Mabel Salinas
Dulce tentación fue un riesgo, y a pesar de ello, parece ser que valió la pena –para Fey– por la respuesta que ha recibido del público. No obstante, dejando a un lado las letras bobas, los arreglos son excesivos, las canciones monótonas, al igual que las letras, y el canto pasa desapercibido.

 

Fey regresó a la escena musical, después de tres años de ausencia, con su séptima producción Dulce tentación, la cual salió a la venta en el mes de abril y, hasta el momento, es uno de los discos más vendidos en México.

Su primer sencillo, “Lentamente”, se ha posicionado en los primeros lugares de popularidad en las estaciones de radio nacionales, y ha provocado reacciones favorables de sus seguidores, quienes, a pesar del cambio de imagen y la evolución de la intérprete, permanecen fieles.

En ese sentido, Dulce tentación es un disco novedoso en el que Fey afirma presentar un material más femenino y sensual, y en el que su sonido puede definirse como una fusión entre el pop y la electrónica (electro-pop), pero con toques “retro”, semejantes a la música de los años 80.

Este nuevo estilo es prácticamente opuesto al que manejaba al inicio de su carrera, cuando “Media naranja” se convirtió en un éxito entre adolescentes y adultos jóvenes. De hecho, la creación de su nuevo sonido requirió del uso de guitarras rockeras, para así obtener un “electroglam”, como lo define la artista.

Dulce tentación se conforma de 11 temas compuestos por la misma Fey, su hermano José Francisco Blázquez, Tiziano Borghi, y que fue producido por Sam “Fish” Fisher, todo bajo el sustento de una disquera independiente Mi Rey Music.

El hilo conductor del disco es el desamor, la venganza y la ira. Pero también se aborda la rabia que se desprende de un corazón roto, que eventualmente sana, cicatriza y se vuelve a entregar. Sin embargo, eso que Fey denomina como femenino, es un feminismo distorsionado, guiado por la ley del “ojo por ojo”.

Mientras que lo sensual es una sexualidad enaltecida por la venganza y la infidelidad, y como muestra, un par de ejemplos de sus letras: “Provócame, quiero serle infiel”, que se escucha en “Provócame”, mientras que en “Dulce manzana” repite la idea: “Soy pecado para ti, un placer sin fin, soy veneno para ti, morirás por mí”.

¿Y lo que quiso decir fue…?

Lo peor de todo es que por lo pegajoso de las canciones uno termina repitiendo semejantes tonterías, ¡háganme el favor! ¿En qué estaban pensando al escribir eso? Bueno, y ni hablar del tema “Sirena de Cristal”, porque no tiene ni pies ni cabeza…

Sobre otros más es preferible no abundar, pues creo que es suficiente con sus títulos para que se hagan una idea de la aberración que plantean, como: “Adicto a mi cuerpo” y “La viuda negra”… En cambio, el resto son más sensatos –aunque no por ello buenos–, se trata de “Cicatrices”, “La fragilidad”, “Dolerá”, “Volver a empezar” y “Borrando la historia”.

Dulce tentación fue un riesgo, y a pesar de ello, parece ser que valió la pena –para Fey– por la respuesta que ha recibido del público. No obstante, dejando a un lado las letras bobas, los arreglos son excesivos, las canciones monótonas, al igual que las letras, y el canto pasa desapercibido.

¿Por qué? Porque si bien Fey nunca se ha caracterizado por tener una gran voz, ni siquiera una como para tararear, en este álbum sus carencias vocales son más que evidentes, pues las canciones están prácticamente recitadas.

Más que una Dulce tentación, parece un martirio. ¿O tú qué opinas?

 
msalinas@yoinfluyo.com
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