El problema de Dios
| 20 de Febrero de 2009
Los ateos han lanzado a Dios a la palestra sin saber que el problema de Dios estaba ya servido. Cuando Él fue arrancado del Cielo y depositado en un pesebre para iniciar la Redención del hombre, no imaginó hasta qué punto crearía controversia y con el andar de los siglos, enconamiento y odio, plasmado hasta en los transportes públicos de las grandes urbes.
Si los ateos niegan a Dios, bien puede ser que los que creen no sepan defender su convicción, cobardes e inseguros aún del Bien que aman. Y el destino colocará a unos y a otros frente al juicio del fin de los tiempos. Entonces no valdrán las excusas, porque las ideologías refractarias al Amor pasan y mueren, pero sólo la Verdad permanece y salva.
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