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Conflicto entre familia y trabajo

En Europa, EU y en menor grado en México, se han implementado políticas que permiten que la mujer pueda formar una familia y seguir trabajando.

Para que las mujeres no vivamos el conflicto diario de dividirnos entre nuestra familia y el trabajo, necesitamos contar con diversos apoyos.


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Del gobierno, el cual debe promover políticas públicas que permitan que la mujer pueda ser madre, esposa y profesionista; el de las empresas, para que establezcan horarios flexibles, guarderías, permisos en embarazos, trabajo en casa; y, por supuesto, con el respaldo de los hombres, que como empresarios y como esposos tienen que incentivar que en esta sociedad haya mujeres equilibradas que formen familias sólidas.

En Europa y Estados Unidos, así como en México (aunque en menor grado), se han implementado políticas que permiten que la mujer pueda formar una familia y seguir trabajando.

Es importante mencionar que se ha visto que el hombre también está aprovechando estos apoyos, lo que nos deja ver que tanto una como otro deseamos un equilibrio en nuestras vidas.

Algunas de estas medidas son sencillas, pero a la vez de suma relevancia, por ejemplo:

- Flexibilidad en horarios.

- Trabajo de tiempo parcial (sólo medio tiempo o algunas horas).

- Jornada comprimida (mismas horas sin horario de comida).

- Respeto a horarios de entrada y salida.

- Turnos compartidos (dos mujeres con el mismo puesto).

- Prohibición de reuniones fuera de horario laboral.

- Trabajo en casa (aprovechando las nuevas tecnologías).

- Videoconferencias.

- Sabáticos y licencias.

- Guarderías y cuartos de lactancia.

- Centros deportivos.

- Fondos de ahorro.

- Ubicación del lugar de trabajo de acuerdo al lugar donde viven.

- Comedor, transporte, etcétera.

Estos beneficios, sin duda alguna, ayudan a que el trabajo no se convierta en el único y último fin de una sociedad, sino que sea un medio para que la familia viva.

Para lograr esta vital combinación de trabajo y familia es necesario hacer uso de todos nuestros recursos, aprovechando las características específicas que mujeres y hombres poseemos. Ambos somos seres humanos, pero visiblemente diferentes.

Estudios médicos y psicológicos han identificado distintos rubros que facilitarán o entorpecerán la obtención de una vida equilibrada. Entre ellos se encuentran:

a) Inteligencia: en la mujer, se basa en la facilidad de esta para personalizar. Las mujeres comprenden la totalidad de una persona o de un objeto, tienen mayor memoria verbal, capacidad de asociación y expresión verbal. Por su parte, la inteligencia masculina capta la realidad tal cual, sin personalizarla espontáneamente. En general, los hombres tienen más facilidad para el razonamiento espacial, numérico y lógico.

b) Metas y aspiraciones: las tendencias masculinas tienden a metas y retos; sienten más la necesidad de solventar sus necesidades físicas (alimentación, vestido, casa). Las tendencias femeninas son las de afiliarse a un grupo y buscan, en mayor grado, satisfacer sus necesidades sociales.

c) Emotividad: los hombres poseen una mayor estabilidad emotiva, que se ve reflejada en la acción. Las mujeres poseen una rica emotividad que se refleja en la comunicación de la misma.

d) Pertenencia: el hombre, cuando sale a trabajar, suele olvidarse de que tiene hijos. Las mujeres no lo podemos separar: en la oficina recordamos los pendientes del hogar, y al llegar a casa no olvidamos los del trabajo.

En este último asunto, he leído y escuchado entrevistas realizadas a mujeres con cargos públicos, y en su mayoría mencionan lo que para ellas significa tener una familia y un trabajo. ¿Cuándo escuchamos a un empresario o a un político hablar públicamente de su familia?, muy poco o casi nunca.

¿Cómo lograr que la familia y el trabajo no sean un conflicto?

Resolver la pregunta es una tarea de ambos. Hoy necesitamos a hombres y mujeres, papás y mamás involucrados en la formación de la familia, no solo trabajando por ella, sino gozando de ella.

Sabemos que la mujer está condicionada por el hecho biológico de poder ser madre, pero jamás esta cualidad la disminuye. Es momento de verlo como algo positivo, que la engrandece. Esta visión nos ayudará a rescatar a la familia y a la humanidad.

Un cambio de postura en los hombres, su apoyo material y moral en esta importantísima y nada fácil tarea de la vida familiar, será un gran paso; quizá el único efectivo para que la mujer logre la sinergia, sin agotarse, de las dos tareas: madre y profesional.

Por otra parte, si quienes hacen las leyes y sobre todo quienes las llevan a la práctica, no facilitan con medidas inteligentes la compatibilidad de estas facetas, la mujer seguirá siendo la más afectada. Pero con ella también se daña a la sociedad, a la empresa y a la política, que dejarán de recibir el valor añadido de las cualidades propias del sexo femenino, absolutamente necesarias en todos los niveles para humanizar la vida.

No hay más, el hombre debe asumir el cambio; es él quien tiene que buscar la complementariedad de la mujer. Esta realidad bien asumida hará que la sociedad progrese y, en definitiva, construya.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 


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