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Ardavín transita por los entresijos que van desde el calentamiento global, a la posición a la que pretende regresar el PRI. Analiza los aciertos del PAN –ahora desde el gobierno– y señala fuerte los desaciertos de la transición, con una fineza y altura de miras que ya la quisieran varios en San Lázaro. Opina y propone; cuestiona y aporta; señala fuerte, y a la vez, contagia su visión, una prospectiva tan esperanzadora como actuante.
Sin desperdicio
Algo que admiro y respeto mucho en Ardavín Migoni es la claridad y tono directo con la que dice las cosas. Hay mucho en esa entrevista que nos permitirá comentar con usted, esperando que la pre-resaca-decembrina permita algo de lucidez, en medio de la posmodernidad bicentenaria.
Sólo por tocar un par de temas, vale la pena compartir algunas reflexiones con usted.
Temas álgidos
Es evidente que en nuestro México de cada día hay una cantidad de problemas enormes, pero el ex presidente de los empresarios mexicanos puntualiza y desglosa; describe y desmenuza.
Cuando habla de empleo, Ardavín es puntual: “El empleo no ha empeorado gran cosa, siempre hemos tenido problemas con el empleo. No hemos logrado un sistema de economía de mercado con responsabilidad social. No hemos podido reducir la pobreza de manera significativa, y esto es una asignatura pendiente, porque no crece suficientemente el país. Tenemos demasiados monopolios públicos y privados, y éstos nos hacen un daño muy serio”.
En efecto. Mis admiradas lectoras y lectores, ¿se han puesto a pensar que, para los legisladores priístas y petisto-perredistas, el empleo ha sido siempre un mecanismo de golpeteo mediático en contra de la transición, de Vicente Fox, de Felipe Calderón y del PAN?
Para nuestro gusto, eso es un simple y llano reduccionismo miope, porque ciertamente siempre ha habido problemas con el empleo en México. La razón es obvia: durante más de 70 años de priato, el tema –como muchos otros asuntos delicados– fue maquillado, soterrado y ubicado en la OTASI, la “Oficina de Trámites para Asuntos Sin Importancia”. Evidentemente, los medios tampoco abordaban tales temas por ser considerados políticamente no correctos.
Pero si usted recuerda, tampoco se hablaba de la pobreza, que sigue siendo asignatura pendiente como lo describe Ardavín. Sin embargo, el especialista apunta hacia la mejor opción para combatir la pobreza: instrumentar un sistema de economía de mercado con responsabilidad social que permita y haga más viable en el corto plazo el crecimiento del país.
Crecimiento, por cierto, que será factible en la medida en que vayamos eliminando los múltiples monopolios públicos y privados que, desde luego, han provocado daños graves a nuestro país.
En el terreno de la educación, los tópicos igualmente han servido para los golpes de espectacularidad mediática, pero nada más allá. Como si las bajas calificaciones otorgadas a México en este rubro fueran culpa de Calderón y de Fox. El quid del asunto se encuentra en que durante el régimen priísta siempre se negó la posibilidad de aceptar una evaluación –cuando menos– indicadores que hicieran posible medir el estatus de la educación en el país.
Ardavín reconoce una mayor transparencia en el tema, pero no se limita a la crítica ideológica o programática; ni se desgarra el Armani culpando a la ticher Gordillo o a los modelos de control sindical. Va más lejos al afirmar que sin educación de buena calidad, la competitividad global, la indispensable mejora en el ámbito de productividad, los mecanismos para asegurar el desarrollo y la autosuficiencia “son meras utopías”.
Nada más cierto, porque nuestros hijos ya no competirán con niños de Chihuahua, Oaxaca o de Nayarit. Ahora van a competir con niños malasios, japoneses, alemanes, chinos o indios. Eso significa que, o los preparamos para ser exitosos, o corremos el riesgo de que todos los esfuerzos se vayan –literalmente– por la alcantarilla. Por ello el llamado urgente del dirigente patronal: “lo más importante es que nos desarrollemos intelectualmente”.
El punto es clarificador porque no se trata de elevar los índices de erudición de la gente, sino de desarrollar capital humano generando personas cultas. Coincido plenamente. Un primer paso es que, tenemos que aceptar… que debemos cambiar.
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