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“Mulieris Dignitatem” un punto de partida en el tema de la mujer del Papa Francisco

Continuidad y enriquecimiento en las catequesis papales

Para tratar el tema que nos ocupa, y también, para cualquier otro que aborda la Iglesia, es oportuno recordar el comentario del Cardenal Joseph A. Ratzinger en el año de 2004: “Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de Juan Pablo II, la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer” (p. 5).

Sin embargo, las cuestiones más nobles se encuentran en todo lo que atañe al estudio del ser humano, y precisamente las enseñanzas de la Iglesia parten del origen y de la aparición de la persona sobre la tierra. Para ello, cuenta con la asistencia del Espíritu Santo. Él es el máximo y permanente relator, aunque cuenta con las cualidades de los distintos Vicecristos en la tierra: personalidad, circunstancias, asuntos prioritarios.

Esta es la razón de la unidad en la continuidad de las explicaciones de los Sumos Pontífices, en todos los asuntos que son de su competencia por el cargo que Dios les ha puesto sobre sus hombros.

Todo lo relacionado con el ser humano en su concreción de varón o de mujer, resulta un aspecto central para el estudio de cualquier otro asunto, pues ambos tienen un papel definitivo en los procesos de reconocimiento y de aprovechamiento de los recursos a su disposición. Y, porque la Iglesia parte del origen, sabemos que la dignidad de la mujer se debe a su creación de las manos de Dios y, como el hombre, hechos a imagen y semejanza de Dios.

Eva, la primera hermosísima mujer, madre de todo el género humano, no fue fiel y arrastró al varón, y con él toda la creación se desordenó. Pero Dios recrea a la mujer en María. Ella es fiel y abre el camino para recuperar lo que se perdió con Eva. La misma Eva es recuperada por María.

Ahora, la disyuntiva de toda mujer es elegir ser otra Eva u otra María.

La Carta Apostólica “Mulieris Dignitatem”

Esta carta la entrega Juan Pablo II el 15 de agosto de 1988, año dedicado a la Santísima Virgen. En el segundo capítulo, al hacer referencia a la Encarnación, explica cómo se habla de la plenitud de los tiempos que manifiesta la dignidad extraordinaria de la mujer, debida a la elevación sobrenatural por la unión con Dios en Jesucristo. Aquí María es la representante de todo el género humano, y es la Madre de Dios.

En el capítulo VI señala a la maternidad como el fruto de la unión matrimonial de un hombre y de una mujer, es fruto del conocimiento de la unión de dos en una sola carne. El don recíproco de la persona en el matrimonio se abre al don de una nueva vida, a un nuevo ser que es también persona a semejanza de sus padres. Este es precisamente el papel de la mujer, al concebir y dar a luz a un hijo, la mujer se realiza en plenitud a través del don sincero de sí.

La maternidad guarda especial proximidad con el misterio de la vida, ella intuye lo que lleva dentro y le ama como una nueva persona. Esta actitud no solamente se proyecta al hijo sino también a toda persona, de allí parte su especial sensibilidad para detectar todo lo humano.

En el último capítulo, al tratar de la misión de la mujer y del amor que ella da, parte nuevamente de su dignidad y la vincula con el amor que recibe por su femineidad: “La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás”. Desde la creación, la mujer y el hombre están ordenados al amor. El pecado de los orígenes no anula este orden.

La fuerza moral de la mujer parte de la conciencia de que Dios le confía de un modo especial al ser humano. Aunque todos somos responsables unos de otros, esa responsabilidad es más específica en la mujer, por su femineidad. La mujer es fuerte por la conciencia de esta entrega. Es fuerte porque en todas las circunstancias, aun en las más adversas como la discriminación, Dios le confía al ser humano.

El año anterior a esta Carta, Juan Pablo, en la Encíclica “Redemptoris Mater”, del 23 de marzo de 1987, en el n. 20 había ampliado el sentido de la maternidad no solamente relacionándolo con el vínculo de la carne, sino también con el vínculo del espíritu propio de la escucha y la observancia de la palabra de Dios.

El 29 de junio de 1995, Juan Pablo II escribe una Carta a las mujeres, en ella vuelca toda la riqueza de su reflexión, admiración y cariño por lo que descubre en el sexo femenino. Acuña un término: “el genio femenino”, que resulta un referente para los estudios sobre la mujer (n. 10).

San Juan Pablo alza su voz contra el difundido hedonismo que fomenta la explotación sistemática de la sexualidad e induce a la mujer a cooperar con la corrupción, al hacer uso mercenario de su cuerpo. Hace un llamado a los países y a las instituciones internacionales para devolver a la mujer el pleno respeto a su dignidad y a su papel.

En este aspecto, cabe también la reflexión de cada mujer sobre su responsabilidad de hacer buen uso de las riquezas de “su genio”, y reconocer que en no pocas ocasiones ha permitido la cosificación de su cuerpo, y con el relajamiento de su vida moral también ha sido causa del deterioro de la sociedad.

Para terminar esa Carta, el Papa afirma: “es dándose a los otros en la vida diaria como la mujer descubre la vocación profunda de su vida; ella que quizá más aún que el hombre “ve al Hombre” porque lo ve con el corazón. Lo ve independientemente de los sistemas ideológicos y políticos. Lo ve en su grandeza y en sus límites, y trata de acercarse a él y “serle de ayuda” (n.12).

El impulso del Papa Francisco

Es evidente, y somos testigos de la continua predicación del Papa Francisco para ayudarnos a salir del individualismo, para abrirnos a la colaboración, especialmente de los más necesitados. Insiste en que el ser humano se atrofia si se aísla, insiste en la necesidad de la ayuda mutua para mejorar. En este panorama las características femeninas tienen mucho que aportar, a la mujer le es más connatural ese don de sí, esa apertura.

El Papa Francisco lanza la riquísima herencia de sus antecesores, con la forma que le es característica: oportuna, concisa y poniendo el dedo en la llaga.

Por eso, viene bien recordar algunas ideas expuestas en el documento del Cardenal Ratzinger citado al inicio de este artículo: uno de los valores fundamentales destacados en la vida de la mujer es lo que se ha dado en llamar “la capacidad de acogida del otro”. Aunque en ciertos discursos feministas se le incline a demandas “para sí misma”, la mujer conserva la intuición profunda de que lo mejor de su vida está en las actividades orientadas a “despertar al otro”, a su crecimiento y a su protección.

Con este preámbulo se entiende mejor el papel insustituible de la mujer en los múltiples aspectos de la familia y la sociedad. También Ratzinger cita el “genio femenino” cuando las mujeres están firme y activamente presentes en la familia (sociedad primordial y en cierto sentido soberana), pues en ella se plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas fundamentales.

En familia se aprende a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones. Cuando faltan estas experiencias fundamentales, el conjunto de la sociedad sufre violencia y se vuelve generador de múltiples violencias.

Ahora podemos calibrar en toda su magnitud el interés del Papa Francisco por los estudios sobre la familia y por el papel de la mujer en el mundo contemporáneo. Precisamente el Sínodo de Obispos que se celebrará en Roma en el mes de octubre tratará de la familia y también se prepara el Encuentro Mundial de la Familia, en Filadelfia, el año próximo: septiembre de 2015.

En febrero de este año el Papa Francisco escribe una Carta a las Familias y dice: “En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día. Queridas familias, su oración por el Sínodo de los Obispos será un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia”.

En la visita a Santa María la Mayor, el 4 de mayo de 2013, Francisco expone estas ideas: María es madre y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos. La Virgen custodia nuestra salud, sobre todo en tres aspectos: nos ayuda a crecer, a afrontar la vida, a ser libres.

Una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, los educa a no ceder a la pereza (que también se deriva de un cierto bienestar), a no conformarse con una vida cómoda. La mamá cuida a los hijos para que crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes.

Una mamá piensa en la salud de sus hijos, educándoles para afrontar las dificultades de la vida. Ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida, a afrontarlos con valentía, a no ser débiles, y saberlos superar. María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida; como una buena madre está cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades.

Un último aspecto: una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida; una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad. La libertad se nos dona ¡para que sepamos optar por las cosas buenas en la vida! María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió "sí" al plan de Dios

Bibliografía

Francisco:
- Carta a las Familias, 2 de febrero de 2014.
- María, inspiración para todas las madres del mundo, 4 de mayo de 2013.

Juan Pablo II:
- “Carta del Papa Juan Pablo II a las mujeres”, Documentos Pontificios 48, Librería Parroquial de Clavería S.A. de C.V., 29 de junio de 1995.
- “Mulieris Dignitatem”, Carta Apostólica, Documentos Pontificios 33, Librería Parroquial de Clavería S.A. de C.V., 15 de agosto de 1988.
- “Redemptoris Mater”, Carta Encíclica, 25 de marzo de 1987.

Joseph A. Ratzinger:
- “Colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo”, Actas y Documentos Pontificios 162, Ediciones Paulinas S.A. de C.V., 31 de agosto de 2004.

Para conocer más del tema Felicidades mamás. ¡Es un orgullo dar vida!

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