¿Cómo va a ser México en 2011?

Estamos a poco más de una semana de concluir el año y siempre es positivo recordar lo que hicimos bien, lo que no hicimos tan bien y lo que definitivamente hicimos mal. Todo ello nos es útil para darnos cuenta de nuestras limitaciones, de las virtudes y los vicios que se manifiestan en nuestro actuar. Del mismo modo, la humilde revisión interior de aciertos y desaciertos permite encontrar la clave para reforzar el bien y erradicar el mal. Es el drama del ser humano.

Este 2010 fue un año complicado en muchos sentidos. La crisis económica global perjudicó a todos, en todos los niveles. Esto impactó negativamente en el bienestar social y en el desempeño político. El mundo entero vio entrar en crisis a un modelo económico sustentado en principios ajenos al respeto a la dignidad humana, lejanos a la solidaridad y a la subsidiariedad, olvidado de la promoción del bien común.

México, por su parte, celebró el año del bicentenario del inicio de la gesta que dio origen a la Independencia y el centenario de la Revolución. A lo largo del año, las muertes relacionadas con el narcotráfico llegaron a 12 mil 500 personas, entre los que se encuentran capos y mafiosos de alto nivel.

Además, en el Distrito Federal se hicieron reformas legislativas que atacan de frente al núcleo familiar y que descomponen la conciencia trascendente de la sociedad, todo como parte de un proyecto ideológico plenamente orquestado e identificable.

Con todo, no se pretende hacer un análisis exhaustivo de nuestro año 2010, porque eso toca a los expertos y pensadores. Más bien, la reflexión que se propone es simple y nada novedosa: el cambio que se espera y se desea para el mundo nace en el corazón de cada persona, en la decisión individual de hacer las cosas de un modo diferente, de hacerlas bien.

La solidaridad y la subsidiariedad son las virtudes que, fundadas en el respeto a la dignidad de la persona, orientan a una asociación hacia el bien común. Ése es el reto y ése podría ser nuestro gran propósito para el año 2011 y para los subsecuentes.

Podríamos comenzar nuestra transformación personal orientando la vida hacia el bien, hacia la realidad incontrovertible que es la verdad misma, inscrita en el corazón de cada persona. La ruta necesariamente pasa por reconocernos iguales y, en tanto personas, respetarnos y asumirnos responsables unos de otros.

¿Y qué hacemos con los débiles, con los que sufren, con los que no viven en igualdad de circunstancias? Emplear nuestro esfuerzo y recursos para que puedan superar la situación que les impide la ansiada plenitud. En ese momento estaremos colaborando en la construcción del bien común.

México vive profundos problemas por la ineptitud y complicidad de gran parte de los políticos que hacen sobrevivir al viejo sistema, es cierto; sin embargo, sólo a través de la vivencia de la solidaridad y de la subsidiariedad podremos dejar de excusarnos en el contexto y asumir nuestra responsabilidad colectiva.

México no es culpa de los políticos, es culpa de quienes pasiva o maliciosamente provocan que la injusticia y la corrupción se apoderen de nuestra vida pública; 2011 es un llamado para comenzar de nuevo. Podemos hacer que las cosas cambien. Sólo hay que comenzar por cambiar nosotros mismos.

 
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