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José Regino, Luis y Simón González Villarreal, de Culiacán, Sinaloa, fueron arrestados en 2008 durante una redada en un narcolaboratorio en el sudoeste asiático, desde entonces permanecen en una prisión de alta seguridad mientras enfrentan un juicio por producción y tráfico de drogas, de ser encontrados culpables serán colgados y se espera que este 27 de abril se dicte sentencia.
Según reportes de la prensa, el mismo día otros dos sinaloenses junto con un canadiense y un filipino también fueron detenidos en una redada paralela. Jorge Enrique y Jesús Alfonso (no se ha revelado sus apellidos) fueron quienes habían invitado a Malasia a los hermanos González Villareal; a ellos se les decomisó drogas, millones de ringits (moneda local) y cuatro vehículos de lujo.
Sin embargo, el caso llamado “Pandilla de la receta mexicana” se vino abajo toda vez que las drogas que les habrían encontrado “desaparecieron” de la custodia policial y en su lugar había sal de cocina, por lo que el juez determinó que no había pruebas suficientes y por lo tanto las acusaciones eran falsas.
Los tres hermanos tienen la esperanza de ser extraditados a México, pero su caso se complicó toda vez que los 240 kilos de metanfetaminas que les encontraron es una cantidad sin precedentes y el juez del caso es apodado “juez soga”, por haber mandado a una treintena de personas al patíbulo, tanto malayos como extranjeros.
Y es que en Malasia el delito de narcotráfico no tiene atenuantes, es libertad para las inocentes o la horca para los culpables. Además, los mexicanos no hablan malayo ni siquiera inglés, y hasta el momento no cuentan con un traductor para su defensa, según reveló a los medios su abogado —que tomó el caso en enero pasado—, Kitson Foong, y que también acusó a la embajada mexicana en aquel país de no haberlos contactado.
Por su parte, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) emitió un comunicado en el que especifica que “el gobierno de México reitera su indeclinable compromiso con la protección de los derechos de los mexicanos en el exterior, sin prejuzgar la posible culpabilidad o inocencia de los acusados” y, según la dependencia, personal consular ha estado en contacto con ellos y vela porque se respeten sus garantías.
Sin duda es un caso muy complicado, el duro juez ha declarado que “podrán traficar en su país pero no en Malasia”.
Aunque la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) informó que estos jóvenes no tienen antecedentes penales en Sinaloa, queda la duda sobre ¿qué hacían en un laboratorio con metanfetaminas en una ciudad en la que no es considerada turística?
Aun si fueran culpables, la pena de muerte es la sanción más grave contra la dignidad humana, el derecho a la vida debe prevalecer ante cualquier castigo, sobre todo cuando es irreversible. Juan Pablo II definió la pena capital como “absolutamente innecesaria” —durante la Jornada Mundial de la Paz en 2001—. Dijo que la vida humana no puede ser considerada como un objeto del cual disponer arbitrariamente, sino como la realidad más sagrada e intangible que está presente en el escenario del mundo.
Por su parte, el ombudsman Raúl Plascencia Villanueva resaltó sobre este caso que los derechos a la vida, a la dignidad y a la integridad están incluidos en el catálogo denominado “Ius Cogens”, que contiene normas jurídicas reconocidas por la comunidad internacional.
El caso de los connacionales es de importancia nacional, si fueran culpables que paguen su delito por supuesto, pero habrá que luchar por su vida, tarea que le toca al gobierno mexicano para brindar todo el apoyo necesario. Habrá que ver cómo termina esta historia que tienen pocas esperanzas de recibir una sentencia absolutoria.
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