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Masacre de sacerdote francés, ¿inicio de nueva dimensión de terror?

La cruel e inhumana ejecución de un sacerdote en plena celebración de la misa en una iglesia católica en un pueblo en la región de la Normandía, en Francia, hace surgir la pregunta de si el trasfondo de este crimen es una provocación a la Iglesia Católica o una señal para el inicio de una confrontación entre religiones de Occidente y orientales a instancias del autollamado Estado Islámico.


Estado Islámico; terror, dimensión


 

El Papa Francisco subrayó en su correspondiente mensaje dirigido al Arzobispo de la Diócesis de Rouen, en el Norte de Francia, la gravedad que significa semejante crimen para la Iglesia Católica y sus feligreses, perpetrado “durante una misa que representa un acto litúrgico para implorar a Dios la paz para el mundo”, por lo que el acto terrorista implica de hecho una blasfemia hacía la Iglesia Católica, de desprecio y reto a las religiones occidentales.

Con esta masacre de un servidor de Dios, en la casa de Dios, el terrorismo islamista radical con sus atentados y matanzas en Europa, después de las pasadas series de atentados en Londres y Madrid hace ya unos diez años, y después de los sangrientos ataques en Paris y Bruselas hace poco, y más recientemente en Niza y diferentes lugares de Baviera, Alemania, ha entrado en una nueva fase de dimensiones más radicales, irracionales y, hasta ahora, irrefrenables.

Este terrorismo, que azota al Viejo Continente desde hace ya más de un decenio, ha sido y es silencioso e invisible, explosivo, sin piedad y misericordia, de terroristas solitarios y solidarizados, contra seres humanos y los valores morales y éticos de las sociedades occidentales.

Según la opinión del ya citado Papa Francisco, este terrorismo es parte de una guerra que podría interpretarse como una guerra unilateral, basada en la manifestación de odio y desprecio de las culturas, religiones contra los “infieles” occidentales.

Los últimos actos terroristas y atentados en Niza, Francia, y en diferentes lugares del estado de Baviera, Alemania (Würzburg, Munich y Ansbach), y muy particularmente en la Iglesia en Normandía, Francia, se han caracterizado por una radicalización, a la par de un creciente fanatismo, que se ha reflejado en el uso de armas no convencionales, recurriendo a un camión (en Niza), un hacha y cuchillo (en Würzburg) y un sable (en la Iglesia de Francia). Las actuaciones de un homicida enloquecido (en Munich) y de un emigrante frustrado que se suicidó mediante una bomba (en Ansbach), son vivos ejemplos de una nueva dimensión más radical del terrorismo y de un “modus operandi” diversificado.

La adjudicación de estos actos terroristas por el Estado Islámico demuestra claramente que el odio profesado por los terroristas yihadistas está ya fuera de la imaginación de nuestras sociedades democráticas, sus Estados de Derecho y su Respeto de los Derechos Humanos.

Por otro lado, la diversidad e irracionalidad de los ataques y las matanzas contra ciudadanos residentes, turistas, visitantes de restaurantes, de cafeterías, de teatros, de eventos de diferente índole, de música, de deporte, etc., incluso contra jóvenes adolescentes, ancianos y niños, son una clara señal de que la táctica y los objetivos de los fanáticos “soldados yihadistas” y del Ejército islamista se unen en sembrar horror, miedo, sensación de desamparo e inseguridad en la vía y lugares públicos, así como irritación y dudas en la capacidad y eficiencia de las autoridades, por medio de un cada vez mayor número de víctimas inocentes.

Las reacciones de los gobiernos y las sociedades de los países europeos afectados han resultado muy adversas y hasta abstractas, que abarcan posiciones desde la declaración de guerra abierta contra el así llamado Estado Islámico, sin tener en cuenta que éste es un constructo imaginativo e ilegal, hasta el reajuste de leyes anti-terroristas, decreto de estado de excepción prolongado, que limita temporalmente la vigencia de leyes básicas y da más poder de actuación a las fuerzas del orden y seguridad.

Por otro lado y de una manera prácticamente unánime, se procedió a un reajuste de las medidas de seguridad en la vida diarias de los ciudadanos, que incluyen un aumento considerable de las fuerzas de seguridad, y que en estadios de alertas incluyen adicionalmente patrullajes de las fuerzas armadas y la creación y desplazamiento de más unidades especiales de policía y cuerpos de seguridad nacional.

En medio de estas actividades de represión por gobiernos en situación de retados, sus autoridades, cuerpos e instituciones responsables y competentes, deben de enfrentarse a las actividades de protestas de nuevos grupos de tendencias reaccionarias y partidarios de grupos o partidos políticos “ultras”, tanto de derecha como de izquierda, que rechazan la política migratoria de sus gobiernos, profesan actitudes hostiles y reclaman medidas más radicales contra la presencia y las actividades de migrantes, incluso contra creyentes y cultos de musulmanes y otras religiones. Esta radicalización de amplios círculos ciudadanos está cada vez más distante de las organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos de los emigrantes, claman por cordura y sensatez dentro de la ciudadanía.

En este momento de terror, fobia y activismo a toda costa, cabe citar una sabia frase del filósofo cultural inglés, Christopher Thorsten, que en resumen dice así: “Si en la lucha contra lo malo se justifica cualquier medio, se llegaría en consecuencia a la conclusión, que ya no se podría diferenciar lo bueno de lo malo”.

Este pensamiento filosófico no dista mucho de la posición que hace tiempo concibió el gobierno de Noruega como lema para confrontar a terroristas que amenazaban la seguridad de su país, que la violencia y el terror requieren en primer lugar de más democracia, más sinceridad y más humanidad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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