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“No pago para que me peguen”

Julio Scherer García, contradictorio, pedía apoyo a su amigo Juan Sánchez Navarro, mientras él “golpeaba” a los empresarios en las páginas de “Excélsior”.

Pronunció esta frase el presidente López Portillo (JLP) el 7 de junio de 1982, a 6 meses de entregar el poder, en el acto para celebrar el llamado “Día de la Libertad de Prensa”, que ya no incluyó un banquete fastuoso de los editores de los diarios capitalinos con el mandatario y su gabinete, que organizaba el coronel José García Valseca, dueño de la cadena de periódicos de ese nombre, desde el sexenio de Miguel Alemán.


México; Julio Scherer


JLP fue elegido presidente de México en julio de 1976 sin rival al frente, pues Valentín Campa, candidato izquierdista, no fue reconocido legalmente porque su partido, el comunista, no tenía registro y JLP ganó sólo con el voto de su mamá –como él expresó– aparte de los millones que recibió.

Poco después mi compadre Luis Islas García me invitó a cenar en su departamento (calle Marsella/Col. Juárez); asistieron el licenciado Juan Sánchez Navarro (JSN), líder de la iniciativa privada, y varios compañeros de ambos de luchas estudiantiles en la Unión de Estudiantes Católicos (UNEC), como la de la autonomía de la Universidad Nacional. El ambiente fue muy cordial.

Como el 8 de julio de 1976, apenas pasada la elección, Julio Scherer García había sido expulsado como director general de “Excélsior”, se le preguntó a Sánchez Navarro, amigo de Scherer, su opinión al respecto.

JSN reafirmó que Julio era su amigo desde estudiantes, coincidió con él y con algunos de los presentes en Mascarones, escuela de altos estudios de los jesuitas (antecedente de la Ibero) cuando aquél era sinarquista y aún no periodista.

Prometió dar su opinión sincera entre amigos, sin afán de denostar a nadie, para que  cada quien sacara sus conclusiones.

Recién llegado a director, Scherer empezó a dar inclinación socialista a “Excélsior”, lo que preocupó a los líderes empresariales, quienes pidieron a JSN, su amigo, se lo transmitiera.

Al hacerlo, Julio arguyó que no había tal, que deseaba seguir siendo amigo del sector privado, clave en la economía nacional, pues le interesaba mucho su publicidad para el diario. Ya se convencerían…

Los miembros del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), cúpula de la IP que presidía Sánchez Navarro, no le creyeron, pues Julio siguió fustigándolos y publicaba notas contra cada uno de ellos por turno. De nada sirvió que JSN lo reconviniera de nuevo.

Scherer insistió en que veían moros con tranchetes y pidió a su amigo Juan que lo ayudara y los convenciera para que no le retiraran la publicidad. Finalmente le retiraron toda, incluso los planajes de entonces, de las campañas de los grandes almacenes y cadenas, las convocatorias de las cámaras y confederaciones y hasta los simples anuncios.

La reacción indignada de Julio fue inmediata; dijo a JSN que los empresarios verían el peso de “Excélsior”; se quejó con el presidente Echeverría (LEA) e imploró su ayuda para resarcir las pérdidas económicas, sobre todo para no perjudicar a mil familias de cooperativistas que dependían del diario (mintió, pues estaba muy lejos de tener mil socios; si acaso eran 650).

Subrayó que era la represalia empresarial por el apoyo de su periódico a la política de su amigo el presidente Echeverría.

LEA ordenó a Horacio Flores de la Peña, secretario del Patrimonio Nacional, resarcir del todo a “Excélsior” de las pérdidas que Julio reportara; dicha ayuda se disfrazaría como campañas de las secretarías de Estado y paraestatales, inventadas ex profeso; incluida la Lotería Nacional, que fue la proveedora, dirigida por Carlos Arguelles.

Scherer pidió, a la vez, a JSN indicara a los capitanes del dinero que no les guardaba rencor y observaran cómo enmendaría la política editorial de “Excélsior”, y que esperaba en correspondencia, le devolvieran la publicidad.

Juan Sánchez Navarro le contestó que si le daba argumentos para convencer a sus colegas y garantías de que no se retractaría, él le ayudaría a recuperar la publicidad. Pero Julio no reveló que los había exhibido como enemigos de Echeverría, lo que JSN supo por otros conductos.

Scherer se apresuró a agradar a los cresos. Al recuperar sus anuncios, se lo ocultó a Flores de la Peña y siguió cobrándoselos al gobierno. Pero al tercer mes el funcionario le dijo que ya no habría de piña, y si quería se quejara con LEA, quien ya estaba informado de su maniobra.

Sánchez Navarro no criticó a Julio en la cena; sólo comentó que si, como pregonaba, quería ser independiente del gobierno, no le hubiera pedido ayuda a LEA, y menos vuelto a atacarlo vitriólicamente, en correspondencia por el gran favor que le hizo. Eso era morder la mano que le había tendido.

Esto lleva a recordar que Francisco Galindo Ochoa contó que apenas llegó a jefe de prensa de López Portillo el 29 de enero de 1982, recibió una llamada de Scherer, invocando la amistad que los ligaba y lo invitó a desayunar.

Don Pancho aceptó y Julio le pidió conseguirle una cita con su primo JLP (eran lejanos). Galindo le sugirió que primero dejara de atacar al Presidente en “Proceso”, y con gusto le conseguiría la audiencia.

Scherer lo prometió. Gran sorpresa se llevó Galindo el domingo siguiente al abrir “Proceso” y ver en la página 3 una caricatura en que Naranjo ponía de oro y azul a JLP; tomó el teléfono, le mentó la madre a Julio y colgó.

Julio le llamó de inmediato y le pidió que no se indignara, con la peregrina excusa de que él no podía coartar la libertad de expresión del caricaturista.

(Similar ardid repitió Julio con Manuel Alonso, jefe de prensa del presidente De la Madrid, cuando apenas había tomado posesión y tuvo idéntico desenlace. Eso indica el entecado proceder de Scherer).

Galindo ordenó a las dependencias oficiales suspender toda publicidad a “Proceso”, y lo tomó como cruzada, con incidentes como éste:

Al publicarse en “Proceso” un pequeño anuncio del INBA, Galindo le habló a Juan José Bremer, entonces director del organismo, y le reclamó tal proceder.

Como el ex secretario particular de LEA argumentara que atendería su indicación cuando expirara un convenio de publicidad que tenía con la revista, la respuesta galindiana fue terminante: O suspende los anuncios a “Proceso” desde ya, o envíeme su renuncia para llevársela al Presidente, y dela por aceptada.

Julio respondió a la cruzada con críticas más ácidas a “su primo”, quien el siguiente 7 de junio, “Día de la Libertad de Prensa”, dijo aquella famosa frase:

“No pago para que me peguen”, señal de que Galindo lanzó la cruzada con plena autorización suya y no estaba dispuesto a que Julio recibiera por un lado publicidad del gobierno y por el otro lo vapuleara, so pretexto de la libertad de expresión.

Libertad en que se escudó Scherer para publicar años después en “Proceso” una entrevista al capo Ismael El Mayo Zambada, jefe máximo del cártel de Sinaloa, tras la primera captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera.

Ahí, El Mayo retó al gobierno e hizo una apología de su actividad criminal desde la portada de la revista, con foto y la leyenda: “Julio Scherer García en la guarida del Mayo Zambada”.

¿Debió la PGR citarlo a declarar por encubrir al criminal? Sin duda, porque esa apología no fue gratis.

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* Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 


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