Tres elecciones y tres lecciones

El domingo cinco de agosto fueron celebradas tres diferentes elecciones: en Baja California, Aguascalientes y Oaxaca. Cada una tiene sus antecedentes y sus circunstancias de las que es posible sacar algunas consecuencias importantes. Con relación a Baja California, cabe recordar que el pasado 25 de junio escribí una “reflexión semanal” con esta temática después de una visita a Tijuana y otra a Mexicali, para constatar “in situ” los procesos electorales. Hice la reseña histórica de cómo los bajacalifornianos han sido pioneros o precursores de la batalla por la democracia en México, y concluí que la candidatura priista de Hank era: 1°. Moralmente dañina, 2°. Políticamente inconveniente, incluso para el PRI, y 3°. Jurídicamente imposible, por violar el artículo 42 de la Ley electoral del estado de Baja California.

Los jueces integrantes del “TEPJF” (Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) destruyeron mi tercer argumento, contradiciéndose absolutamente con un fallo otorgado por el mismo Tribunal a dos candidatos panistas, Bernabé Esquer Pedraza y Pablo Genaro López Moreno, que apelaron ante la llamada “ley antichapulín”, que había sido propuesta y aprobada por diputados priístas. Ahora se comenta entre juristas que, con el reciente fallo unánime a favor de la candidatura de Hank, se creará en 2009 un conflicto federal por las probables candidaturas independientes, debido al fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en contra de Jorge Castañeda en 2006.

Lo importante de esta elección en Baja California, fue la contundencia del triunfo panista: en la gubernatura ganó José Guadalupe Osuna Millán con más de 7 puntos de ventaja, cuatro de las cinco presidencias municipales (Tijuana, Mexicali, Ensenada y Tecate), quedando al PRI el joven municipio de Rosarito; además, el PAN se llevó 14 de las 16 diputaciones estatales. Los bajacalifornianos vuelven a ser pioneros y precursores en la capacidad para resistir y doblegar el intento de “regresión” a la expresión más paradigmática del autoritarismo y la corrupción. Salieron a votar y vencieron al abstencionismo, que es como se vence la regresión al viejo sistema político.

En Aguascalientes se ha consumado una tragedia para los panistas. Pierden la capital del estado, en donde se concentra más de la mitad de la población y pierden la mayoría de las presidencias municipales; de once, conservaron cuatro y pierden la posibilidad de la mayoría legislativa. Ahí la causa es el conflicto entre el partido y el gobernador y entre los legisladores panistas y el Ejecutivo estatal. La causa es profunda y la ocasión fue el intento parcialmente logrado de endeudar al estado con un cuantioso e innecesario crédito bancario, logrado al  violar las normas y procedimientos legislativos, que hace unos días sancionó la Suprema Corte de Justicia, pero sin efectos retroactivos, con lo que el daño de la deuda quedó consumado. La causa está en el vicio que ha empezado a evidenciarse como tal, por la “selección” de candidatos, que histórica, natural y esencialmente no son panistas, para alcanzar “el poder por el poder”, y no el “poder para servir” a la causa del bien común. Hay ejemplos que lo ponen en  evidencia: Armando Reynoso Femat, en Aguascalientes; Rubén Mendoza Ayala, en el Estado de México y Rafael Moreno-Valle Rosas, en Puebla. A ver si con el descalabro de Aguascalientes escarmientan los panistas.

Finalmente, en Oaxaca se impuso la “vieja aplanadora priista”, aliada con el enorme abstencionismo que arrasó en los 25 distritos electorales. A esto contribuyó el “bumerang” de la crisis socio-económica, causada por los “appistas” y sus conexiones diversas, que afectó a miles de pequeños productores agrícolas y artesanales, imposibilitados de hacer sus intercambios. En Oaxaca, la imposición histórica de las “cadenas corruptivas” sobre las “cadenas productivas”, mantienen todo en la prehistoria política, económica, social, educativa y cultural.

Son tres casos diferentes y tres conclusiones distintas: En Baja California, quién mejor que Ernesto Ruffo, primer gobernador de la alternancia en 1989, quien contestó en una entrevista de un diario nacional: “-¿Qué se está jugando baja California este domingo? - Estamos decidiendo entre continuar en los valores conocidos de la sociedad, el respeto a la familia, el aprecio por el trabajo, el orden para el beneficio público, todos esos valores de una sociedad que aspira a vivir en paz, frente a otro modo de vida que no pone aprecio en la vida de la familia, tampoco en el centro de la vida familiar que es la mujer, en el dinero fácil que no se gana con esfuerzo y el total desapego a las reglas de convivencia, a las normas que nos hacen vivir en paz y tranquilidad. Esta es una elección de definición de fondo, no es el clásico tema de la discusión por el poder político que le interesa a los partidos”. En Aguascalientes, el vertiginoso  desarrollo económico que elevó el nivel de vida material, pero descuidó el paralelo desarrollo moral, provocó la ruptura de familias, el derroche en el gasto, la disipación de las costumbres, la proliferación de espectáculos frívolos y el alcoholismo y la drogadicción rampantes. En suma, la pérdida o abandono del “apetito irascible” que busca el “bien arduo”, la austeridad, el ahorro y la previsión del futuro, significado en el arte del deshilado practicado ancestralmente por muchas mujeres, que se convirtió en la base de la gran industria textil del presente, así como el desorden del “apetito concupiscible”, que sólo busca el “bien deleitable”, hasta el extremo de la saturación.  En Oaxaca, prevaleció el atraso consentido y fomentado  para “provecho” del abusivo y aparente “bien personal” de unos cuantos, que aniquila las posibilidades del ejercicio del “bien común” en provecho de los más posibles.

 
Federico Müggenburg

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