Hace cinco años, Joseph Ratzinger soñaba con retirarse para dedicar sus últimos años a lo que más le gusta: escribir, leer y tocar el piano. Sin embargo, su Señor tenía otros planes para él y Joseph los aceptó sin rechistar. En abril cumplió 83 años, una edad en la que la inmensa mayoría de las personas descansan desde hace años después de haber trabajado. El Santo Padre no sólo sigue trabajando a los 83 años, sino que sabe que lo hará hasta el día que muera. Esta situación debiera mover los corazones a la ternura, la consideración, el respeto, y así es en la mayoría de las personas. Sin embargo, sigue habiendo una minoría de enfermos de odio, rencor y, en muchos casos, eso quiero creer, ignorancia; dispuestos a hacerle pasar un calvario hasta que muera. Quisiera que mi corazón se llene de ternura y amor hacia ese venerable anciano, me gustaría decirle al oído que le quiero y ofrecerle mi hombro para que se apoye. No se lo puedo decir personalmente y por eso lo hago públicamente a través de este medio, algo en lo que él es un gran experto. Cuanto más le hieran, más me propongo ser fiel, defenderle y profundizar en sus enseñanzas. Dios saca del mal abundante bien nos dice San Pablo. Éste está siendo el caso, pero no dejo de conmoverme ante el sufrimiento injusto y despiadado que le están provocando. Felicidades querido Santo Padre en su 83 cumpleaños, y felicidades por su 5º año de Pontificado. Repitiendo el lema de Juan Pablo II: "Totus tuus". |