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Pedro: ¿Cómo estás Mariana, buenos días?
Mariana: Muy bien, almorzando un poco.
Pedro: Hoy es viernes primero de mes, ¿no gustarías acompañarme a comulgar saliendo de tus deberes?
Mariana: La verdad te voy a ser sincera, soy católica pero no creo en la Iglesia. Sí creo en Dios y todo eso, pero creo que la Iglesia también tiene fallas y manipula a la gente.
Pedro: Me gustaría, si estás de acuerdo, que me lo explicaras, y también te diré yo mi punto de vista.
Mariana: En realidad no son muchas cosas, todo pudiera resumirse en una sola. Verás: con todo lo que ha salido en las noticias y los documentales, además de una que otra novela muy interesante, creo que la Iglesia presenta a Jesús como demasiado divino, muy deshumanizado, no lo siento cercano y hay algunas cosas que no se por qué las dicen, ¿me explico?
Pedro: Perfectamente. Prosigue por favor.
Mariana: Pues mira, por ejemplo: ¿por qué dice la Iglesia que Jesús no se casó? ¿Qué no es de lo más humano casarse y formar una familia? Ni siquiera se enamoró. ¿Cómo me puedo identificar con alguien que nunca experimentó los altibajos del amor y la pasión? Además, en aquella época era muy mal visto no casarse, ¿no crees? Y según me he enterado, hay unos textos antiguos donde dicen que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo hijos. ¿Por qué la Iglesia suprimió esos libros? ¿Eh? ¿Eh? Suprimieron los textos que no les convenían. ¿Ves?
Pedro: Ya veo, en unas cuantas palabras has dicho muchas cosas. Si estás de acuerdo quisiera revisarlas parte por parte, nada más que antes quiero preguntarte si falta algo más.
Mariana: No, creo que eso es todo, digo, eso es el centro. Lo ponen tan lejano que no me siento identificada ni atraída por esa doctrina. Y me revuelve la tripa que la Iglesia haya suprimido textos más originales para imponer su poder en todo el mundo, es todo.
Pedro: Bien, pues si estás de acuerdo, quisiera comenzar a desglosar tu comentario para ver si lo entiendo mejor. Y si no tienes inconveniente, voy a comenzar por el final.
Mariana: Por mi hazlo en el orden que quieras.
Pedro: El otro día fui a la librería católica de la ciudad y encontré un libro titulado “Los Evangelios Apócrifos”. Le eché una ojeada y ví que tenía los textos que acabas de mencionar, pero contiene muchos más: contiene una transcripción en el idioma original, sitúa cada texto en su lugar de origen, el grupo que simpatizaba con esas ideas y cómo se han ido guardando y conservando en los monasterios cristianos y las bibliotecas católicas a lo largo de los siglos. En algunos casos contiene solamente fragmentos, y en otros contiene los textos íntegros. ¿Cómo ves?
Mariana: Pues eso me deja confundida. Por un lado, tantos nuevos hallazgos, los documentales y los libros recientemente publicados que afirman todos, sin excepción, que la Iglesia ha tratado de ocultar estos textos; y por otra parte tú me dices que la Iglesia los tiene ahí, a la vista de cualquiera que se tome el tiempo de ir a buscarlos. ¿Pero por qué en la misa el padre nunca habla de eso? ¿Por qué si los tienen enseñan otra cosa?
Pedro: A eso voy, pero primero quisiera citarte cómo termina el llamado “Evangelio de María Magdalena”. Dices que Jesús se casó con ella, ¿verdad?
Mariana: Probablemente, según algunos textos antiguos. El problema es que primero niegan que Jesús se haya casado, luego lo divinizan y promueven la explotación de la mujer. Creo que esa es la intención de la Iglesia para ocultar por siglos la verdad.
Pedro: Me parece muy agudo tu comentario, pero, ¿y si en los documentales no se dijera toda la verdad? Quiero decir, en esta primera ojeada que le di al libro, me pareció que le faltó honestidad a los programas de TV y las novelas. Encontré que recortaban un fragmento y lo acomodaban a sus gustos. ¿Quieres que te lea la cita? La tengo aquí en este papel.
Mariana: ¿Me dijiste que le diste una ojeada al libro y todo eso sacaste? No me mientas.
Pedro: Es que fue una ojeada de como tres horas.
Mariana: Bueno, venga, léeme la cita.
Pedro: Te sitúo en el contexto: al final Jesús le dice a María Magdalena que se marche porque los apóstoles no la quieren, hasta aquí lo que cita la famosa novela, pero el texto original dice más: al marcharse de su presencia Jesús le dice a sus discípulos: “no se angustien, dejen que se marche por ahora, algún día aprenderá a ser hombre como nosotros”. ¿Qué te parece?
Mariana: ¿Cómo puede alguien escribir algo tan machista, tan insoportable, tan...?
Pedro: Y por esto la Iglesia relegó estos textos, no los quemó, pero los desautorizó para que no fueran enseñados. La mayoría de estos escritos en los que ahora se basan para hacer “descubrimientos” son de este estilo, y se llaman evangelios gnósticos. Aparecieron de uno a dos siglos después de los evangelios de la Biblia y nunca fueron aceptados por todos, sólo por los de su grupo. Y aún hay más: entre un evangelio gnóstico y otro hay muchas contradicciones que sólo manifiestan que eran las opiniones de unos cuantos.
Mariana: Vaya que lees mucho en tres horas. De acuerdo, estuvo bien que suprimieran textos tan asquerosos como ese, pero ¿por qué dejar únicamente los libros que a la Iglesia le convenía?
Pedro: Los evangelios que están en la Biblia son los textos más antiguos que hablan sobre Jesús. Fueron escritos por aquellos que estuvieron con Él, que lo vieron con sus ojos y lo tocaron con sus manos. Los otros textos, aunque lleven nombres de apóstoles, fueron escritos mucho después, y el autor usó el nombre de Pedro, María Magdalena, e incluso de Judas para hacer propaganda que, de otra manera, nadie, ni su minúsculo grupo, les hubiera hecho caso.
Mariana: Ok, pero ¿no crees que se fueron al otro extremo? ¿No crees que divinizaron tanto a Jesús que ya ni siquiera es humano?
Pedro: Precisamente los gnósticos y otros más antiguos negaban a Jesús ser hombre, decían que sólo podía ser Dios, porque ellos pensaban que la materia era mala en sí misma, una creación del demonio, y creían que la mujer ataba al hombre al mundo material, que debían espiritualizarse con Jesús, el cual, por ser Dios, no podía tener un cuerpo de verdad, y de esta forma ellos serían liberados del cuerpo. La Iglesia condenó esa doctrina afirmando la plena humanidad de Jesús.
Mariana: ¿De verdad pensaban eso? Cada vez me dan más asco esos tipos. Pero, ¿por qué la Iglesia le quitó a Jesús todo aquello que compartimos las personas?
Pedro: Antes de responderte quisiera hacerte una pregunta: ¿qué significa para ti ser humano?
Mariana: Pues, no sé, alguien que compartiera nuestras experiencias, angustias y alegrías del día a día, que experimentara la duda, el fracaso y el amor. Que cometiera errores, tuviera una familia y así, ¿no crees?
Pedro: Y dime, ¿las personas de ahora tienen familia? ¿Por cuánto tiempo?
Mariana: La verdad eso está cambiando rápidamente, ahora la gente no quiere tener familia, sólo experiencias fugaces y una vida profesional exitosa, creo yo. Las personas creen ahora que la felicidad consiste en la realización de todas tus capacidades y triunfar en un mundo altamente competitivo.
Pedro: Entonces, ¿cuál hombre vamos a tomar como modelo para Jesús? ¿El profesionista? ¿El casado? ¿Qué hay de los solteros? ¿Es que no son hombres? ¿Tomaremos al guerrillero o al gobernante? ¿El modelo será acaso el sabio o el ignorante? ¿Es que alguno de ellos no puede reflejar lo que es el ser humano?
Mariana: Mmm. Me has dejado pensando un poco. Yo creo que tendría que ser alguien que abarcara todo eso y más, ¿no crees? Pero creo que no es posible ser al mismo tiempo todas esas cosas, además de que el oficio, la actividad o el estrato social no son lo importante, sino la persona en sí.
Pedro: ¿Y qué es la persona en sí?
Mariana: Pienso que son los sentimientos los que definen a uno. Si tienes buenos sentimientos eres una buena persona. Si tienes malos sentimientos seguramente harás cosas malas, ¿no crees?
Pedro: Y Jesús tuvo ¿de cuáles sentimientos?
Mariana: Pues supongo que fundamentalmente los buenos, todos los buenos sentimientos, pero también debió de tener algunos sentimientos malos, porque todos los experimentamos, claro que él los superó por su bondad. Los malos sentimientos te auto-destruyen, te deshumanizan, ¿me explico?
Pedro: Fantástico, y dime, ¿qué es lo que define cuáles son los buenos sentimientos y cuáles son los malos sentimientos?
Mariana: Los buenos sentimientos son los que te hacen más humano y los malos los que te hacen ser menos persona.
Pedro: Ahora me queda una sola pregunta, entonces ¿qué es ser más humano?
Mariana: ¡Oh!, ya no sigas preguntando así que me confundes. La verdad yo pensaba que más humano es quien es más honesto con sus sentimientos, pero si los sentimientos algunos te humanizan y otros al contrario, entonces hay algo que te hace ser más persona y que los sentimientos que lo refuercen son buenos y aquellos que lo contradigan son malos. La verdad es que no se cómo definir a una persona, simplemente me veo a mí misma y a los demás y digo: somos personas.
Pedro: Entonces estamos frente a un dilema muy difícil de resolver: queremos que Jesús sea más humano, pero no sabemos lo que es el ser humano, pues al parecer no podemos abarcar o comprender plenamente lo que es. Nuestra experiencia no alcanza a abarcar todas las posibilidades de la persona, los sentimientos igual, además de que algunos te pueden destruir, destruyen ese algo que ignoramos y que sostiene todo lo demás. ¿Cómo resolveremos este dilema?
Mariana: ¡Uy!, pues no sé. Se necesitaría que alguien todopoderoso, Dios, por ejemplo, nos enseñara lo que es el ser humano y así podríamos aprender todos nosotros. Pienso que esa fue la misión que tuvo Jesús al venir a la tierra.
Pedro: Muy cierto, muy cierto, nada más que nos encontramos con un problema. ¿Recuerdas el “recorte” que le hicieron los gnósticos a Jesús?
Mariana: Sí, del que hablamos hace rato, qué desagradable.
Pedro: ¿Y si te dijera que otros des-divinizaron a Jesús hasta volverlo un simple hombre o un semi-dios pero no Dios?
Mariana: No veo nada de malo en decir que Jesús fue hombre, pero si no es Dios ¿cómo podría darnos esperanza?
Pedro: Exacto. Si no es Dios y además el modelo perfecto de humanidad, ¿cómo podría mostrarnos lo que significa ser hombre? Dime, ¿tú confiarías todas tus esperanzas en una persona cualquiera?
Mariana: Ciertamente que no. Algunas cosas sí, pero no toda mi esperanza, pues las personas a menudo te defraudan. Pienso que sólo Dios no defrauda.
Pedro: Y si Jesús es Dios mismo, asumiendo a la humanidad en su persona, no en todas las posibilidades, sino en ese algo que lo hace verdaderamente humano, entonces tienes en Jesús al hombre auténtico y al Dios que no defrauda, por lo que puedes confiar completamente en él, ¿cierto?
Mariana: Bueno, pues sí. Yo sí confiaría en una persona así.
Pedro: ¿Y esta persona sería real o imaginaria?
Mariana: Tiene que ser real, no soy mitómana o algo por el estilo, ¿quién puede salvarse inventando seres perfectos que al final no existen? No me daría esperanza un ser que yo imaginé, sino Alguien en quién confiar, una persona real que desborde mis expectativas. No me interesan las proyecciones de mí misma, sino poder contar con un amigo verdadero.
Pedro: ¿Y los amigos verdaderos son como son o como los imaginamos?
Mariana: La verdad es que creemos conocerlos, como yo creía conocerte, hasta que saliste más conversador de lo que creí. Pero siempre hay algo que nos sorprende, a veces nos desagrada, pero al final es lo que nos hace amar a esa persona que está ahí junto a nosotros en las buenas y en las malas.
Pedro: Ahora bien, tocando el tema de los antiguos, aquellos que negaron a Jesús ser Dios igual que el Padre, también fueron reprobados por la Iglesia. Se llamaron arrianos porque seguían a un tal Arrio.
Mariana: ¿Eso hicieron? Bueno, por segunda vez debo admitir que tuvieron un acierto. Porque yo no tendría esperanza en un hombre cualquiera.
Pedro: Y como estos dos ejemplos así hubo y hay muchos que dicen que Jesús esto, Jesús aquello… Incluso en los años sesenta había quien decía que Jesús era, en el fondo, un guerrillero con fusil.
Mariana: Esos son disparates. ¿Qué tiene de humano estar matando gente? ¿Pero por qué han habido tantas versiones y modificaciones acerca de la persona de Jesús?
Pedro: Porque la gente no alcanza a comprender a Jesús, al Jesús real, ese que a veces no es como quisiéramos, pero que vino a salvarnos. Entonces se inventan un Jesús a su modo y gusto, uno más fácil de comprender y aceptar. Pero las modas cambian y las versiones también.
Mariana: Pero entonces, ¿cómo podríamos saber quién es el verdadero Jesús entre tanta confusión?
Pedro: Precisamente por esto Jesús fundó la Iglesia. Desde hace dos mil años, la Iglesia ha tenido que defender al verdadero Jesús de toda clase de recortes, malentendidos e imaginaciones, y le propone a cada generación al mismo Jesús, el que muestra verdaderamente al ser humano y al mismo tiempo lo puede salvar porque no defrauda.
Mariana: ¡Oh!, realmente me has dado mucho en qué pensar. Pero es que todas las cosas que Jesús no hizo ni fue, ¿cómo podría a mi, en el siglo XXI, enseñarme lo que es mi propia humanidad si nuestras formas de vida no se parecen ni tantito? Yo quiero enamorarme y ser feliz, tener una carrera profesional e ir al cine. ¿Qué tiene que ver mi vida con las ovejas, el trigo y los campos del medio oriente?
Pedro: Jesús asumió a la humanidad de una forma esencial, pero además nos invita a seguirlo e imitarlo en cada aspecto de nuestra vida. Podemos preguntarnos hoy en día: ¿qué haría Jesús en mi lugar? De esta forma, a través de los discípulos, Él se hace presente en todo el mundo, asumiendo prácticamente todas las posibilidades del ser humano.
Mariana: ¿Y de esta forma, es como si Jesús realmente estuviera casado en todos los casados, soltero en todos los solteros, pobre entre los pobres, sabio entre los sabios, divertido entre los jóvenes, y profesionista entre los profesionistas? No había pensado en ello.
Pedro: También por este sentido existe la Iglesia: no sólo transmite la verdad sobre Jesús a cada generación ni solamente la defiende de cualquier desviación, sino que también tiene la misión de hacer presente a Cristo en cada ambiente, cultura y lugar concreto, para toda la humanidad.
Mariana: Veo que la Iglesia es mucho más de lo que yo pensaba.
Pedro: Bueno, eso es lo que puedo decirte por ahora. Hay muchas cosas que quedan sin aclarar, pero se me hace tarde y debo retirarme.
Mariana: A mi también se me hace tarde, cuando termine mis deberes quisiera acompañarte a la iglesia. No estoy muy de acuerdo con la comunión, pero a mi manera le pediré a Dios que me ayude a entender todas estas cosas.
Pedro: Ya habrá tiempo de que platiquemos más de estos temas si estás de acuerdo.
Mariana: ¡Claro que sí! Hasta luego.
Pedro: Hasta luego.
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