Estado tiene también el deber de defender las propias fronteras, sin olvidar en ningún caso el respeto de los derechos humanos y el deber de la solidaridad”.

El Jefe de Estado de Su Santidad expuso que la dignidad de las personas no procede de su situación económica, de su filiación política, nivel educativo, pertenencia étnica, estatus migratorio o convicción religiosa. “Todo ser humano, por el mismo hecho de ser persona, posee una dignidad tal que merece ser tratada con el máximo respeto. Más aún, el único criterio absolutamente válido para evaluar si una comunidad política cumple con su vocación de servicio al bien común, es precisamente éste: la calidad de su servicio a las personas, pero de un modo especial a las más pobres y vulnerables”.

Asimismo, lamentó que día a día se den noticias nuevas del ingente número de personas que en el mundo deben salir de su tierra entre situaciones lacerantes de sufrimiento y dolor, donde las causas son siempre las mismas: la violación de los derechos humanos más elementales, la violencia, la falta de seguridad, las guerras, el desempleo y la miseria. 

“¡Cuánta violencia política, económica y social en nuestro mundo! Intentando llegar a una tierra de promisión en la que sea posible una vida digna, miles de personas deben pasar hambre, humillaciones, vejaciones en su dignidad, a veces hasta torturas y, algunos, morirán solos, entre la indiferencia de muchos. Atónitos, contemplamos en pleno siglo XXI a las víctimas de la trata humana, a los que son obligados a trabajar en condiciones de semi-esclavitud, a los que son abusados sexualmente, a los que caen en las redes de bandas criminales que operan a nivel transnacional y que a veces cuentan con impunidad a causa de la corrupción y ciertas connivencias”.

Por lo anteriormente expuesto, el Cardenal Parolin refirió que el tema de la “movilidad humana” en el mundo de hoy, se enmarca en este universo de dolor que no puede dejar indiferente a nadie, especialmente a la Iglesia.

Resaltó que el Papa Francisco, en su más reciente mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, señaló que “toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos la esperanza de un futuro mejor”.

Afirmó, por tanto, que en el mundo globalizado el progreso no se logra únicamente con un mayor flujo de capitales, mercancías e información. “Un incremento del intercambio comercial y financiero entre las naciones no conlleva, de manera automática, una mejora en los niveles de vida de la población, ni tampoco genera automáticamente más riqueza”.

Al respecto, detalló que las naciones, especialmente aquellas más avanzadas desde el punto de vista económico y social, deben su desarrollo en gran parte a los emigrantes. “Ello es así porque el progreso está muy ligado al factor humano, a la cultura, a la inventiva, al trabajo, a las condiciones sociales y familiares”.

La discriminación, el racismo, el trato vejatorio, las injusticias laborales, no son un buen negocio, aclaró, tras precisar que aquellas sociedades en las que los emigrantes legales no son acogidos abiertamente, sino que son tratados con prejuicios, como sujetos peligrosos o dañinos, demuestran ser muy débiles y poco preparadas para los retos de los decenios venideros.

Por eso, invitó a los asistentes a participar en el reto de construir una sociedad más justa y solidaria, que reconozca el valor de la movilidad humana y no se cierra en sí misma, sino que está dispuesta a la acogida y a dejar espacios abiertos.

“Podemos empezar a cambiar hoy el futuro si somos capaces de mirar y servir a las personas concretas, aquellas que conocemos, aquellas que tratamos cada día. Si sabemos mirar también el rostro de cada emigrante, aprenderemos a encontrar una razón para afirmar que todos somos hermanos. En el fondo, aprenderemos a conocernos mejor nosotros mismos y surgirá el anhelo del cambio”, puntualizó.

Un tema de gran trascendencia: Meade

Por su parte, el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, manifestó que México y la Santa Sede han convocado este coloquio sobre migración internacional y desarrollo, pensando que es una buena oportunidad y coyuntura para hacer sobre el tema una reflexión profunda, reconociendo que es un tema de gran trascendencia, no solamente a nivel regional sino a nivel global.

“Platicábamos el Cardenal Parolin y yo, hace siete meses, sobre la importancia de que la Santa Sede y México tuvieran un espacio de reflexión sobre migración, pactando desde entonces que se hiciera en julio, y resulta ser espacialmente relevante el tema. Y tiene además una connotación especialmente importante porque hoy en México, en Centroamérica, en Guatemala, en Honduras, en El Salvador, en Estados Unidos, la migración tiene rostro de niño, y ello nos obliga a una reflexión cada vez más profunda y en plazos menores”, argumentó el diplomático mexicano.

Refirió que el coloquio se impulsa en la necesidad de contar con políticas públicas que reconozcan el fenómeno de la migración en sus diferentes expresiones y, sobre todo, políticas públicas que tomen en cuenta su dimensión humana.

“Las oportunidades y la distribución de los bienes de la tierra hacen de los países de destino una vitrina de las aportaciones del migrante. Sin embargo, es común que, obligados a vivir en el anonimato, ellos mismos sean invisibles. Eso no es humano ni es justo. En muchos de los países de destino, los derechos del ciudadano y los del migrante están separados por un abismo; un abismo que debe cerrarse reconociendo el derecho del migrante a la educación, a la salud, al trabajo digno y al respeto irrestricto de sus derechos humanos”, aseveró el canciller.

De igual modo, destacó que el respeto a los derechos humanos de los migrantes, así como el resguardo frente a la trata y al crimen organizado, y el acceso a servicios de salud y a la asistencia consular, deben de ser prioridades de política pública en los países de tránsito. “Debemos, en este esfuerzo, guiarnos por el clamor del Papa Francisco para que desterremos ‘la globalización de la indiferencia’ a la que nos han conducido la exclusión y la inequidad”.

Recalcó que esto es doblemente cierto cuando el migrante es todavía más vulnerable por ser menor de edad. “Frente a los niños y adolescentes el debate sobre migración no debe de ser objeto de regateo político. Hoy, en México, Estados Unidos y Centroamérica, las dimensiones del fenómeno nos obligan a actuar de manera corresponsable, efectiva y humana”.

Por una cultura del encuentro: Papa Francisco

En su oportunidad, el Nuncio Apostólico en México, Monseñor Christophe Pierre, dio lectura al mensaje del Papa Francisco, a través del cual señala que frente al fenómeno de la migración hemos de escuchar la llamada de Jesús a discernir signos de los tiempos. “Así comprenderemos uno de los hechos sociales que caracteriza a nuestras sociedades, con retos y promesas: la migración”.

Dijo que ante el drama de la violación de los derechos humanos, la violencia, la separación de la familia, el racismo y la xenofobia, el Papa pide cambiar la perspectiva defensiva de miedo, desinterés y marginación, por una cultura del encuentro, para construir un mundo mejor.

“El Santo Padre comenta que la emergencia de los niños de México y Centroamérica que migran solos a Estados Unidos, empujados por la pobreza y la violencia, reclama acciones para protegerlos y acogerlos. Asimismo, pide políticas informativas sobre los peligros del viaje, promoción en los países de origen y formas de migración segura”.

Finalmente, la subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, María Mercedes del Carmen Guillén Vicente, hizo notar que la movilidad humana continuará, por lo que se requiere promover mayor seguridad, orden, legalidad y dignidad.

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