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La Madre Teresa de Calcuta realizó labores de asistencia y caridad durante medio siglo, lo que le hizo merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1970. Fundó además una congregación, las Misioneras de la Caridad, que hoy se constituye como una red de cerca de 5 mil religiosas que se dedican a seguir su ejemplo, es decir, a asistir a pobres y enfermos.
Teresa de Calcuta murió el 5 de septiembre de 1997, cuando tenía 87 años; su vida es y seguirá siendo un ejemplo para el mundo, pues es la representación de la ayuda desinteresada, del amor hacia el prójimo y de la bondad, algo que hace falta cada vez más en nuestras sociedades.
Un acontecimiento sucedido en esta semana da cuenta de lo anterior y de la imperante necesidad que tenemos de darnos cuenta de que son personas las que nos rodean, y ellas son las que verdaderamente importan.
México y el crimen organizado, en la mira
Los efectos de las actividades que realizan las diferentes organizaciones criminales que operan en México, no se circunscriben únicamente al territorio de nuestro país; eso es bien sabido por todos, e ilusión sería suponer lo contrario.
Pero durante esta semana se dio a conocer una nueva faceta de tales efectos. El martes 24 de agosto se anunció el hallazgo de 72 cadáveres en una fosa ubicada en el municipio de San Fernando, en Tamaulipas. Los cuerpos, que presuntamente son de migrantes latinoamericanos indocumentados, fueron hallados por la Marina.
Alejandro Poiré, vocero del gobierno mexicano en materia de seguridad, aseguró que los cadáveres encontrados corresponden a migrantes ilegales procedentes de El Salvador, Honduras, Brasil y Ecuador. La línea de investigación que ha llevado la masacre intenta hallar la relación de los cárteles de narcotráfico del “Golfo” y “Los Zetas”, pues autoridades mexicanas afirman que las organizaciones criminales extorsionan y secuestran a migrantes indocumentados, con la finalidad de reclutarlos o sustraer sus pertenencias.
Después de esto, México atrajo inmediatamente la mirada de diversos países de Latinoamérica, que se movilizaron para indagar si en efecto sus compatriotas forman parte del lamentable evento (Honduras, Brasil y Ecuador). Por su parte, la Cancillería de México ha brindado todo el apoyo para que las investigaciones se lleven a cabo y se logre la identificación de los cuerpos.
La condena a la masacre no se limita a los países que se relacionan directamente (es decir, aquellos cuyos ciudadanos pueden ser víctimas) con el hecho sino que también se unieron gobiernos como el de Guatemala y el de Estados Unidos.
La crítica hacia el gobierno mexicano tampoco se hizo esperar, ¿cómo es posible que México exija el respeto a los derechos de sus patriotas, cuando no puede proteger a los migrantes en su territorio? Fue la pregunta que muchos se hicieron. Amnistía internacional (AI) se unió a la crítica y al mismo tiempo, envió personal a Tamaulipas para contribuir a las investigaciones.
De que se trata de un hecho lamentable, no hay duda; como tampoco hay duda que el problema de la migración ilegal no es exclusivo de Estados Unidos y que en todos los países representa un delicado problema en cuanto a seguridad. Tampoco queda duda de que es urgente frenar las actividades del crimen organizado.
Finalmente, es evidente que lo que hace falta es volver a tener una adecuada concepción del ser humano, aquella que permite que el hombre sea valorado como tal y que impide le sea arrebatada su vida por negarse a cooperar en actividades ilícitas, cuando todo lo que busca es el famoso “sueño americano”.
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