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“Matrimonio es una unión comprensiva en múltiples niveles, de un varón y una mujer, quienes en la promesa de fidelidad, exclusividad y permanencia, hacen un compromiso de permanecer juntos, no meramente a nivel afectivo, sino corporal, emocional, racional, volitiva y espiritualmente en una unión que es satisfecha con el nacimiento y crianza conjunta de sus hijos”.
Esta definición comprensiva de la condición humana proviene de fuentes sociológicas que claramente muestran que en familias destruidas, incompletas o sin padre y aun en hogares en donde sólo hay cohabitación, los niños se encuentran dos a tres veces con más probabilidades de experimentar “resultados negativos”, que los niños que viven en familias estables con padres casados. Estos resultados negativos incluyen: delincuencia, abuso de sustancias, embarazos adolescentes, abuso físico, etcétera.
Pedro Juan Viladrich (cf. Viladrich, Juan. “Agonía del matrimonio legal”. ICF, 1989. España) nos dice que “la raíz natural de la familia es el matrimonio y la raíz del matrimonio es la naturaleza personal del hombre (varón y mujer).
“La pérdida de la identidad del ser personal del hombre (en su masculinidad y feminidad) es la causa radical de la pérdida de la identidad del matrimonio y ésta, a su vez, es la razón principal de la pérdida de identidad de la familia, como célula natural y básica de toda sociedad auténticamente humana”.
Bradford Wilcox, profesor asociado de sociología de la Universidad de Virginia, quien ha elaborado estudios minuciosos sobre familias, muestra que jóvenes provenientes de hogares que crecen con un solo progenitor(a), tienen el doble de tendencia de ir a prisión, que aquéllos que crecen con ambos padres; y niñas cuyo padre las abandonó antes de cumplir los seis años, tienen siete veces más probabilidades de embarazarse en la adolescencia que otras adolescentes que crecen con ambos padres.
A nivel social más extenso, comunidades, barrios, estados y naciones cargan con el inmenso costo a nivel colectivo cuando las familias se destruyen. “La evidencia nos sugiere que el matrimonio biológico intacto es aún el estándar de oro” (cf. B. Wilcox. Conferencia dictada en la Universidad BYU “Defense of the Family: Natural Law Perspectives”, enero 2011), dijo Wilcox.
En sus conclusiones comentó que “el propósito clásico y función del matrimonio es integrar la biología, los convencionalismos sociales, la ley, etcétera, en un solo paquete que es la familia intacta formada por un hombre y una mujer en matrimonio”.
Aquéllos que quieren redefinir el matrimonio en uniones de amistad románticas y emocionales entre dos personas, a menudo ignoran la idea de la exclusividad de un varón y una mujer en la relación sexual.
A partir de aquí, esas personas no encuentran argumentos en contra del porqué entonces no puede haber tres, cinco o siete personas unidas en conexión emocional. De este modo conciben las relaciones sexuales y el cuerpo simplemente como instrumento para el placer.
El profesor George añade a lo anterior que “el fin final de la unión sexual es el bien del matrimonio en sí mismo… en este entendimiento tal unión no es meramente un bien instrumental, sino un bien intrínseco. El punto central y justificante de las relaciones sexuales, por tanto, no es el placer ni aun compartir el placer per se, sino el meollo de estas relaciones es el matrimonio en sí mismo… la unión comprensiva en una-sola-carne”.
Debido a que se incrementan las familias uniparentales, decrecen las tasas de nacimientos y más personas deciden no casarse, algunos nos preguntamos qué impacto tiene esta tendencia en la sociedad.
Históricamente, se explica que civilizaciones antiguas pasaron por este desprecio de la familia antes del colapso. El profesor Carl Zimmerman, sociólogo de Harvard, explica en su libro “Family and Civilization” acerca del “familismo”, esto es, el sostenimiento de las familias por las civilizaciones.
Afirma que la familia es la fuerza estabilizadora de las sociedades y cuando los valores familiares fallan, también falla la sociedad. Cada vez más historiadores profundizan en el periodo llamado “La Era Obscura” en términos de las familias y han descubierto que la caída de Roma tuvo algo que ver en este menosprecio a las familias.
Este libro, que fue originalmente publicado después de la Segunda Guerra Mundial afirma que “la familia es la institución central de nuestra sociedad y de nuestra civilización… necesitamos fortalecer a la familia para poder fortalecer a nuestras comunidades”. El matrimonio y la familia –dato histórico–, no sólo ha soportado todas las crisis, sino que ha acabado siempre por ser la síntesis de toda crisis sexual seria.
Linda Waite, profesora de sociología en la Universidad de Chicago recomienda profundizar en estadísticas duras y no sólo mencionar argumentos emocionales a favor del matrimonio tradicional. Ella dice que hay mucho más al decir: “Sí, acepto”. Las personas casadas, hombre y mujer, poseen niveles más altos de salud física, emocional y cognitiva, así como mayor potencial de ganancia.
La investigación muestra evidencias de que el matrimonio en sí cambia la elección que hacen las personas. Waite argumenta que cuando la elección cambia, también cambia el comportamiento que resulta en la mejora de la salud.
Utilizando el indicador más elemental de la salud, está claro que las personas casadas están en ventaja, ya que las gráficas muestran que la expectativa de vida es más alta para hombres y mujeres casados que solteros, viudos o divorciados. Esto se refiere a matrimonios tradicionales, no a cohabitación ni a arreglos parecidos o a otras alternativas al matrimonio.
Las gráficas no sólo muestran la longevidad de vida en los matrimonios estables sino que muestran niveles más altos de salud mental en la función cognitiva para matrimonios, que para personas solteras que viven solas, con otros adultos o con sus propios hijos.
“Es claro que para hombre y mujer el matrimonio mejora la salud mental y declina cuando pierden su matrimonio… en efecto, el divorcio o la viudez son tan angustiosos que estar divorciado o viudo deja una marca en la salud física para muchos años”, declaró Waite.
Aún más, cuando la persona vuelve a casarse y esto mejora la salud mental, no puede ya rehacer los dañinos periodos de poco sueño, falta de nutrición y ejercicio durante aquel periodo estresante.
Pero, ¿qué ocurre en la realidad? El obispo auxiliar de Madrid, Monseñor Juan A. Martínez Camino declaró recientemente algo muy parecido a lo que acontece en nuestro país: “En España, el matrimonio canónico y el matrimonio civil ahora son realidades totalmente diversas, con magnitudes que en nuestro país no tienen nada que ver… el matrimonio católico es una vez en la vida, no se puede repetir cuatro veces en cuatro años. Pero el matrimonio civil sí, incluso se puede repetir más”.
Enseguida se hizo esta pregunta: “¿Por qué hay cada vez más matrimonios civiles proporcionalmente al número de matrimonios católicos? Pues porque el matrimonio civil se puede repetir cuatro veces al año, cada tres meses. Con la actual legislación que permite las uniones homosexuales y la ley del divorcio exprés, el matrimonio civil no es la unión de un hombre y una mujer, sino de cualquier ciudadano por tres meses” –declaró el Obispo–.
Y finalizó: “El matrimonio civil es un contrato que a los tres meses puede ser disuelto por cualquiera de las partes de manera unilateral, así se convierte en un contrato mucho más leve que contratar un servicio de telefonía móvil” (cf. Conferencia de Prensa al final de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española CEE, Madrid, 28 Enero 2011).
Transcribo enseguida un señalamiento de P.J. Viladrich: “Lo que está en juego en el trasfondo de la crisis de la familia en el horizonte del siglo XXI es la suplantación o el rescate de la naturaleza natural del hombre, la enajenación o la salvaguardia de su condición y dignidad de persona humana, única e irrepetible, libre y responsable de sus actos.
“Cual sea la naturaleza de la persona humana –varón y mujer–, tal la del matrimonio y tal la de la familia. Cual sea la familia, tal la sociedad, tal el hombre. La claudicación o el reencuentro de la auténtica naturaleza de la persona humana es el ojo del huracán, la raíz de la crisis del matrimonio y la familia en el mundo contemporáneo, la causa nuclear del riesgo de una sociedad deshumanizada. Reconstruir el matrimonio y la familia –en consecuencia la entera sociedad– a la luz de las exigencias de la dignidad personal del hombre: ésta es la cuestión”.
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