La película comenzó, y desde los créditos uno sentía en la atmósfera el toque de Tarantino, esa especie de humor y originalidad que lo vuelven único en lo que hace. El problema es que esa genialidad deriva en cintas violentas, pero que además son justificadas con el humor. Bastardos sin gloria (Inglorious Basterds) no fue la excepción. Técnicamente la película es una maravilla. La iluminación es espléndida, el uso de claroscuros recordaba al cine negro de los años 50, pero en lugar de componerse de escenas en blanco y negro, el color se encuentra a plenitud. Las tomas, principalmente los acercamientos (close up) están bien cuidados y son sumamente artísticos. ¡Y ni qué decir de los movimientos de cámara, de la forma en que el director se enfoca en los detalles! Magistrales. ¿Y de las actuaciones?, muy a tono dependiendo del tipo de escena que se presenciaba. Brad Pitt (Aldo Raine), como siempre, está adentrado en el personaje, distinto a sus otros trabajos. Mientras que Christoph Waltz (Coronel Hans Landa) se lleva la cinta. En cuanto al guión, escrito por el mismo Tarantino, es creativo y original en su estructura narrativa, pues se encuentra dividido en capítulos que la final convergen en una historia que trastoca la realidad histórica, ya que Bastardos sin gloria, presenta la versión de Tarantino de la Segunda Guerra Mundial, lo cual es completamente válido al hacer cine y crear ficción. Por su parte, la música es clave, es un recurso extremadamente bien aprovechado por el director no sólo para sentar la atmósfera sino para añadir dramatismo, humor o grandiosidad a las escenas, dependiendo del caso; o para pasar de momentos estridentes a un completo silencio. Asimismo, Tarantino hace uso de innumerables recursos más para acentuar sus propósitos, el más visible de ellos es la cámara lenta. Sin embargo, a pesar de tanta grandiosidad, la cinta tiene un gran pero; y ése es el argumento. Bastardos sin gloria narra una serie de historias paralelas. Por un lado se encuentra el teniente Aldo Raine, quien encabeza a un grupo de judíos estadounidenses que tienen la misión de matar a todo nazi que encuentren y quitarle la cabellera. Por otro lado, se encuentra Shoshana (Mélanie Laurent), una judía que ve cómo el Coronel Hans Landa asesina a toda su familia. Posteriormente, en París, cambia de identidad y se vuelve la dueña de un cine. Mientras que el coronel Landa es un detective encargado de exterminar a todo judío que encuentra en el camino. Cada uno emprenderá su venganza particular, algunos con el objetivo de exterminar a las cabezas del Tercer Reich y dar fin a la Segunda Guerra Mundial. El problema no se trata solamente de que la película presente violencia y asesinatos, sino la forma en que éstos son perpetrados, ya que en muchas ocasiones las actuaciones y los hechos son exacerbados para añadirle humor a las crueldades, lo cual sirve como desinhibidor y hace ver como bueno aquello que está mal; mandando un mensaje erróneo a nuestro subconsciente. Definitivamente, Bastardos sin gloria no es una película B-15, técnicamente es excelente, impresionante, pero tiene serias deficiencias morales que solamente explotan el morbo. |