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La Doctrina Social, ¿el tesoro mejor guardado de la Iglesia?

En el contexto de la exhortación del Papa Francisco, de acudir a las “periferias” e ir al “encuentro” de los menos favorecidos –material y espiritualmente–, la Doctrina Social de la Iglesia podría inscribirse como una herramienta eficaz para llevar más allá de un periodo determinado esa conversión a la que llama el Santo Padre, de tal manera que las obras de misericordia no queden en meros actos de caridad, sino en actos de justicia.


Doctrina Social


Porque, efectivamente, la Doctrina Social de la Iglesia es la enseñanza que se refiere a la aplicación del Evangelio en lo concreto; y sin embargo, casi las dos terceras partes de los Seminarios en México no imparten Doctrina Social de la Iglesia a sus estudiantes, revela Jorge Navarrete Chimés, director general del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), quien comparte con yoinfluyo.com sus impresiones al respecto.

¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?

La Doctrina Social de la Iglesia es justamente la enseñanza que se refiere a la aplicación del Evangelio en lo concreto: en la economía, en la política, en las relaciones interpersonales, en la generación de comunidad… Es el aterrizaje del Evangelio en lo concreto.

Tiene como base, en primerísimo lugar, el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia. Y por supuesto, también mucho Pensamiento Social Cristiano, que es diferente. Es decir, la Doctrina Social de la Iglesia es el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia; en tanto que el Pensamiento Social Cristiano es lo que nosotros podemos construir a partir de estas bases. El Pensamiento Social Cristiano es esa generación de esas ideas a partir del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia.

¿Cuál es el Cuerpo de esta Doctrina Social de la Iglesia; es decir, cuáles son sus principios fundamentales?

Los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia son, en primer lugar, la dignidad de la persona humana. Partimos de que el ser humano es hecho a imagen y semejanza de Dios y es igual en dignidad, todas las personas somos iguales en dignidad. Ese es el primer principio que fundamenta todo. Después está la solidaridad, la subsidiariedad, el bien común, el destino universal de los bienes, la autoridad, la participación…

Por ejemplo, principios que nos interpelan fuerte hoy:

La solidaridad, que no se trata de pensar: “Tú tienes un problema y yo te ayudo con ese problema o en la solución de ese problema”; la solidaridad es: “tenemos un problema y lo vamos a solucionar juntos”, que es una manera diferente de pensarlo, es decir, a veces simplemente nos quedamos en la ayuda coyuntural, de un momento, pero es “tu problema”; la idea de la solidaridad dice: “es nuestro problema a partir de este momento hasta que lo solucionemos juntos”.

La subsidiariedad es que las instancias mayores no hagan lo que las instancias menores pueden hacer por sí mismas. Explicado muy sencillamente, es: Si yo voy por la calle y le digo a mi niña de 2 años “atraviésate la calle tú solita”, la estoy prácticamente enviando a la muerte. Sin embargo, si mi hija tuviera ya 18 años y la siguiera yo llevando de la mano atravesándola la calle, le estaría haciendo un daño gravísimo. Es decir, hay momentos en que la sociedad necesita ser llevada de la mano, pero la idea es que vaya evolucionando hasta el momento en que por sí misma pueda dar los pasos necesarios para crecer.

El bien común, que bien dijo el Papa Francisco ahora en su visita a México, no está de moda, no es un término que nos preocupe mucho. Sin embargo, es fundamental y se explica absolutamente solo. El bien común es que a todos, a través de nuestras acciones, nos vaya bien. Para decirlo en términos más llanos: entender que me tiene que ir un poquito mal a mí para que a otro le vaya bien. En términos más concretos: necesito de alguna manera sacrificarme para que a otro le vaya bien. Son como acciones más concretas de bien común. Eso lo podemos vivir muy fácilmente las personas que alguna vez hemos vivido en un condominio la bronca que es ponerse de acuerdo en lo que sea.

La participación es también fundamental. Entender que somos responsables de lo que sucede y que tenemos que participar en la solución. Hay dos maneras de entender nuestra existencia: Una, es la de la famosa pregunta: “¿Acaso soy yo responsable de mi hermano?”, es decir: “¿Y yo por qué, acaso soy responsable?”. Y otra manera de ver el mundo es “ser responsable por todos”, que fue lo que hizo Jesucristo. Jesucristo, el que fue responsable por todos, nos da el ejemplo; y nos dice que “amar es responder en lo concreto”. Porque yo puedo decir: “Te amo mucho”, pero en lo concreto, no te respondo, no soy responsable de ti.

Justamente la participación es entender que somos responsables, que somos responsables del otro, somos responsables de la sociedad y respondemos por ella, mucho más allá de llegarnos a preguntar “¿y yo por qué?, o ¿acaso soy yo responsable de mi hermano?”.

¿Esta Doctrina Social de la Iglesia, estos principios, son dogma de fe?

No. Estos principios son propuestas que hace el Cristianismo, justamente para buscar una sociedad mejor, una sociedad más justa. Si nosotros ponemos en el centro a la persona humana; si nosotros buscamos la solidaridad, la subsidiariedad, por supuesto el bien común; si entendemos que los bienes son de todos, que solamente somos administradores de los bienes, pero los bienes son de todos, es decir, Dios creó todo esto para todos, no nada más para unos cuantos. Si entendemos esto, seguramente nuestra sociedad será mejor y será más justa. Pero definitivamente son propuestas que hace el Cristianismo y que justamente nosotros como cristianos de alguna manera tenemos que tomar en cuenta y seguir.

Si no son dogmas de fe, sólo propuestas, ¿cómo motivar a los cristianos y a las personas de buena voluntad a seguir estos principios fundamentales, a practicarlos?

Justamente eso es lo que hacemos en el IMDOSOC. Nosotros decimos que “formamos conciencia solidaria”. El secreto está en la formación, el secreto está en que en nuestra formación en la Fe se incluya esta responsabilidad social. Nosotros, como IMDOSOC, como promotores de estos principios y de este pensamiento, pensamos que desde pequeños los niños deben comprender que su Fe tiene implicaciones sociales, que no es algo separado; que si yo me digo seguidor de Cristo, necesariamente tengo que buscar formar comunidad, por ejemplo; que no es algo separado, que es constitutivo de nuestra Fe.

Entonces, nosotros pensamos que mucho tiene que ver la formación. Y la formación de conciencia es un reto muy importante. ¿Por qué? Porque la conciencia es cuando de manera natural actúas con base en estos principios, o con base en ciertas reacciones ya mucho más naturales. Es decir, yo no mato a alguien porque tengo conciencia de que matar es malo, es decir, socialmente sé que matar es malo.

Entonces, hay que ir evolucionando para que nuestra conciencia nos lleve, por ejemplo, a ser “samaritanos”, a entender que como cristianos no podemos “darle la vuelta” a la persona que está sufriendo injusticia o a la persona que está sufriendo un problema concreto; tenemos que ir y hacer algo en concreto por ella y ayudarla.

El método de la Doctrina Social de la Iglesia en esto es muy interesante. El método es “Ver, Juzgar, Actuar”.

Este método nos dice que nosotros vemos la realidad, es decir, partimos de un análisis concreto de lo que está sucediendo, pero vemos desde la Esperanza, y eso es fundamental. No nos quedamos solamente en el “catálogo de agravios” (que todo el mundo conocemos), ¡no! Nosotros vemos desde la Esperanza.

Analizamos desde el Evangelio, es decir, pasamos por el tamiz del Evangelio la realidad, y vemos que hay cosas que no pasan: La exclusión no pasa, la desigualdad no pasa. ¿Por qué? Porque el Evangelio, justamente la propuesta evangélica es absolutamente contraria a estas situaciones.

Y el Actuar, nosotros actuamos desde el mandato de Cristo. Y el mandato de Cristo es: “evangelicen”, pero evangelizar implica llevar la Palabra, o sea llevar el Evangelio, pero también el compromiso social. Nosotros pensamos que no es separado. Es decir, nosotros actuamos desde el mandato de Cristo, que es “evangelicen”, y la evangelización incluye el compromiso que tienes con la sociedad.

Ésa es nuestra manera de actuar. O sea, no actuamos como lo haría una ONG, o como lo haría alguna institución ideológica, desde su ideología. Nosotros actuamos desde el mandato de Cristo, que es evangelizar y evangelizar incluye el compromiso social y la concreción de tu Fe en obras.

¿En México quién o quiénes son los responsables de esta formación?

En México, los responsables de la formación de los católicos son las Diócesis, en concreto son los Obispos, que tienen a su vez encargados de formación; son las escuelas de inspiración cristiana; las escuelas católicas.

Yo creo que prácticamente en nuestro país el IMDOSOC, me atrevo a decir que es una instancia fundamental en esta formación. Es un esfuerzo laico cien por ciento en comunión con nuestros Pastores, pero es laico, está formado únicamente por laicos en el operativo con algún obispo en nuestro Consejo directivo, pero con una autonomía absoluta.

Justamente, parte de la labor del IMDOSOC es ayudar a los obispos, a las escuelas católicas, a las escuelas de inspiración cristiana, a entender que es fundamental formar en Doctrina Social de la Iglesia.

Por ejemplo, hace algunos años el IMDOSOC realizó una encuesta en los Seminarios. La mayoría de los Seminarios de México NO enseñan Doctrina Social a los seminaristas, a los futuros sacerdotes. Entonces, imagínate ahí el hueco impresionante que hay. Y de ahí para el real… El Catecismo, por ejemplo, que se da en las Parroquias, difícilmente menciona la Doctrina Social de la Iglesia o menciona sus principios. Entonces, ahí hay mucho por hacer.

Y justamente a nosotros lo que nos toca es promover el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia. Evidentemente, nosotros estamos más que convencidos, pero hay que convencer a todo el mundo y hay que hacerle entender que la Doctrina Social es el tesoro mejor guardado de la Iglesia; porque en realidad es un tesoro, un tesoro impresionante, donde hay muchas soluciones para los problemas de hoy.

Desgraciadamente no se conoce, desgraciadamente no se promueve y desgraciadamente inclusive es mal vista en algunos sectores de la iglesia. Ahora no tanto, porque tenemos un Papa que la promueve todo el tiempo y que lo difícil es seguirle el paso en cuanto al Magisterio que genera en Doctrina Social. Su última encíclica Laudato Si’, que más allá de ser una encíclica verde, o una encíclica ecológica, es en realidad una encíclica social, donde pone el dedo en la llaga en muchos aspectos. Y todos los mensajes que nos ha regalado el Papa son en este sentido basados en la Doctrina Social dela iglesia.

Justamente, en la visita que hizo a México, dijo unas palabras clave en Ciudad Juárez, en el Encuentro con el Mundo del Trabajo. Ahí dijo: “La única pretensión de la Doctrina Social de la Iglesia es ‘velar’ por una sociedad más justa”. La palabra “velar” es durísima para nosotros, porque “velar” significa “cuidar”; velar es mucho más allá de simplemente dar a conocer, o simplemente enseñar. “Velar” implica también acciones concretas, estar pendientes, ser mucho más proféticos, presentes en las situaciones sociales que todos los días nos interpelan, y más en un país como México.

¿Cuál sería la convocatoria a los diversos sectores sociales a contribuir al conocimiento y desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia?

Un primer llamado sería a releer los mensajes del Papa en México, acabarlos de asimilar, y extraer de ahí acciones concretas en cuanto a lo social para transformar nuestra realidad.

Otro sería también releer o leer Laudato Si’, la encíclica del Papa Francisco que verdaderamente nos queda hoy como anillo al dedo con la crisis ecológica que estamos viviendo en la Ciudad de México, que es tremenda, donde a veces no entendemos el peligro en el que estamos, pero los niveles de contaminación que vivimos son un inminente peligro para nuestro salud. Creo que sería muy importante que se leyera en sectores como el académico, el educativo, el político...

Otra cosa muy concreta para los cristianos de a pie y las personas de buena voluntad, es buscar rozar la realidad, acercarnos al más necesitado y ser más “samaritanos”; se trata de “samaritanizar” a la sociedad, o sea, no darle la vuelta a las personas que sufren injusticia, a los más pobres, a los más débiles de la sociedad, y ser responsables por ellas, que están a nuestro lado y que todos los días las vemos.

Al final de cuentas, el único sentido que puede tener la vida de una persona es otra persona. No le va a dar sentido a tu vida tener más títulos universitarios, no le va a dar sentido a tu vida tener más dinero, no le va a dar sentido a tu vida tener más propiedades. El único sentido que puede tener tu vida es otra persona. Y si esa persona es una persona menos favorecida que tú, mucho mejor.

Como decía la Madre Teresa, la vida se nos da, y la merecemos dándola.

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