ValentÃn Pimstein, padre de las telenovelas
| 17 de Mayo de 2008
Es tan optimista, que pareciera que nunca pasó por momentos difíciles, y eso que los tuvo y en grande, pero los relata de un modo, que los hace graciosos.
Tenía 25 años, cuando en 1950 salió de su país en busca del productor de cine mexicano, Gregorio Walerstein.
Llegó primero a Guatemala y trabajó con una dueña de seis Cadillacs, que usaba guantes y pieles hasta en verano; lo que provocó las burlas de Valentín y su despido.
Sin un quinto ni donde dormir, entró como mozo a Radiomundo, luego fue velador, chofer, mesero y cocinero del restaurante El Pelícano.
Aburrido y cansado, se fue a México con un par de dólares y sin conocer a nadie. Consiguió la dirección de Walerstein, se instaló en su oficina, y cuando días después lo vio llegar le pidió ayuda para ser productor; pero él respondió que si llegaba a necesitarlo, lo llamaría. Valentín decidió esperar ahí, esa ocasión.
"Pasé ese año sentadito en un sillón verde leyendo. Me enamoré de la historia de Pancho Villa y comía lo que me invitaba mi amigo Juan Nicoli, que hoy es anestesista. Lo malo era que siempre eran tortas de huevo con chorizo de Toluca, las llegué a odiar tanto, que hace 50 años no las pruebo".
Siguió "sentadito", hasta que se necesitó de urgencia un chofer para llevar artistas a Acapulco. Como estaba a mano, lo emplearon. Y fue tan eficiente en conseguir cosas y solucionar situaciones, que le dieron otras chambitas.
Al poco tiempo producía películas y para conectarse con gente del ambiente, se mudó frente a Televicentro "a un cuartito infecto donde se colaban aire, lluvia y frío".
Así conoció a Cuco Sánchez, que una noche lo habilitó a él "un chileno que canta pésimo", como mariachi del bar La Rendija que estaba de moda entre políticos y sus movidas, y donde además de cantar, leía la suerte y vendía seguros.
"Mira, le dijo Cuco, en la madrugada todos están borrachos y lo que menos va a importar es como cantas, así que te me bajas el sombrero hasta los ojos y entonas lo que sea".
Ahí conoció a Emilio Azcárraga Milmo. Le quiso vender un seguro pero no lo convenció y a cambio lo invitó a trabajar en Televicentro, pero Pimstein no aceptó.
En esas estaba cuando lo llamó Victoria Eugenia Ratinoff, una bella compatriota para entregarle una carta de familia. Se gustaron y al día siguiente, sábado, la llevó a Xochimilco. El lunes estaban casados.
Y aunque su encuentro y boda fueron de telenovela, su matrimonio ha sido amor del bueno; tienen 48 años de casados, tres hijos y cinco nietos.
Con ella vio una de sus películas, "fue espantoso porque nos pareció un churro horrible y decidí dedicarme a otra cosa".
Coincidió con que poco antes, al filmar en Chichén Itzá El Ídolo Viviente con Sara García y la italiana Liliana Montevichio, necesitaba un bosque para que pasara un tigre. Como no había, suplió árboles con matas de plátanos y como se marchitaron, pasó la filmación a los Estudios Churubusco.
Tampoco ahí había árboles. Así que se los llevó de Chapultepec, con la mala suerte que lo vieron tres policías y lo tomaron preso.
Osado, llamó a Azcárraga pidiéndole ayuda. Para su sorpresa lo sacó libre, "dejando a Uruchurtu encabronadísimo". Y cuando fue a darle las gracias, el Tigre le reiteró la oferta para trabajar en Televicentro.
Empezó con un programa dominical de venta de autos con Patricia Morán como edecán, incluyó después lanchas, y modelos en bikini y encantó a televidentes y patrocinadores.
Recordó entonces que de niño oía radionovelas con su madre, y se puso a hacer telenovelas.
Una de las primeras fue Gutierritos, la triste historia de un empleado ninguneado por su familia; vinieron después muchas otras que se difundieron en más de 125 países, como La colorina y Los ricos también lloran, que causó furor hasta en Moscú.
Y aunque no tiene ya nada que ver con ellas, el interés por las telenovelas mexicanas sigue vivo en Valentín; las ve por cable y las encuentra "muy bien hechas, a diferencia de las chilenas, no dicen groserías y se les entiende lo que hablan".
Para evitar que una telenovela fracase, recomienda al productor aguantarse tres meses sin cambios y después de ver que la historia no sirve, modificar las parejas para lograr más química y grabar diariamente para alinear lo necesario.
Dice que el 70 por ciento del éxito es una buena historia; el elenco el 20, 5 por ciento la música; y otro 5 el nivel de la producción. No importan los nombres de los actores, sino sus personajes.
Ahora Valentín está dedicado a gozar su país, y a idear juegos para computadora.
comentarios@yoinfluyo.com
( 0 Votos )



















