57 años han pasado… ¡nunca termina!

 

Lo dramático que es habitual     

Tras la encarcelación del magnate abortista Carlos Morín, todo el “drama personal” de esta anciana “ha aflorado con violencia. ¿Diagnóstico? Está claro: síndrome post-aborto. ¿Terapia? Afrontar el duelo por la pérdida de su hijo”, relata Alba. Luego de explicar que le llaman María “para proteger su intimidad” porque “tiene miedo de las represalias de su ex esposo que todavía vive”, Alba explica que de su vida, a María “lo que más le atormenta es su aborto.

Fue hace 57 años. Entonces tenía 27 y estaba soltera, pero mantenía relaciones habituales con su posterior marido”.

Tras contarle que estaba embarazada y sin esperar su consentimiento, el ex esposo la llevó a abortar. “La metió en un taxi y la llevó a un piso de la madrileña calle Barcelona 3, casi esquina con Santa Ana, recuerda. 'Aquello era una pocilga, una carnicería'. Él le decía: 'No te preocupes, estás en buenas manos'. El aborto se practicó sin anestesia, así que María gritaba”, relata el semanario.

“El 3 de mayo de 1951, mes y medio más tarde, María tuvo una fuerte hemorragia 'en el retrete'. Ahí es donde 'nació' su hijo. 'Tenía los bracitos, el cuerpecito, todo'. ¿Qué hizo? 'Lo lavé, lo besé y me lo metí en una caja de membrillo que tenía'. ¿Qué hizo con él? 'Pensé en guardarlo en alcohol, pero tenía miedo de que mi madre se enterara, así que finalmente me despedí de él y lo tiré por el retrete”, recuerda entre lágrimas.

María quedó embarazada, ya casada, cuatro veces más. Todos estos embarazos terminaron en abortos espontáneos, probablemente consecuencia del aborto al que fue sometida.

Nunca termina                    

“El caso de María es sólo un ejemplo de que el síndrome post-aborto acompaña toda la vida”, explica a Alba la psicóloga y presidenta de la Asociación de Víctimas del Aborto (AVA), Beatriz Mariscal.

Tras el escándalo de los abortuarios de Barcelona, todo el dolor de María ha despertado. Cuando le preguntan si alguna vez lo olvidó, ella es tajante: “No, no se me quitaba, pensaba en ello día y noche y trataba de salir para olvidarme, pero ahora me ha venido con más fuerza. Lo del aborto no se me iba con nada, tengo depresión desde entonces”.

“Hay quien piensa que el aborto es doloroso, pero que termina pasando. El caso de María evidencia que las secuelas pueden llegar a acompañar toda la vida”, concluye Mariscal.

 
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