Festejos del Bicentenario, ¿expectativas incumplidas?

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Prácticamente ha terminado el tan esperado 2010, un año especialmente importante para México, pues a lo largo de él se celebraron los 200 años del inicio de la Independencia de México y 100 del inicio de la Revolución Mexicana, dos fechas que cambiaron la historia de nuestro país.

Con poco menos de 2 mil 500 actividades –de acuerdo al Catálogo Nacional de Proyectos para las Conmemoraciones de 2010– el mejor conocido como “año del Bicentenario y del Centenario”, fue celebrado por muchos casi a regañadientes por diversas razones, la primera de ellas y de la cual mucho se ha hablado es la que concierne a los gastos que el gobierno realizó.

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La Secretaría de Educación Pública (SEP) aseguró a mediados de septiembre que fueron 700 millones de pesos los que se gastaron en el festejo del día 15 del mismo mes; que estaban destinados no más de 600 mil pesos en gastos de arrendamiento de equipo de fotocopiado, en el periodo que va de mayo de 2009 a diciembre de 2010, y que 670 mil pesos serían para papelería y artículos de oficina.

Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública, defendió en todo momento el presupuesto que se destinó para los festejos del Bicentenario; afirmó que fueron ocho los proyectos que concentraron el 75 por ciento de 2 mil 835 millones de pesos. Entre los grandes proyectos se encuentran el Parque Bicentenario, la Expo Guanajuato Bicentenario y la polémica Estela de Luz, que será colocada hasta el próximo año y que tendrá un costo de al menos 2 mil 900 millones de pesos, según el propio Lujambio.

Así, el exceso de gastos fue una de las principales quejas de los mexicanos, pues para muchos los festejos de 2010 se hicieron de modo irreflexivo, lo que derivó en un gran despilfarre de recursos.

Otro de los aspectos que opacó la conmemoración de las fechas antes mencionadas fue el tema de la seguridad en México; en los medios se leían y escuchaban con frecuencia preguntas del tipo: ¿en verdad tenemos algo que festejar?

Tomando en cuenta lo anterior, ¿los festejos del Bicentenario fueron lo que esperábamos?, ¿nos dejamos llevar por el espectáculo de las luces y los juegos pirotécnicos?, ¿eso fue todo?

Aunque para muchos el balance resulta contundentemente negativo, lo cierto es que además del espectáculo y toda la parafernalia inútil, durante este año hubo una amplísima oferta cultural y artística, brindada no sólo por el gobierno, sino también generada a partir del intercambio de información entre los medios de comunicación y la sociedad.

Entre los eventos más comentados que se realizaron, se encuentran: la exposición “México: 200 años. La patria en construcción”, que cuenta con 500 piezas históricas y artísticas; la “Expo Guanajuato Bicentenario”; además de la publicación de diversos materiales, como el “Diccionario del Español de México”, publicado por El Colegio de México.

Conciertos, exposiciones plásticas y fotográficas, obras de teatro, presentaciones de libros, muestras gastronómicas fueron algunas de las actividades –tanto del gobierno como independientes a él– que se enmarcaron dentro de los festejos del Bicentenario, cuyo lema fue “200 años orgullosamente mexicanos”.

Tanto la llamada “historia oficial” como su contraparte, “la historia verdadera”, tuvieron un papel protagónico; la oferta cultural y artística –que continuará hasta el año que está por iniciar– hizo que, de un modo o de otro, los mexicanos sintieran interés por su historia, lo que no puede calificarse como meramente negativo.

Si bien es cierto que las expectativas que se manejaban “Rumbo a 2010” no fueron superadas, tampoco podemos negar que entre el espectáculo y la irreflexión hubo cosas que valieron la pena.

 
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mmendez@yoinfluyo.com

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