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Recordemos que desde hace algún tiempo la falta de pago de las hipotecas en EU aumentaba hasta niveles muy preocupantes, particularmente entre las familias con menos recursos, a consecuencia de que durante años los tipos de interés bajos crearon un escenario en el cual los ciudadanos pedían dinero y los bancos lo daban sin demasiados miramientos.
Los 17 incrementos de tipos de interés de la Reserva Federal consiguieron generar una tasa de morosidad en este tipo de producto del 14 por ciento. Las entidades financieras de inversión que no habían revisado sus carteras descubrieron que tenían en sus productos paquetes compuestos de deudas de diversa calidad. Las de menor solvencia habían sido compensadas con los buenos, pero con el aumento de insolvencia saltó la alarma y cualquier paquete que tuviera un mínimo activo subprime quedó en cuarentena. Nadie los quería, eran innegociables y se convirtieron en garantías financieras inservibles.
Los fondos que basaban sus inversiones en inversiones sofisticadas, compuestas de paquetes mixtos, como los de la empresa Bear Stearn, quebraron; otros se saldaron con pérdidas nunca vistas hasta la fecha. Las entidades bancarias tradicionales se infectaron poco después, ya que gran parte de sus inversiones estaban en productos subprime, de manera que arrojaron pérdidas.
Algunos bancos alemanes y suizos se tambalean; la falta de transparencia entre las entidades provocó una falta de confianza que desembocó en la restricción de crédito para clientes, y en la fractura de su principal modelo de negocio. El retiro de dinero masivo mostró la debilidad de algunos bancos.
Como consecuencia, se cerraron la posibilidad de adquirir nuevas hipotecas, provocando el encarecimiento de las existentes. El primer sector en sufrir las consecuencias fue el inmobiliario. A continuación, el desequilibrio financiero generó desconcierto en otros sectores, el consumo cayó y el desempleo aumentó. En otras palabras, la crisis que emergió de unas hipotecas sin respaldo se transformó en desempleo.
Se hicieron cada vez más comunes las noticias sobre quiebras, suspensiones de pagos y cifras macroeconómicas que denotaron lo que se negaba hasta hace pocos meses; se había atravesado el umbral de una profunda crisis que trajo como consecuencia un efecto decreciente de las economías, la volatilidad de los principales indicadores de las bolsas de valores y la caída en la capacidad de endeudamiento industrial.
La realidad nos presenta un panorama cada vez más difícil, la caída del consumo en el mundo y sobre todo en Estados Unidos ha provocado que la compra-venta de materias primas de los países emergentes –incluyendo a China y a India– se reduzca, y sus mercados de inversión estén perdiendo en algunos casos casi la mitad de su valor.
Los banqueros que implementaron las políticas subprime, causantes de la crisis, solicitan al gobierno de Obama rescates financieros millonarios, ¿y los demás, los que no cometieron el error pero hoy no tienen empleo, serán rescatados?
Son préstamos que se ofrecen a las personas con dificultad para obtener un crédito, y, a pesar de no disponer de avales, pueden acceder a un préstamo con un tipo de interés de un 5 por ciento o más sobre el tipo de interés habitual en el mercado para los préstamos hipotecarios, con lo que se intentaba cubrir el riesgo de falta de pago.
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