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El proceso de la maternidad no queda al margen de estas tendencias. Es legÃtimo el deseo de parir un hijo sano, con capacidad para desempeñarse con soltura y llegar a ser una persona Ãntegra, por su manera de actuar y de resolver los asuntos que le competen.
También, para solventar las dudas, no faltan personas que con base en la experiencia, afirman hechos, y los difunden por medio de frases más o menos atractivas, más o menos ciertas. Y asà se va conformando una "sabidurÃa popular", que algunas veces confunde. Por ejemplo: cuando se dice que si una mujer está embarazada y sufre de estrés tendrá un hijo hiperactivo.
En esta sabidurÃa popular sà hay algo de cierto, pero no sucede siempre ni en todos los casos. Por eso, conviene tener en cuenta las múltiples variables que la investigación cientÃfica nos ofrece, para evitar falsas expectativas.
Las caracterÃsticas de un hijo por nacer dependen de varios factores, unos intrÃnsecos y otros extrÃnsecos. Los primeros dependen de la carga genética. Allà se expresa la diversa proporción de la herencia por la lÃnea paterna y por la lÃnea materna. Y, con el paso de los años se manifestará como un modo de ser básico. Es el temperamento.
Los factores extrÃnsecos son muy diversos. Pueden afectar el aspecto biológico, como la ingestión de productos adecuados o inadecuados para la salud. Puede ser una buena alimentación, también puede ser una intoxicación de nicotina o de alguna otra sustancia, con las respectivas consecuencias.
Otros factores pueden afectar el aspecto psÃquico. SerÃa el caso de la influencia del estado de ánimo de la madre durante la gestación. Aquà cabe el estrés, la tristeza profunda ante un suceso doloroso, la sensación placentera ante una buena noticia… Cada una de esas circunstancias puede dejar una huella más o menos profunda según sea la intensidad y la duración.
Entonces, si la carga genética del bebé es de un alto contenido de emotividad, y la madre está sometida a grandes retos laborales que asume con mucho vigor, el niño tenderá a la hiperactividad, independientemente de que su madre llegue a sentir un enorme cansancio por el trabajo realizado y por el natural desgaste del embarazo.
Si el bebé tiene una herencia de poca sensibilidad y la madre le trasmite una gran vehemencia, es probable que el pequeño aumente su sensibilidad pero no llegará a ser hiperactivo.
Por tanto, las generalizaciones en el campo predictivo de la vida humana, pueden confundir y provocar falsas expectativas. En este terreno, es muy importante ser prudente pues cada biografÃa merece un enorme respeto.
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