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Sin titubear me respondió:
–El movimiento hippie. Proclaman las viejas ideas del socialismo utópico, como el amor libre, vivir en pequeñas comunidades, mantienen una abierta oposición a casi todo lo establecido por la actual sociedad, visten de modo estrafalario (según ellos, más “natural”) y consumen diversos tipos de drogas, desde mariguana hasta estupefacientes más fuertes como la heroína y la cocaína. Han hecho del pop rock su bandera para expandir su ideología que denominan “Psicodélica”. Lo que más me sorprende es que este movimiento se está extendiendo rápidamente entre algunos jóvenes de muchos estados de Norteamérica.
Este relato se me quedó hondamente grabado por las inmediatas consecuencias posteriores: como era costumbre que un buen número de estudiantes mexicanos se fueran a tomar cursos de inglés durante las vacaciones, en poco tiempo, cientos de nuestros jóvenes se vieron influidos por dicho movimiento y muchos regresaron notablemente cambiados, porque se puso de moda consumir drogas, habitualmente mezcladas con alcohol. A esa conducta se le llamaba coloquialmente “estar en onda” o “ser alivianado”.
Se pusieron como íconos o ídolos músicos, cantantes y guitarristas del rock, como por ejemplo: Bob Dylan, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Eric Clapton, o grupos, como: The Rolling Stones, The Who, The Beatles, Cream, Pink Floyd…
–El grupo revelación de Estados Unidos de 1967 ha sido The Doors con su cantante Jim Morrison, ¡son excelentes músicos! –me comentaba un amigo recién llegado de Los Ángeles, donde había estado estudiando durante varios años–.
Reconozco que muchas de las canciones de los grupos mencionados me gustaban. Eran melodías musicalmente logradas, porque algunos de ellos habían pasado por el Conservatorio de Música, aunque, en ocasiones, las letras de sus canciones transmitían su filosofía de vida.
Pero me quisiera centrar en Jim Morrison, vocalista de The Doors. Este año 2011, se cumplen 40 años de su fallecimiento a causa de sobredosis de heroína. Deliberadamente me he querido adelantar, antes de que comiencen los homenajes conmemorativos sobre este popular cantante, para analizar objetivamente su vida y su trayectoria artística.
Este grupo –The Doors– se dio a conocer en 1966, y propiamente su fama arrancó de 1967, con su éxito “Enciende mi fuego”, hasta 1971. En la gran mayoría de las letras de las canciones de su poeta y cantante, Jim Morrison, tienen un tono dramático, desesperado, fatalista, hedonista, que me recuerda la poesía de los llamados “Poetas Malditos” de la literatura francesa del siglo XIX, como Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud. En su canción “El fin” manifiesta el llamado “complejo de Edipo”, que analizó detalladamente el psiquiatra Sigmund Freud.
Se sabe que Morrison fue un autodidacta y un infatigable devorador de libros. Influyeron en él autores como Nietzche, Jack Kerouac, William Blake y, en forma especial, Aldous Huxley, quien recomendaba el consumo de drogas alucinógenas como el LSD.
Nunca llegué a comprender las actitudes de Morrison en el escenario frente al público, porque acostumbraba conducirse de forma exótica, estrafalaria. Siempre tuve la impresión de que en medio de su búsqueda afanosa del placer, era un personaje terriblemente solitario, incomunicado e insatisfecho con su vida: las drogas eran su evasión.
Se sabía que Morrison consumía alcohol y drogas fuertes y su música giraba obsesivamente en torno a la destrucción, a la muerte, a una existencia sin sentido y sin valores. Pienso que también fue influido por la llamada “Generación Beat” de la década de los 50, quienes proclamaban el nihilismo y la experimentación con las drogas para lograr originalidad en la creación artística.
De la misma forma, considero que el filósofo existencialista Jean Paul Sartre, logró calar en su modo de enfocar la vida. Para Sartre, ante lo absurdo de la existencia humana y del hecho de que “somos seres irremediablemente destinados a morir”, la única salida viable y soportable de ese “callejón sin salida” es el placer inmediato, el que se presenta “aquí, hoy y ahora”.
Morrison compuso algunas buenas melodías del pop rock, consideradas como clásicas, pero tuvo un final inesperado en París, cuando la muerte le sorprendió como consecuencia de sus excesos de barbitúricos y de su vida anárquica y caótica.
No deja de llamar la atención que su carrera artística duró poco más de cinco años y quedó truncada escasamente a los 27 años. Hay quienes piensan que se suicidó, pero es una versión no confirmada. Me parece que el epitafio de su tumba en Francia resume todo su tormentoso mundo interior: “Cada quien tiene su propio demonio”.
El año pasado se recordaron los fallecimientos de Janis Joplin y Jimi Hendrix. También por sobredosis. A ellos se le suman una larga lista de “superestrellas del rock”, como: Keith Moon, baterista de The Who, Brian Jones de The Rolling Stones, Kurt Cobian de Nirvana, Robert Johnson… Todos ellos también murieron siendo muy jóvenes y con un brillante futuro por delante por sus innegables talentos artísticos.
Otros más han estado internados –en diversas ocasiones– en centros de rehabilitación y desintoxicación de estupefacientes, como el requintista de The Rolling Stones, Keith Richards. Muchos otros quedaron con daños orgánicos y cerebrales irreversibles.
Uno de esos destacados guitarristas, Eric Clapton, en su canción “Mezcla Extraña”, da la impresión de que no sólo canta sino que les grita desesperadamente a toda su generación, a quienes se han dejado llevar por ese mundo autodestructivo de las drogas. Les canta: “Me dices que quieres ‘experimentar’ con una nueva mezcla de drogas, ¿qué clase de tonto eres? ¿No te das cuenta de que te estás jugando la vida?”.
Muchos jóvenes de diversos países, que siguieron a sus ídolos del rock y también se aventuraron en el consumo de barbitúricos perdieron la vida, otros sufrieron trastornos emocionales y cayeron en una adicción incontrolable.
Recientemente me comentaba un reconocido psiquiatra que las adicciones son compulsivas. Y que en muchas ocasiones, cuando una persona se aficiona al alcohol o a los estupefacientes, pierde el control, ya no es dueño de sí mismo y tiende a estar prácticamente todo el día pensando en el modo de volver a su adicción.
Sólo mediante una actitud humilde de pedir ayuda, de seguir cuidadosamente las indicaciones médicas y con un tratamiento adecuado de psicoterapia, pueden remontarse y salir adelante. Sabiendo, además, que esa adicción permanecerá en su conducta de por vida y que, si se descuida, puede tener una severa recaída.
Precisamente ahora que se está debatiendo en México y en otros países el tema de la legalización de las drogas y que, en ciertos círculos de jóvenes y en algunos antros de nuestro país, se ha vuelto a poner de moda el consumo inmoderado de alcohol y de algunas drogas, considero que viene bien hacer un balance sobre lo que ocurrió con esos “héroes caídos” del rock.
Deberíamos analizar cómo numerosos jóvenes que los imitaron destruyeron sus vidas, truncaron sus estudios y, por tanto, su carrera profesional, dañaron a sus familias, su noviazgo o su matrimonio, afectaron emocionalmente a sus hijos…
Una persona muy cercana a la estrella del rock, Jimi Hendrix (fallecido de sobredosis en 1970) revelaba lo siguiente: “No sé por qué le tienen tanta admiración. Al final, bajó mucho en su calidad artística. Era mi amigo y lo visitaba con frecuencia. Casi todo el día estaba drogado o dormido. Le rodeaban una nube de aduladores que le robaban su dinero y cuantas cosas de valor tenía; todos sus conocidos abusaban de él y Jimi no era capaz de defenderse.
“Su mente ya no estaba en este mundo. En sus últimos meses parecía estar completamente fuera de la realidad. Daba verdadera lástima verlo. No se necesitaba demasiada ciencia para saber que moriría víctima de su adicción a las drogas”.
Una reflexión oportuna sobre estos sucesos, es que –sin duda– las mujeres y los hombres de todos los tiempos tendemos naturalmente a buscar la felicidad. El ansia de ser felices nos acompañará en esta vida y en la Otra. Pero existen “puertas falsas” que conducen al precipicio, a la autodestrucción como ocurrió con el movimiento hippie y estos “héroes caídos” del rock.
Nuevamente observamos en nuestro tiempo a no pocos jóvenes que han perdido el sentido de sus vidas, sobre lo que realmente tiene valor. Parecería que sienten que la vida es sólo una broma, una interminable diversión, una larga y hueca carcajada.
Recuerdo que como una contra reacción a esta nociva tendencia, en la década de los 70, cuando predominaba la música disco, con cantantes como John Travolta y Olivia Newton John, se presentaban como modelos a jóvenes que se divertían sanamente en las fiestas, bailando alegremente en la disco, pero sin drogas, y se popularizó esta frase:
–Yo “paso” con las drogas. No quiero morir como un pobre hippie.
A la vuelta de 40 años, considero que resulta útil y provechoso recordar estos trágicos acontecimientos como el de Jim Morrison, tantas estrellas del rock y cientos de sus seguidores que murieron víctimas de las drogas y narrarlas a las nuevas generaciones, a quienes no les tocó vivir toda esa época de confusión masiva y desorientación ideológica, con la finalidad de que saquen –como se dice– experiencia en “cabeza ajena”.
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