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La iniciativa, llevada a cabo por el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos, y costeada por capitales europeos, consiste en resguardar 4.5 millones de semillas (muchas de las cuales proveen alimento humano) extraídas de todas partes del globo. Estas muestras serán guardadas en una bóveda equipada con las mayores condiciones de seguridad, en el interior de una montaña noruega, cerca del polo norte. Allí el frío es tan intenso que, aunque la electricidad falle, podría actuar naturalmente como refrigerante de los depósitos. Los organizadores esperan que el banco vegetal, por inaugurarse a fines del 2008 o principios del 2009, se conserve aproximadamente 10 mil años, con la expectativa de que esto permita –si fuera necesario en algún momento– dar a la especie humana la posibilidad de empezar de nuevo. Se trata, por ello, de un Arca de Noé hecha para salvar a la especie humana futura.
Y empezar de nuevo, pero conservando algo del pasado (aunque no sea nuestro nombre, nuestra identidad, nuestro cuerpo) es una costumbre casi global para los humanos todos los comienzos de año, todos los eneros. Haga un ejercicio mental acerca de aquellas cosas que le resulten imprescindibles y que necesite transportar a cualquier parte a la que vaya.
De este modo, haga de cuenta que estuviera ante el comienzo de un nuevo mundo, de un nuevo ciclo: ¿qué diez cosas reservaría como importantes para la humanidad? ¿Qué libros, obras de arte, canciones, fórmulas químicas, poemas, disciplinas académicas buscaría preservar? ¿Qué recetas de cocina?, ¿qué inventos en general y qué frases populares o leyendas que condensan alguna verdad? Imaginemos que una catástrofe arrasa con cuanto está sobre la tierra y que todo lo conocido es parte del pasado, salvo lo poco que podamos elegir conservar para la nueva etapa: ¿qué conservaría? ¿Cuál sería su Arca de Noé egocéntrica?
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