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Inteligencia emocional, tan importante como las destrezas y el CI

La inteligencia emocional es tan importante como las destrezas técnicas o el coeficiente intelectual, para determinar el buen desempeño.

Una organización es un sistema diseñado para alcanzar ciertas metas y objetivos; estos sistemas pueden, a su vez, estar conformados por otros subsistemas relacionados que cumplen un objetivo específico. Toda organización lleva de manera intrínseca la conformación de grupos sociales de personas que desempeñan tareas basadas en una estructura sistemática para cumplir objetivos. El cumplimiento de estos objetivos está ligado con las capacidades previamente ya alcanzadas por las personas que conforman las organizaciones, como puede ser el aspecto académico.


Inteligencia emocional


Esta parte fundamental –el profesionalismo y la academia– es vital, porque proporcionan herramientas que ayudan a realizar una labor, minimizando los errores. Sin embargo, no es suficiente para que los objetivos de las organizaciones sean alcanzados, ya que en la formación de grupos sociales se da la interacción de personalidades, basadas en emociones, sentimientos, ideales, que pueden influir en los resultados obtenidos en una tarea específica.

Se necesita también la capacidad de “percibir, regular y comprender” emociones propias y la de los interlocutores de la organización. Teóricos como Daniel Goleman la han llamado “Inteligencia Emocional”.

Actualmente me he dado la tarea de realizar un trabajo de investigación en este tema, que permite observar las fortalezas y debilidades de lo que engloba la inteligencia emocional en las organizaciones, para dar soluciones, buscar estrategias tangibles, que fortalezcan y generen objetivos organizacionales, valorando la dignidad de las personas.

Realicé un estudio de investigación en la Universidad Latina de Panamá. Se tomó como muestra 100 estudiantes comprendidos en los siguientes grados académicos: pregrado, posgrado y maestría. Comparto una pequeña muestra de este trabajo de investigación, estos datos fueron obtenidos mediante una encuesta, una de las preguntas generadoras fue la siguiente:

Cuando compartes ideas, sentimientos, perspectivas, ¿cómo reaccionas con alguien que no está de acuerdo con tus opiniones?

A continuación los resultados obtenidos:

Indiferente: 52.75%.

Feliz: 9.89%.

Te enojas: 8.79%.

Discutes: 27.47%.

Golpeas: 0%

No contestó: 1.10%.

Total: 100%.

Es relevante que la mayoría de las personas se muestren indiferentes, al no estar de acuerdo con otras opiniones. Se pudiera decir que se prefiere reprimir y bloquear emocionalmente, posiblemente para no verse afectadas. Es parte de la naturaleza humana buscar mecanismos psicológicos y alicientes que mitiguen toda sensación contraria al bienestar.

En un segundo lugar, las personas se enojan al diferir en opiniones; esta sensación tiene que ver con el desagrado, la ira y la frustración ante determinadas situaciones. El enojo también puede surgir a partir de la presencia de amenazas a la supervivencia, en este caso sobre perspectivas personales como una opinión. Se podría suponer que el enojo se hace visible a través de ciertos síntomas, como pueden ser la violencia física o verbal hacia otros, el enrojecimiento de la piel, la sudoración, las palpitaciones, la sensación de impotencia, dolor de cabeza o de estómago, tensión muscular y, en algunos casos, la necesidad de moverse continuamente como signo de ansiedad.

En tercer lugar, las personas expresaron reaccionar de manera Feliz ante opiniones distantes a las personales. La felicidad es un estado emocional positivo que los individuos alcanzan cuando han satisfecho sus deseos y cumplido sus objetivos. Puede resultar contradictorio que al estar en desacuerdo con una opinión, las personas experimenten felicidad, pero a su vez se pudiera decir que esta emoción positiva viene medida por la capacidad que hay en cada persona de dar soluciones a los variados aspectos que conforman su vida cotidiana. En este sentido, las personas que se identificaron con la felicidad, probablemente poseen una satisfacción en sus necesidades, lo que las lleva a sentirse autorrealizadas y plenas, a pesar de no compartir opiniones con otros individuos.

En una organización emocionalmente inteligente, los colaboradores tienen como responsabilidad el aumentar sus propias habilidades. Es importante destacar que los primeros en cultivar estas habilidades deberían ser los mayores dirigentes de las organizaciones (presidentes, jefes, gerentes) mediante el desarrollo de la autoconciencia, el control de las emociones y la automotivación. Que propicien técnicas de comunicación eficaces, un buen conocimiento interpersonal, en donde todos se sirven de esta inteligencia para aplicar todas las mejoras a la organización.

La inteligencia emocional es un gran campo por explorar y el cultivo de la misma nos podría llevar a tener organizaciones altamente eficaces. La educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias. Es por ello necesario que sea tomada con relevancia por los entes educativos, ya que llevaría a desarrollar personas con habilidades para resolver conflictos, convencer, establecer consensos, reconocer el punto de vista del otro y trabajar en equipo.

La inteligencia emocional es tan importante como las destrezas técnicas o el coeficiente intelectual, para determinar el buen desempeño.

La capacitación contribuirá al aumento de estas estrategias en las personas que aprecien el papel que juega la inteligencia de las emociones en el lugar de trabajo, partiendo desde una motivación intrínseca y de autoformación.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 


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