Leyes antivida
| 15 de Agosto de 2008
Conclusión: ningún grupo es de fiar. A quienes no les importa Dios, menos les importará la vida. Los que se arrugan ante el problema, aunque se crean creyentes no son tales, pues obran contra la manifiesta voluntad divina, expresada en el quinto mandamiento.
Los creyentes cristianos proclamamos aquí y ahora; hoy y siempre y en todas partes: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Obedeciendo a los hombres y desobedeciendo a Dios, no hay cristiano que valga. Es incoherencia, pues se legisla contra Él, autor de toda vida. Un cristiano sabe que Dios -el único vivo y verdadero- no es insensible ni indiferente ante una ley antivida; le afecta, le ofende, le repugna, la rechaza y condena.
No priva de su libertad a los que obran mal, pero siempre serán éstos responsables en conciencia de su mal obrar. Éste es el auténtico problema al promulgar leyes injustas.
Conclusión: por lógica, coherencia intelectual y sentido común, podemos decir que nada bueno cabe esperar de las leyes antivida. Se priva violentamente a los seres más inocentes e indefensos, y encima se quiere justificar la barbarie apelando a los derechos de la madre.
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