Comer para trabajar

“Comer para trabajar” es una frase que escuché hace muchos años, contraria a la tradicional de “trabajar para comer”. Y tiene sentido, porque una persona bien alimentada y a sus horas, es natural que vaya a su empleo y haga sus tareas con ánimo y optimismo. Caso contrario, al estar su estómago vacío, estará débil y enfadada y la frustración hará presa fácil de ella, destruyendo su conducta. También cabe el “comer para estudiar”. Millones de niños han ido y van a la escuela, como decían las abuelas, con la “panza de violín”, o sea, en ayunas.

No comer –o mal comer–, que deviene entre otras causas por la falta de oportunidades, incultura, desempleo, salario que no garantiza las mínimas necesidades del hombre y la familia, descompone el tejido social. Los legisladores comen bien y a sus horas –ya en su casa, restaurantes u oficinas–, igualmente debería pasar, al menos en los hogares, con los trabajadores y empleados. ¿Por qué la diferencia, la desigualdad, si ante la ley todos los mexicanos somos iguales?

México ha cambiado. Domina una nueva y minúscula élite, pública y privada, que disfruta y tiene todo, mientras que, un abrumador 70 por ciento, integra una mancha carente de todo. Según especialistas, a mayo de 2008, las fortunas de los ricos se incrementaron en centenas o miles de millones de dólares y los salarios de la plebe habían perdido un 75 por ciento de su capacidad de compra. Ahora, son golpeados por diversos factores como el alza en los precios del crudo, mayor demanda de alimentos por parte de algunos países, como China e India, destinar alimentos a la fabricación de combustibles y otros más que se quieran o inventen.

La verdadera causa de que, particularmente millones de mexicanos sufran hambre, desempleo y pobreza, es la ausencia de políticas para integrarlos a la educación y la falta de programas para impulsar el desarrollo y el empleo sustentable. Se carece de una economía interna sólida y una sociedad autosuficiente. Falta la capacidad, sensibilidad y honestidad de políticos y empresarios. Esa hambre se traduce en pobreza de las mayorías y sus efectos están en la caída en la venta de autos, atrasos en pagos de renta de casa, en las mensualidades del soñado auto; en ese tormento que son las tarjetas de crédito y en el 30 por ciento de reducción en la compra de la despensa familiar.

El panorama es desolador, reflejado en las carencias y demandas de las mayorías y en la cartera vencida en tarjetas de crédito, que rebasa los 71 mil millones de dólares. Educación, empleo, salud, justicia e igualdad no son prioridad. El hambre es y está canija. Un informe de la CEPAL señala que unos 120 mil niños murieron de hambre en AL en los últimos 10 años y que cada año, 400 mil fallecen a causa de la pobreza. ¡No a la privatización de Pemex!

Al calvario de los desesperados mexicanos, se agregan los abusos que se comenten con el consumo de la luz y que se encarecen por la corrupción, a la que ceden los usuarios con la esperanza de obtener un ahorro. Y no se diga el impacto por el incremento en los combustibles, que repercuten en todos los órdenes del consumo y de servicios. Es necesario el ajuste en  tarifas y precios en transporte, servicios y productos, ante el alza en insumos y por factores externos. Es la sesuda explicación que empresarios, políticos y autoridades dan para que se comprendan los encarecimientos.

Por el contrario, nunca nadie ha dicho, ante la exclusión de que son objeto millones de hombres y mujeres, que habrá más empleo y que se hará a los salarios un ajuste en relación al costo real de la vida, para aliviar las penas y desesperanza en que viven millones de pobres y de miserables. Sin duda, con rencor se enteran, ven, oyen y leen, las informaciones de los medios sobre lo que ganan y en lo que gastan holgadamente las élites públicas y privadas: comidas, ropa, autos, viajes, celulares, seguros de vida y médicos, asesores, escuelas en el extranjero para sus hijos, casas, ranchos y departamentos en el extranjero, más un sin fin de propiedades... La percepción general de la sociedad es que los empresarios son multimillonarios y los políticos también, y no están equivocados, son una selecta clase de suprema categoría...

Ante la crisis que golpea a los desiguales, surgen las brillantes ideas y propuestas. Premios en metálico, como estímulo, a maestros que se destaquen en su labor y a policías que hagan una detención directa de un delincuente. Otros genios de la grilla, consideran que es urgente, como en el pasado, un aumento de emergencia a los salarios. Mismos problemas y mismos remedios y chata imaginación para el mismo cáncer que persiste, porque nadie decide la medicina correcta que debió aplicarse, décadas y sexenios atrás: igualdad y justicia. Es incomprensible que siga promoviéndose la desigualdad al premiar a unos por lo que deben hacer, por lo que es su deber y obligación.

La desigualdad ha sido empujada inhumanamente, creando sectores especiales como telefonistas, electricistas y petroleros, por citar algunos, en una clase superior dentro del espectro poblacional, pues disfrutan de mejores salarios, prestaciones y beneficios. ¿Por qué? La mayoría devenga entre 1 y 2, y 4 y 5 salarios mínimos. Es una mancha desnutrida que apila a 45 por ciento de los trabajadores que carecen de seguridad social, más aparte está ese enjambre de viejos, jubilados que sobreviven con pensiones de hambre. Un mundo injusto por falta de legislación y leyes que aseguren la tranquilidad social y estimulen la inversión, producción y empleo. Y porque en caso de haberlas, no se aplican ni respetan. Aquí y ahí debe estar enfocado el nacionalismo.

El ingreso anual de los mexicanos supera los 7 mil dólares, pero más de la mitad de la población es pobre y de ella, el 17 por ciento vive en pobreza extrema, con menos de 1 dólar al día. Una minoría tiene ingresos que van de los 100 mil a los 600 mil dólares al año –más que en otras naciones–, entre los que destacan los magistrados de la SCJN, que ni haciendo bien, eficiente, justa y honestamente su trabajo lo justificarían ni merecerían. En la lucha contra el crimen organizado, participan soldados, marinos y policías con salario de 4 mil pesos al mes.

Varios hogares han perdido al jefe de familia y nadie se ha molestado en saber o preguntar en qué condiciones queda ésta. El debate nacional está en otros lados: de las copas de Edith a las de Oswaldo, que Erikson no conoce la idiosincrasia del mexicano, el romance de Zedillo junior, el no a la privatización de Pemex, el referéndum-marceliano, el espionaje a legisladores holgazanes y más frivolidades y tonterías que no harán de México un país bien alimentado. Hambre desempleo, rezagos, abuso, injusticia, pueden seguir floreciendo, pero la soberanía, ésa sí que no se toca... México tiene hambre y sed de justicia.

 
fgmora30@hotmail.com

( 0 Votos )
Imprimir
PDF
The Website Grade for yoinfluyo.com! Website Monitoring - InternetSupervision.com

Website Ranking