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La Oración enriquece a la persona que ora, ¡y a quienes la rodean!

Cuando oramos entramos en una dinámica de diálogo con Dios, que nos hace todavía más dignos, que enriquece al que ora y también a quienes le rodean.

El rincón del loco; 26 julio 2016

 En una ocasión, a un sacerdote que estaba en Japón en una universidad, trabajando en un centro de idiomas, en donde no es tan fácil evangelizar, se le acerca una de las alumnas y le dice: “Oiga, ¿usted habla con Dios?” El sacerdote le responde: “Sí, claro, todos los días”. Emocionada, le contesta la joven: “¿Le podría decir esto?...”. Y le da un papel con una lista de unas tantas cosas que quería decirle a Dios y que no sabía que ella misma podía decírselas.

El sacerdote se quedó impactado de esta joven que confiaba tanto en la oración, incluso él mismo pensó que lo hacía más que él. Porque esta mujer no sabía que podía hablar con Dios, pero sí sabía que él lo hacía y que la oración tenía un papel y un poder muy especial.

¡Tú y yo sabemos que podemos hacerlo!

El día de ayer, en un lugar donde tenía que dar una plática, un señor se me acercó, un señor que no compartía la fe pero sí la creencia en un único Dios. Me dijo: “¿Sabe cuál es el problema de su Iglesia? ¿Sabe cuál es la clave que los ha hecho llegar a donde están ahorita?” Yo estaba muy interesado y quería saber la respuesta. Me dijo: “Ustedes han roto la conexión directa que las personas pueden tener con Dios”. Me quedé frío.

Y es cierto. En algunas ocasiones, lejos de impulsar a que seamos cada uno de nosotros los que tengamos ese diálogo personal con Dios, a veces ponemos intermediarios que no son sanos. El mensaje de Cristo es orar sin desfallecer, hagámonos uno con el Padre. Y ése es el gran poder de la oración.

¿Qué hay detrás del poder de la oración?

Lo primero y más grandes, es que evidentemente podemos entrar en comunión con Dios. ¡Tú puedes hablar con Dios y Dios te habla a ti directamente! Y eso se da en la oración.

Cuando oramos, entramos en esa dinámica de diálogo con Dios; y eso nos hace todavía más dignos, porque somos capaces de hablar con Aquel que nos ha hecho. ¿Lo has intentado alguna vez en tu vida? ¿Te has dejado tocar por esa cercanía con Dios?

Y fruto de esa cercanía con Dios, en segundo lugar, Dios nos derrama muchísimas cosas en la oración; es como un gran amigo que cuando lo vas a visitar, claro que saca todo lo que tiene de sí, sus mejores historias; pero también lo mejor que tiene en su casa, y te da el mejor de sus abrazos porque te quiere y te  aprecia.

Y ese Padre que es nuestro, cuando entramos en oración con Él, también nos da todo aquello grandioso que tiene preparado para nosotros. Y lo podría resumir en dos grandes cosas: primero, su voluntad; es un Dios amoroso que en esa oración nos revela aquello que más nos conviene a nosotros, nos da el mejor de los consejos, el consejo de nuestra vida. Y en segundo lugar, es un Padre amoroso que en esa oración nos regala todo lo necesario para poderlo hacer, porque la oración también es un lugar de gracia y, junto con los sacramentos, vitaliza nuestro ser para poder cumplir su voluntad, que es lo que nos hace plenos.

En la oración nos encontramos con Dios. En primer lugar, en la oración nos regala su voluntad; y en segundo lugar, su gracia.

Pero la oración también es como un gran trampolín

Cuando uno va la oración, uno sabe que adelante tiene un mar sin orilla enorme, pero la riqueza es que lo tiene, y esa es la oración, el lugar desde el que brincamos con ilusión, como lo hizo Pedro al bajar de la barca. Empezar a caminar por aquellos lugares que factiblemente, si no fuera por la oración, ni siquiera sabríamos que existen, ni siquiera nos atreveríamos a empezar a incursionar. La oración es un gran trampolín para la vida; y cuando te subes a ella, puedes hacer grandes acrobacias durante tu existencia que van a beneficiarte a ti y a quienes nos rodean, porque alguien que ora vive muy diferente.

¡Acerquémonos a esta gran riqueza de la oración, la que nos acerca a Dios, nos regala todas las divinas gracias de Dios y nos impulsa a una vida mucho más apasionada, mucho más trascendente, mucho más rica de tantas maravillas!

Ojalá cada día, por esta cercanía a Dios, logremos hacer un pequeño mundo un poquito más loco, un poquito más divertido, poco más lleno de ese Dios que tanto nos ama.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com 

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